La mañana la hemos pasado en el minibús. Ha amanecido lloviendo y no ha parado en todo el día. Lloviendo torrencialmente. Si nos llega a pillar ayer nos morimos en la cueva.
El transporte de Lanquín a Ranchitos del Quetzal ha sido de 3 horas y media. Muy cómodo, sin música, con guiris... Y yo que había barajado la posibilidad de hacerlo con transporte público para ahorrarme 10€ gorrineros... No merece la pena.
Hemos llegado a Ranchitos casi a las 12. Ranchitos del Quetzal es una finca que colinda con un parque natural llamado Biotopo del Quetzal. La particularidad que tiene es que, gracias a una desgracia, es fácil ver aquí al Quetzal. En Guatemala, el concepto de protección ambiental aún no ha llegado; se ha deforestado todo el bosque alrededor de esta zona de bosque nublado que conforma el biotopo del Quetzal. Esto impide que el Quetzal se pueda desplazar, ya que no hay ningún corredor ecológico que le permita sobrevivir en caso de salir de la zona. Residen en este bosque nublado todo el año, haciendo que sea el punto más accesible para poder verlo en Centroamérica, junto con un par de zonas de Costa Rica.
El biotopo está atravesado por una carretera que da miedo. Pasan camiones que parecen estar tirando petardos al frenar de motor. Es de locos. Los animales se acostumbran a eso, pero tarde o temprano hay atropellos. Por si fuera poco, la deforestación ha acabado con casi todos los árboles que usan los Quetzales para anidar; solo lo hacen en un tipo concreto de árbol. La poca gente con conciencia está llevando a cabo proyectos de instalación de casas nido para Quetzales, unas estructuras parecidas a grandes troncos vaciados y atados a otros árboles altos, que parece que están teniendo éxito en ocuparse. Luego están los depredadores naturales, que son bastantes. El escenario para el Quetzal es lamentable. Hace 50 años, según dice el chico, había censados más de dos mil y ahora mismo no llegan a 50. Por ahora, esta zona está protegida, pero parecen David contra Goliat.
Al llegar, hemos dejado las mochilas y hemos ido a comer. El sitio está bien aunque algo descuidado en algunos aspectos. Dice que estuvieron dos años cerrados por el COVID y que retomaron a principios de año. Desde que hemos llegado ha estado lloviendo con fuerza y por la tarde no hemos podido hacer más que hablar de pájaros; mi colega tiene una conversación interminable sobre aves, y yo que la disfruto. Hemos visto algunas aves desde el mirador y algunas orquídeas por la zona. Por la noche ha dejado de llover y después de cenar hemos aprovechado para hacer la ruta de dos kilómetros para buscar serpientes y algún bicho. No hemos visto ni una hormiga. Una ranita, un par de arañas y gracias. El paseo ha sido bonito, pero no sé si por la lluvia ha estado muy escaso de vida.
A ver si hay suerte y el tiempo respeta mañana para intentar ver al Quetzal.