Evidentemente el día de hoy no madrugamos. No teníamos incluido el desayuno en el hotel pero había café y tostadas gratis en la recepción. Suficiente para los adultos y como siempre llevábamos desayuno en la maleta para los niños pues nos vino fenomenal.
Y tras rehacer las maletas y meter los bártulos en el coche ponemos rumbo a Chiang Mai. Hicimos una parada en un templo que había en una cueva. No había mucho turismo y la cueva estaba cerrada así que no pudimos hacer mucho más.

De ahí hicimos un tour por una “ruta alternativa” por la montaña para llegar a las famosas “Sticky Waterfall” de Chiang Mai. En este caso la ruta alternativa era simplemente el camino que nos marcaba google y que, en vez de llevarnos por autovía, nos mandó cruzando la montaña.
Cuando llegamos a las sticky waterfall, no sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar. Unas cascadas que puedes subir y bajar porque las piedras no resbalan. Ok, pero ¿tienen agua? Mira, a mi todo me resultaba muy raro… Así que decidimos inspeccionar primero y ver después.
Y cuando vimos que la realidad era esa, que la gente subía y bajaba andando (algún tramo agarrado a una cuerda) volvimos al coche, nos pusimos los bañadores y los escarpines (también se puede hacer descalzo, pero los niños y yo somos de pies sensibles) y nos pusimos en marcha.

Primero las bajamos, ¡¡¡¡suuuuper divertido!!!! Y luego las subimos, ¡muy divertido también! Lo pasamos genial salvo en el último tramo en el que mi hija se resbaló y bajó tipo tobogán unos metros (menos mal que la gente la paró porque sino se hubiera llevado un buen golpe al final).
Y ya superado el “susto” del resbalón, volvemos al coche, nos quitamos la ropa mojada y decidimos comer en uno de los restaurantes que hay en el parking (ojo, no esperéis restaurantes europeos, son chamizos con cocina tailandesa). Pensamos que la comida resultaría cara por estar en un sitio turístico pero la verdad es que no lo fue.
Cuando terminamos de comer, pusimos rumbo a Chiang Mai. Llegamos al hotel (Mandala house) a media tarde. Es un hotel cerca de Tha Phae Gate que tiene piscina (como íbamos a pasar 3 días ahí decidimos cogerlo así) y pudimos coger una suite familiar a buen precio (en la mayor parte de hoteles teníamos 2 habitaciones dobles para los 4).
Al hacer el check-in preguntamos si podíamos lavar la ropa y sí, allí mismo te la lavaban en 24 horas por 60 bath el kilo. Habíamos visto lavanderías con precios similares (alguno incluso más barato) por el camino pero nos gustaba la facilidad de dejar la ropa en recepción y que te la devolvieran allí mismo.
Total, que subimos a la habitación, una duchita, organizamos la ropa y nos vamos para el “Sunday Weekend Market”. No sé muy bien que esperaba, la verdad, pero aquello estaba hasta arriba de gente. Muchos puestecillos, mucha gente regateando y mucho agobio.
Aún así compramos varias (bastantes) cosas y luego cenamos en uno de los markets de comida que ponen donde los templos. No comimos mal pero estaba llenísimo de gente y no servían alcohol. Total, que nosotros cenamos algo y luego nos fuimos a un bar a tomar unas cervezas para finalizar el día que había sido bastante intenso.