Viernes 31
TAP nos reservaba una pequeña sorpresa, ya que el vuelo previsto a Cancún estaba formado por un Barcelona – Lisboa que despegaba a las 6h (¡ madrugón !), llegaba a las 7h a Lisboa y a las 11h salíamos hacia Cancún. Así que un día nos llegó el temido e-mail con asunto “Reservation Change”
El aeropuerto de Lisboa está muy bien conectado con el centro, y en veinte minutos estás en Praça dos Restauradores, así que aterrizamos puntuales a las 7h (con el cambio horario ganamos una hora) y nos fuimos a desayunar a la Fabrica da Nata; quiźas hay pastelerías con más encanto y menos turísticas, pero oye...lo de Lisboa era una propina, y tampoco era plan de ponernos exquisitos. Compramos los billetes de metro para ida y vuelta en las máquinas (3,8 EUR por persona) y tuvimos tiempo de sobras para dar una vuelta por Rua Augusta hasta Praça de Comércio.
Así que aquí me tenéis dando buena cuenta de mi desayuno lisboeta, la Fábrica da Nata de Praça dos Restauradores.

...y una típica imagen de la Praça de Comércio con el río Tejo de fondo (¡NO, NO ES EL MAR!)

Con pilas cargadas, volvimos al aeropuerto, pasamos los controles y (un poco tarde) embarcamos. Ya en el avión, el comandante nos explicó que había habido un lanzamiento de un cohete desde Cabo Cañaveral que restringía los vuelos en el Atlántico sur, así que haríamos un pequeño rodeo: de Lisboa a Terranova, y luego bajando por la costa este de EEUU hasta Cancún. Así que el vuelo pasó de 10 horas y cuarto a 11 horas y media. Bueno, casi que pude ver de nuevo las trilogía del Señor de Los Anillos, que por alguna razón que no sé explicar miré en orden inverso (El retorno del Rey, Las dos torres y la Comunidad)
Aterrizamos, cambio de hora de nuevo (ya llevábamos siete horas de diferencia) y a por las maletas. Tardaron un montón, y no pudimos evitar esa angustia de ¿y por qué salen todas y la mía no?, pero al final salieron las tres mochilas. Control de pasaportes y sólo nos quedaba cambiar moneda y recoger el coche. Durante todo este tiempo vimos con alegría que la SIM en el móvil de Laura conectaba y ¡ya teníamos datos!
Cambiamos pocos euros, ya que es sabido que el cambio del aeropuerto nunca es el mejor. Nos salío a 1 EUR = 17 MXN y tomamos nota. No lo sabíamos, y es que ahora llegaba el primer drama del viaje
Algo que creo que es un punto importante de mejora es nuestro proceso de buscar coche. Lo hicimos en Rentalcars, que es un comparador de empresas de alquiler. De ahí nos fuimos a Mexcar y alquilamos un coche mediano; en Albania cogimos uno pequeño, nos dieron un Fiat Panda y sufrimos para poner las maletas. Llegamos a Mexcar y nos dijeron que fuéramos a la plataforma C de los autobuses, ahí llegaría un minibús que nos llevaría al siguiente destino. Esperamos diez minutos, entramos como 20 personas en el minibús y llegamos a Mexcar. Ahí había una cola de seis familias, y como ya sabéis, cuando se recoge un coche siempre hay mil dudas y el proceso es largo. Nada, paciencia. Por cierto, cuando recoges el coche, el amable chico te insiste un poco en aumentar el seguro y te cuenta que si tienes algo grave lo que te va a dar es de risa. Como ya nos sabíamos la lección porque habíamos leído que es típico, le dimos calabazas
Firmamos contratos, se bloquea el depósito y nos dice que vayamos a la parte de atrás, que ahí una señorita nos dará el coche. La señorita recoge los papeles y nos dice que esperemos: un montón de gente, esto huele mal
Pasa media hora, pasa una hora, pasa una hora y media. Ahí llegaban coches en cuentagotas pero nadie nos avisaba. Mi cabreo iba en aumento. Por ahí la gente decía que los coches los tienen en otro sitio y que estaban desbordados; si te fijabas veías que aún estaban mojados, es decir que los lavaban y los entregaban. Dos horas tardaron en darnos el coche. Era muy tarde, nos metimos dentro, descubrí como funcionaba un coche con cambio automático y hacia Tulum. De tanta prisa ni me di cuenta que no había preguntado ni revisado cosas tan básicas como poner las luces.
Muy fácil, carretera federal 307 (en sentido Chetumal) que llega a Tulum. Pocas cosas se pueden contar de las carreteras mexicanas: la primera es que no hay curvas, son todo rectas durante miles y millones de quilómetros. Oímos que esto es una ley maya que todavía nadie se ha atrevido a derogar por temor a las maldiciones. La segunda, es que tampoco hay pinturas que separen los carriles; las hubo, pero ya no. Así que te imaginas el carril, y si hay espacio para adelantar adelantas. Fácil. Yo lo bauticé como el método de los carriles flexibles.
Por cierto, el coche era un MG5 con un enorme maletero (¡ por fin !) y en el que me sentí muy cómodo conduciéndolo. No soy para nada fan de los coches, pero era nuevo y lleno de gadgets
La carretera federal 307 se convierte en una avenida que cruza Tulum y nuestro apartamento estaba en barrio de La Veleta. La avenida está repleta a lado y lado de restaurantes, farmacias (las hay a doquier, es muy curioso) o tiendas de telefonía móvil. La Veleta es un barrio a medio construir con calles ortogonales, y algo apartado del meollo. Mucho mejor, más tranquilo.
El último tramo era una pista de baches que rascaba los bajos del coche, pero tras el primer susto, nada malo pasó. Cenamos unos bocadillos que traíamos de casa y caímos muertos en la cama a las 00:30h...28 horas desde que nos despertamos en casa para empezar el viaje