No negaré que estaba eufórica y llena de expectativas con respecto a Los Ángeles, así que me levanté espléndida.
Cuando pasamos por debajo de la señal Los Ángeles- San Diego me hizo cosquillitas el estómago jjjj. Ya estábamos allí, quién lo iba a decir...
Nuestro primer objetivo era ver los Ángeles desde las alturas así que nos fuimos al observatorio Griffith. Era domingo y madre mía la de gente que tenía los mismos planes que nosotros. Nos costó mucho llegar hasta el parking de arriba, pero bueno, yo iba muy distraída viendo las casas y las propias personas.
Primera toma de contacto con la ciudad y no muy simpática. La maquinita del parking no quiso aceptar mi tarjeta N26 que había funcionado de maravilla todo el tiempo. Después de hacer muchos intentos y probar varias opciones y máquinas nos arriesgamos a dejar el coche sin pagar tiket. Es cierto que no nos explayamos mucho en el observatorio. Nuestra visita se limitó a ver las vistas de la ciudad de manera rápida y poco más. Ver a lo lejos el cartel de Hollywood por primera vez y visitar los baños.
Volvimos al coche, un poco chafados la verdad por la brevedad de la experiencia, pero con ganas de seguir viendo cosas. Para ello nos fuimos al Lake Hollywood Park al que llegamos en unos veinte minutillos. No tuvimos problemas aquí para aparcar en la misma calle, gratis, y andamos unos pasos hasta el parque. Había gente con perros y otros turistas como nosotros que iban exclusivamente a hacerse la foto con el cartel de Hollywood detrás. Y es que aquí, se ve de maravilla y relativamente cerca. Es el mejor sitio para hacerse la típica foto de manera fácil y que quede bonita.
Si teneís sed aquí encontraréis algunos puestos con bebidas, snacks y algún souvenir.
Montamos en el coche y dimos una vuelta por la urbanización, creo que se llama Mulholland. Calles muy estrechas y empinadas, con muchas curvas en las que nos rozábamos con los coches en sentido contrario. Molaba mucho. Seguro que no tanto para sus habitantes. LLegamos a un punto donde vimos gente sentada en la acera en una curva y paramos a ver qué pasaba. Entre los árboles asomaba el cartel de Hollywood apenas ahí mismo. Qué ilusión me hizo. Podíamos haber subido a verlo más cerca todavía, además que justo en ese momento un grupo guiado empezaba a subir, pero optamos por quedarnos con ese recuerdo y que no nos llamara la atención ningún vecino por haber aparcado mal el coche.
De allí nos fuimos al Paseo de la Fama. Hace unos años mi hijo pequeño me dijo que quería ir a Hollywood. En su día me entró la risa y lo ví inviable, pero míranos, allí estábamos, a punto de ver las estrellas y todo el ambiente de Hollywood. Se lo recordé a mi hijo y su cara de felicidad fue un poema, con esa sonrisa pícara que ya había salido cuando nos hicimos las fotos con el cartel de Hollywood detrás.
Madre mía cuanto coche... aparcamos en el centro comercial del Dolby Theatre. Y cuando salimos a la calle alucinamos. Por fin estábamos allí, en el paseo de las estrellas.
Qué ilusión. Y cuanta gente!!! Paseamos por la calle disfrutando del ambiente, mirando estrellas en plan: mira ésta, mira ésa de fulano... Mis hijos entraron como imán a la tienda de Foot Locker en la misma avenida. Hubo tiempo para todo.
Yo quería hacerme una foto con la estrella de Jennifer Aniston, mi Rachel en Friends, así que busqué su ubicación en google. Después de andar durante quince minutos la encontramos a la altura del hotel W Hollywood, en la esquina entre Hollywood Boulevard y Vine Street. De camino vimos la de Queen, la de Jennifer Lopez, Thalía, Elizabeth Taylor y otras muchas más. También vimos Capitol Records, el Ginnes World Records, y otras muchas curiosidades más. Comimos en una pizzería en el mismo Hollywood Boulevard y volvimos en dirección al Teatro Kodak.
Muy impresionante y triste fue ir viendo durante todo el tiempo gente sin hogar tirados en el suelo, sucios a más no poder, en contraste con el glamour que se le supone a esta zona. El que no estaba en el suelo, iba arrastrándose como zombie, o hablando solo, o gritando palabrotas en su mundo. No se metían con nadie pero era penoso. En fin, ya íbamos advertidos.
También vimos que estaban grabando junto a un semáforo unas escenas con unas chicas. Parecía un documental, un reality o algo así para un programa.
Vimos el teatro Capitán, donde Disney suele estrenar sus pelis, las estrellas de Javier Bardem y Penépole Cruz allí cerca. Cruzamos la calle y entramos al hall del Museo de Cera, al Hard Rock Café y vimos las huellas y mensajes de los famosos a las puertas del Teatro Chino. Volvimos al Teatro Kodak o Dolby Theatre como se llama ahora, y subimos las escaleras por donde pasan los actores en la ceremonia de entrega de los Oscars.
Dimos una vuelta por el interior del centro comercial y dimos por concluída nuestra visita al centro del glamour hollywodiense con sus luces y sus sombras, con sentimientos encontrados pero felices.
La siguiente parada sería Beverly Hills.
Dejamos el coche en un parking a dos calles del mítico cartel situado en Beverly Garden Park. Este parking es subterráneo y las tres primeras horas son gratis, tiempo suficiente para dar una vuelta por Rodeo Drive y alrededores. Aquí se respiraba otro ambiente. Los coches de lujo eran una constante. Aluciné al ver a las chicas con los bolsos abiertos y los iphone asomando ni más tranquilas. La gente, en general iba muy elegante, aún vistiendo de sport se notaba mucho nivel. Pasamos por delante de varias tiendas. La que más nos alucinó fue la de Chanel porque en un lateral como una segunda puerta estaba aparcando un pedazo de Rolls Royce negro que parecía un tanque. Por un momento pensamos en esperar a ver quien salía por si era alguna estrella de Hollywood o alguna cantante como Beyoncé que tiene casa por la zona. Pero aunque hubo gente que sí se quedó a la espera, nosotros continuamos nuestro paseo hasta Rodeo Drive.
Cuanto glamour, cuanto postureo en este pequeño rincón. Vimos un señor que llevaba un perro como Scoobydoo y las chicas le pedían si podían posar con él. Allí te las veías pose distraída mirando al infinito o a un escaparate con una mano en la cintura y con la otra sujetando al "caballo" por la correa al más puro estilo portada del Vogue.
Un espectáculo jiji. El resto, pues, tiendas de lujo, de mucho lujo, algunas con cola en la puerta para acceder. Un restaurante muy pijo junto a las escaleras que bajaban a la fuente y justo enfrente, otro de mis puntos marcados en mi planning: el hotel de Pretty Woman.
Qué ilusión, el hotel Beberly Whilshire. En mi mente tenía la escena en la que Richard Gere invita a subir a Julia Robert a su habitación y empieza todo. Subir no subí, pero le eché morro y entré al hall. Qué chulo. Si vuelvo, me alojaré aquí, pero sin niños que valga. Cuando salí por la puerta reparé en el señor que había como conserje. Os prometo que le daba un aire al de la peli y además me dio un repaso similar jajaja.
Yo con mis zapas, pantalones cortos y mochila a la espalda pegaba poco allí.
Volvimos al parque donde está el letrero de Beverly Hills atravesando Rodeo Drive otra vez y repasando otras tiendas por el camino hasta el parque. Nos hicimos unas cuantas fotos y fuimos a recoger el coche. Efectivamente no pagamos nada al salir.
Recorrimos parte del Sunset Boulevard, pasamos por Bel Air con la esperanza de ver pasear a Jennifer Aniston, Taylor Swift o Lady Gaga, que tienen mansiones aquí.
Por supuesto que no vimos a nadie, al menos no reconocimos a nadie, y eso que paramos un par de veces a hacer fotos en esas calles tan bonitas con las típicas palmeras tan altas.
Mucho deportivo, mucha mansión, y mucho perro de peluquería pero ningún famoso.
No me hubiera importado que me invitaran a pasar a alguna de esas casas, me compraran un detallito en alguna tienda y para terminar me invitaran a cenar en un exclusivo restaurante de la zona. En cambio, enfilamos para el downtown, donde teníamos el alojamiento entre miles de coches, que un domingo por la tarde llenaban los seis carriles de la carretera. Menudo estrés.
Poco a poco fuimos acercándonos a los rascacielos. Menos mal que tenemos gps porque en esa marea de coches y carreteras es muy fácil confundirse. Ya en el Downtown admiramos la arquitectura de la zona. El paisaje había cambiado por completo. No mucha gente en las calles y pisos iluminados muy altos de oficinas nos rodeaban.
Nuestro hotel estos días en Los Ángeles sería el Biltmore. Un pedazo de edificio grandísimo en la historia de la ciudad. Un mítico, inaugurado en 1923, que ha visto las primeras entregas de los Oscars, y campañas políticas de personajes tan importantes como John F. Kennedy. Ha sido utilizado para grabar películas y series de televisión como Cazafantasmas y Mad men. También ha salido en muchos vídeos musicales. Y la verdad es que es un lujazo de hotel. Cuando paseas dentro puedes sentir la opulencia que debió ser en sus años dorados. Sus salones a cual más glamuroso, el oro recubriéndolo todo, los largos pasillos con esas alfombras, el bar donde tomar un coctel a última hora de la tarde... Volvería a quedarme aquí. Me encantó.
Igualmente iba algo recelosa porque había leído que las habitaciones eran algo antíguas. Tengo que negarlo, o bien tuvimos suerte. Nuestra habitación estaba muy bien. Teníamos dos camas dobles y una televisión plana bastante grande LG. Frigorífico y no recuerdo si microondas porque no nos hizo falta. Caja fuerte, plancha y todo lo que puedes pedir en un hotel de esta categoría. El baño era pequeño pero nos apañamos muy bien. El único fallo que le vimos a este hotel es la insonorización. Supongo que al ser un edificio histórico con una fachada muy particular no pueden tocar nada, eso hace que las ventanas sean antíguas y se oye todo el tráfico y ruido de fuera, sobre todo por la noche, que es cuando más molesta a la hora de dormir. Nosotros estábamos en el piso 5 y se oía bastante. Así que si eres muy sensible a esto, trae tapones jajaja.
De todas formas el hotel nos gustó mucho. Hicimos el check in muy rápido. Hay personal que habla español. Nos dimos una vuelta por todo el hotel para admirarlo bien. En sus pasillos hay un montón de cuadros con fotos de la inauguración hace este año cien años.
También hay vestidos usados para la ocasión expuestos en vitrinas. Muy curioso. Por los pasillos de nuestra planta había cuadros con fotos de películas rodadas en el hotel.
Mi hijo se fue al gimnasio que más o menos tenía de todo aunque muchísimo más austero que el resto del hotel. Junto al gimnasio está la piscina cubierta y sauna y baño turco. Está muy bien.
Para cenar salimos a ojear las calles próximas. Habíamos dejado el coche en el parking del parque Pershing Square, a la espalda del hotel. En el hotel nos cobraban 65$ la noche si queríamos servicio de vallet o 45$ tarifa normal. En este parking pagamos 20$ /día. Pudimos pagar en efectivo y el coche estuvo muy bien, vigilado y a cubierto.
Vimos por google maps que teníamos un Shake shack a unas calles y los chicos se empeñaron en ir. La verdad es que yo también tenía antojo de hamburguesa así que allá fuimos. El local estaba bien, había gente, tenía guardia de seguridad, empleados que hablaban español y lo importante: las hamburguesas riquísimas y los batidos de muerte.
Para volver al hotel lo hicimos por otra calle y vimos que había algunos pubs, y algún que otro restaurante pero era domingo por la noche (ya tarde para ellos) y no había mucho movimiento.
Nosotros íbamos muy contentos. El día había ido bien, y los chavales estaban felices porque al día siguiente íbamos al Universal Studios, del que tanto habíamos estado hablando el último mes en casa.
En unos diez minutos estábamos en el hotel. Daba pena irse a dormir con ese espectáculo de arquitectura. Me daban ganas de pedirle a algunos de los trabajadores que me enseñara los salones que estaban cerrados porque en las fotos de las paredes se veían grandiosos pero en fin, la respuesta hubiera sido seguramente negativa así que, bastante bonito era conformarse con pasar por la entrada y los pasillos centrales.
El Biltmore, otro hotel con el que dudé hasta el último momento, fue otro acierto y de los grandes.