Hemos despertado con el cielo encapotado pero sin lluvia. A las 6 nos hemos encontrado en la entrada para comenzar el tour. Para empezar, el guía ha rellenado unos comederos a los que han acudido rápidamente varias charas unicolor, parecidas a cuervos de color azulado. Lo de los comederos es típico de sitios así para fotografiar pájaros; montan un escenario con ramas y demás, y un comedero para conseguir fotos perfectas. En Ecuador también era así. Un coatí, ante la llegada de las charas, ha aparecido para ser premiado con un par de plátanos; así de gordo está.
No habían pasado ni 10 minutos y ha aparecido el primer quetzal. Lo primero que llama la atención es lo grande que es. Me lo imaginaba mucho más pequeño. Lo precioso del ave es el color iridiscente que tiene. Aún sin haber luz directa del sol, brilla tanto que es imposible no verlo. Es como si fuera fosforescente. Las plumas caen de forma elegante, bien largas, moviéndose con el viento mientras se acicala. Al rato ha volado a otro árbol. El vuelo es precioso por el efecto ondulante de la cola. Mientras perseguíamos al quetzal, hemos podido ver dos especies de tucanes. Mi colega se ha emocionado porque dice que uno de ellos no es fácil de ver. Además de los tucanes, hemos visto tres trogones y ha aparecido otro quetzal diferente, este posado de mala manera dándonos la espalda.
De vuelta al sendero, hemos ido viendo y escuchando diferentes pájaros. Tanto el guía como Pablo los identificaban rápidamente, mientras yo me tiraba media hora mirando disimulando que veía algo, ni marcándolos con un láser, qué ojo tiene el pajarero profesional, brutal. Nos hemos encontrado con una pareja de quetzales y al final de la ruta otro quetzal relativamente cerca. En total, 5 quetzales. Las condiciones para hacer fotos son bastante difíciles: poca luz, contraluz, ramas, neblina... Aun así, he sacado alguna foto decente y un vídeo. La ruta me ha gustado mucho y Pablo, que lleva un mes pajareando en Guatemala, dice que es el sitio que más le ha gustado. Ha pasado tres meses pajareando en Colombia, Ecuador y Guatemala, y en todo ese tiempo solo había visto un pájaro de la familia del quetzal de forma fugaz; aquí ha visto 5 de una de las especies d quetzal más complicada y de forma fácil. Eso sí, hay que ser muy friki de los pájaros para apreciar la excepcionalidad de algunos, más allá del quetzal. Aunque ayer pintaba mal la cosa, ha merecido la pena la visita a Ranchitos. Me voy habiendo visto quetzales a cambio de al menos 20 picaduras de mosquito. A algo más de 5 mosquitos por quetzal, ¡qué locura! Incluso me han picado en la palma de la mano, y eso que iba con abrigo, ¡me han picado a través del pantalón!
Después del tour y del desayuno, me he ido a echar fotos a las orquídeas y a las 11:30 nos ha recogido el bus hacia Antigua. El viaje en bus han sido 5 horas, pero estos minibuses turísticos son cómodos y el conductor no era un suicida, así que no se ha hecho pesado.
Volver a Antigua es como un oasis en el caos de Guatemala. Desde lejos, es lo más desarrollado que he visto en el país. Al final, es una ciudad museo llena de guiris. Estuve aquí hace un mes y ahora hay muchísimos más turistas que antes. Supongo que ahora que es plena época seca y no hay problemas políticos como los de octubre, la cosa sube.
Aquí tenía pensado irme para Honduras pero mi colega Pablo dice que quiere subir al volcán de fuego. La verdad que es algo tan espectacular y la predicción de tiempo es tan buena que, aunque ya lo hice hace un mes, me apunto nuevamente pra hacerlo mañana con Pablo.
Hemos comprado cosas para mañana y después de cenar al hostal. Hemos coincidido con dos personajes tremendamente excéntricos. Dos canarios, uno mayor que claramente tiene queridas en Guatemala y otro de unos 40 años que es la primera vez que sale de España en su vida. El hombre mayor es como un mafiosete con tos flemática que no para de fumar. El joven es un personaje hiperactivo, habla sin parar con un acento canario profundo y un nivel de energía que termina siendo gracioso por lo bruto que es. Nos ha estado contando su vida en Canarias y la verdad es que nos hemos echado unas risas buenas. Buena gente. Al final, ya eran las 11 de la noche.
Mañana toca el volcán de Fuego. Así que me he conseguido despedir del canario espitoso y a dormir.