Hoy empieza nuestra pequeña aventura: conducir por las carreteras irlandesas. Nos trasladamos hacia el norte, hacia Galway, y los enlaces con transporte público desde aquí harían que perdiéramos mucho tiempo. Así que como decía un anuncio de una marca de cacao soluble de hace unos años “la aventura es la aventura”.
Nuestro primer destino es Adare (Áth Dara, en gaélico). Estamos en el Condado de Limerick y Adare está considerado como el pueblo más bonito y turístico de este condado, aunque yo diría que es el más bonito de Irlanda, al menos de la parte que conozco. Se trata de una pequeña población que parece salida de una postal.
Las casas que nos encontramos son los típicos cotagges, con tejados cubiertos de paja. La mayoría de estas casas, sobre todos las de Main Street, están ocupadas por tiendas de artesanía y de recuerdos. En otras calles son viviendas.

Adare también cuenta con una serie de edificios notables. El más importante es el Adare Manor, la antigua residencia de los condes de Dunraven. Actualmente es un hotel de lujo y sus alrededores han sido transformados en campo de golf.
Dentro de este campo están los restos del Desmond Castle y de una abadía franciscana. Si se quiere verlos de cerca hay que pedir permiso en el club de golf. Una vez pisando el césped hay que ir sorteando las pelotitas para no moverlas ni un milímetro.

Por cierto, a mi marido se le iban los ojitos detrás de los palos de golf.
Nuestro siguiente destino es Limerick (Luimneach), a unos 20 minutos de Adare.
Limerick se encuentra en a orillas del río Shannon. Es una ciudad llena de vida, si bien es cierto que hasta no hace mucho no tenía muy buena fama. Entre los irlandeses tenía fama de violenta e insegura, porque las crisis económicas le habían afectado mucho, pero está claro que todo eso está quedando atrás.
De Limerick destaca el Castillo del Rey Juan (King John´s Castle), una imponente fortaleza del siglo XIII que fue construida por los anglonormandos para el rey Juan sin Tierra, hermano de Ricardo Corazón de León.

Parece que este castillo se construyó sobre una fortificación anterior. El castillo es casi cuadrado con cuatro torres esquineras. Conserva muchas de las características que hicieron que su construcción fuera única en la época. Se conservan su puerta de entrada, sus almenas y sus torres en las esquinas.
En el interior hay varias exposiciones interactivas. En el patio se recrean armas de la época. También se conservan restos arqueológicos vikingos, útiles normandos reconstruidos y otros artefactos.

Al otro lado del río, por el puente medieval de Thomond, se encuentra la Treaty Stone o piedra de la reconciliación como pieza que recuerda el Tratado de Limerick, firmado en 1691 que puso fin al asedio de la ciudad por las tropas inglesas. Este tratado, que no se cumplió, consistió en ampliar en gran medida los derechos irlandeses.

Damos una vuelta por el centro, por las calles comerciales para comprar algo en un super para la hora de comer.
Dejamos de visitar muchas cosas de esta ciudad, pero el retraso que hemos tenido en la entrega del coche hace que no podamos dedicarle más tiempo.
Nuestro siguiente destino es el castillo de Bunratty (Caisleán Bhun Raithe). Nada más aparcar y ver el Durty’s Nelly nos damos cuenta de que lo que hemos comprado en Limerick no es la comida, sino la cena.

El Bunratty Castle es la cuarta construcción que ha existido en ese lugar y fue levantado sobre los restos de un campamento comercial Vikingo. Desde el siglo XV ha sido propiedad de la familia de los O`Brian of Thomond, la familia más poderosa de este condado.
El castillo está compuesto por cuatro torres esquineras, una amplia sala de banquetes, la sala de caballeros en el piso superior, la capilla del castillo y los dormitorios, con muebles y objetos decorativos de los siglos XIV al XVII.
Por cierto, los últimos habitantes de este castillo fueron los miembros de la familia Studdert, que en 1804 dejaron el castillo para trasladarse a Bunratty House, mucho más moderna y cómoda, supongo.
En verano se organizan banquetes medievales.
Después de comer en Durty’s Nelly, donde coincidimos con el matrimonio de North Caroline, es hora de visitar el Folk Park.

Se han reconstruido las casas tradiciones, las tiendas… Las calles están llenas de animación y se puede disfrutar de los escaparates, los interiores de las viviendas… También hay una granja con animales, como ovejas, incluidas las negras…

Es el momento de partir hacia uno de los lugares que tengo, desde hace tiempo, en mi lista de deseos: los acantilados de Moher, the Cliffs of Moher o Aillte an Mhothair
Después de dejar en coche en el aparcamiento vamos por el camino que nos conduce a los mismos. Mi marido, que hace bastantes años que los visitó en un viaje con su hermano, dice que todo está cambiadísimo. Y es que cuando nos encontramos ante uno de los lugares más visitados de Irlanda, pronto se ve la oportunidad de hacer caja.
Hace muchísimo viento y, aunque es un poco molesto, es lo que nos permite ver esta maravilla de la naturaleza de 203 m de altura formada por estratos de losa y esquisto, que se extiende unos 8 km, sin rastro de la habitual niebla, en todo su esplendor.

Hacia la mitad de los acantilados se alza la O’Brien’s Tower, atalaya circular de piedra. Fue construido en 1835, en la época victoriana como mirador.

Y ¿por qué tenía tantas ganas de venir aquí? Pues porque los acantilados de Moher aparecen como los "Acantilados de la Locura" (Cliffs of Insanity) en la película La Princesa Prometida, una película que me encanta, tanto la historia como la música que Mark Knopfler compuso para la banda sonora. Quien no se acuerda de la frase “Hola. Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”.
Salimos en dirección a Kinvara. Parece que se acaba la tregua que nos había dado el tiempo durante toda la jornada y empieza a llover de lo lindo.
Kinvara (Cinn Mhara) es un puerto pesquero situado al sur de Galway, en la bahía del mismo nombre. Pero si hay algo interesante en este lugar es el Dunguaire Castle. Damos vueltas por toda la población buscándolo, nos paramos porque la lluvia no nos permite ver nada y, cuando ya lo damos por imposible y decidimos poner rumbo a Galway, ahí está, majestuoso en la bahía.

Desde aquí a Galway de un tirón. Ya es tarde, llueve mucho y todavía tenemos que encontrar el St. Judes Lodge, nuestro alojamiento.
Pero esta vez vamos con un amigo que no...