A las 9,30h teníamos contratada la entrada al Lower Antelope Canyon con Kens Tours.
No me preguntéis por qué pero nos volvimos a liar con la hora y llegamos muchísimo antes. Les pedí si podíamos entrar antes pero estaba todo completo así que tuvimos que esperar. Desde que llegas y enseñas la reserva, hasta que te llaman diez minutos antes de la hora de inicio, puede pasar una media hora. Nosotros estuvimos algo más. Menos mal que hay sombra y donde sentarse. Además de una tienda con cosas típicas indias, un bar, un sillón gigante para hacer fotos pal instagram en la calle y unos baños que mejor ni comento. Un agujero en el suelo. Literal.
No recuerdo en qué momento ayer tuvimos que enseñar el anual pass. Creo que fue al entrar en el area del Lago Powell. Hoy tuvimos que pagar 10$ en Horseshoe Bend, pero lo cuento más adelante.
La espera mereció la pena. Había mucha gente pero van organizando grupos y van entrando uno detrás de otro. En el nuestro éramos trece personas: una familia alemana, una pareja de polacos, una madre y su hijo californianos y nosotros. Creo que tuvimos mucha suerte y nos tocó el mejor guía. Un chaval indígena joven, muy simpático que además de darnos todas las explicaciones se convirtió en nuestro fotógrafo personal.
De todas formas en el grupo reinó la complicidad y nos ayudábamos para hacernos fotos y no salir en las de los demás. Con lo cual, tenemos un pedazo de reportaje del interior del cañón, sin gente, nosotros solos en mil encuadres y de mil maneras. Para ello nuestro guía también nos asesoró para sacar el máximo partido a las cámaras de los móviles, indicándonos las configuraciones adecuadas del color, brillo, etc para que las fotos salieran con la máxima realidad posible.
Una cosa que me tenía muy preocupada era acertar con la hora del tour para ver mejor los colores y la luz del cañón. No sé cómo será el Upper ni tampoco sé cómo serán los colores a otras horas. Sólo puedo contaros que nosotros entramos en el turno de las 9,30h y fue maravilloso. Los colores se movían dentro de toda la gama de los naranjas. En los sitios más oscuros eran rojos, incluso llegamos a ver unos tonos morados en algunas partes que contrastaban con los distintos naranjas creando una fantasía de color alucinante. Igualmente flipamos con las formas que la erosión ha ido provocando en la roca. Pasamos por sitios verdaderamente estrechos.
Me decidí por el Lower Antelope por el precio bastante más económico que el Upper y porque además el Upper no tenía plazas libres para el día en que íbamos a ir. En cuanto a la empresa que lo gestiona me encontré dos opciones: Dixie Tour y Kens Tour.
Una vez allí comprobé que no había gran diferencia entre una y otra. Ambas se encuentran en la entrada del cañón e iban alternando el acceso de sus grupos. Así que, a la hora de reservar no os calentéis mucho la cabeza. Yo os recomiendo Kens Tour porque a nosotros nos fue muy bien y el guía fue buenísimo. En ningún momento tuvo un mal gesto, no sentimos aglomeración ninguna, íbamos con distancia con respecto a otros grupos y fue muy simpático y predipuesto a ayudarnos con las fotos y con las escaleras.
Así que se llevó una merecida propina y la presente recomendación.
La salida al exterior fue alucinante. Salimos por una grieta en el suelo!! como digo, alucinante. En fin, este sitio debería formar parte del listado de las maravillas del mundo.
Como estábamos cerca del Horseshoe Bend cogimos el coche y nos acercamos. Tardamos unos quince minutos. Tuvimos que pagar 10$ por dejar el coche en un parking, por supuesto al aire libre, aquello es puro desierto. Desde el parking a la curva de la herradura habría sobre un kilómetro andando que se hizo pesado por el sofocante calor. He de decir que parecíamos los tontos del agua, siempre con una botellita en la mano, pero es que realmente es necesaria porque enseguida te deshidratas con esos calores. Así que siempre que salíamos, cada uno su botella y la íbamos rellenando sobre la marcha en cualquiera de los muchos surtidores que nos encontrábamos.
Supongo que si estás leyendo mi diario ya estarás un poco informado y sabrás lo que es el Horseshoe Bend, así que me ahorro todas las explicaciones jjj. Cuando por fin llegamos después de la caminata no sé lo que me sorprendió más, la altura del precipicio o la estupidez de la gente, no de toda está claro, pero en fin, me explico.
Entiendo que no quieran poner vallas para no alterar el paisaje y tal. Para eso nosotros tenemos que demostrar un poco de sentido común. Pues en serio os digo que me quedé espantada ante la imprudencia de algunas personas por conseguir la mejor foto. Había un señor que estaba literalmente en el borde del precipicio, en un saliente, posando sonriente ante un amigo sin ser consciente de que un ligero despiste, un traspiés, una ráfaga de viento podría haberle costado la vida. Igualmente otra chica asiática junto a sus amigas, postureaba despreocupada, sentada en el borde de una roca con los pies colgando sobre el vacío. ¿hasta qué punto no entendía que en uno de esos giros, posturitas, podría perder el equilibrio y caer? En serio, es increíble. Creo que no merece la pena tanto riesgo. El sitio es de una belleza absoluta y muy curioso pero puedes verlo desde el punto donde hay una barandilla o simplemente tener un poco de sentido común y precaución y hacer las fotos que quieras sin tener que llegar justo al borde del abismo.
Uffff, yo no podía estar ni dos segundos mirando el fondo sin marearme.
Con diez minutos allí tuvimos suficiente. Volvimos al coche y regresamos al hotel. De camino paramos en el Wallmart (gran supermercado) a comprar unas pizzas para cenar esa noche y algo de leche, zumos, galletas y picoteo para desayunar al día siguiente. Esta vez no llevábamos incluido el desayuno. Hoy nos compramos en el hotel, en un bar que hay, unos cafés y bollería para desayunar, pero mañana desayunaremos tranquilos en la terraza de nuestra habitación. Para comer accedemos a las súplicas de nuestros hijos y lo hacemos en un Burguer King que hay a dos minutos del Wallmart.
Después de comer nos vamos al hotel. Es hora de disfrutar del resort y todo lo que nos ofrece. Lo primero una mínima siesta jajaja. Mi hijo mayor dice que se va al gimnasio. Mientras, el resto nos vamos a la playa del hotel. Se puede ir caminando por un paseo, pero optamos por ir en coche. Hay como una milla y hace mucho calor.
La playa del lago está muy cerca del camping. Hay aseos. También hay merenderos, aparcamiento, incluso unos fregaderos para limpiar pescado. Está todo pensado.
Ya puedo decir que me bañé en el Lago Powell!! El agua estaba limpia y relativamente buena de temperatura. El ambiente era muy familiar. Me pareció que el nivel del lago estaba muy por debajo de lo normal, sin embargo había muchísimas embarcaciones amarradas a cierta distancia en el lado izquierdo de la playa. También había otras tantas al otro lado del hotel, a la derecha. Estuvimos allí hasta que se metió el sol y durante toda la tarde pasaron lanchas y motos acuáticas varias veces. A última hora llegó el yate que utilizan en el hotel para los cruceros por el lago y amarró en un muelle que había a la derecha de la playa, a medio camino del hotel.
El desnivel de la playa ya tapaba el sol pero en el hotel aún tardaría una media hora en esconderse. Dimos un pequeño paseo y vimos que en una de las dos piscinas, la más grande, que también tiene un bar, se vería el atardecer muy bien. Así que allí nos quedamos. Habían un montón de chavales franceses. Supongo que iban de campamento o algo por el estilo pues iban con monitores y en un momento dado se fueron todos al mismo tiempo y nunca más los vimos. Igual estaban en el camping. Ni idea; mi hijo el mayor me dijo que los vió llegar en un autocar. Así que si vais a este hotel que no os pille de susto. A nosotros no nos importó pero estaban pelín escandalosos.
También vimos algunos españoles. Siempre es un gozo oir hablar castellano a tu lado.
Tanto en Zion como aquí la piscina la cerraban super tarde, cosa que se agradece pues después de estar todo el día fuera con el calor, un último chapuzón es muy agradable.
Aquí teníamos tres piscinas. La grande congelada, la mediana normal y el jacuzzi hirviendo. Además había otra piscina junto a recepción así que muy bien.
Ya cansados de tanta agua nos fuimos a la habitación. Nos duchamos y mientras yo arreglaba maletas y separaba la ropa sucia,mis chicos fueron a calentar las pizzas al lobby del resort pues no teníamos microondas en nuestra habitación y allí había uno a disposición de los clientes. Nos las comimos en la habitación viendo Jumanji en la tele (en inglés) y a dormir.