Nos levantamos temprano y cogimos fuerzas en el hotel con un desayuno muy bueno. Preparamos dos mochilas con lo imprescindible para una noche y dejamos las maletas en el hotel. Compramos en una tienda algo de agua y nos fuimos a la entrada del parque.
Pasamos por la taquilla y pagamos la entrada, que por ser extranjeros y en temporada alta nos costó 73mil COP por persona + 6mil/día por el seguro. Se puede pagar con tarjeta.
Nada más pasar la entrada, hay un bus que te permite ahorrarte unos cuantos kilómetros de caminata por 5mil COP, dejándote donde empieza el sendero. Se puede hacer andando, pero no creo que merezca la pena.
Para esa noche habíamos reservado una cabaña con baño privado en el Camping Don Pedro, a una hora y media caminando y a unos 45 minutos de la playa de Cabo San Juan.
El camino va por el medio de la selva y a ratos permite tener panorámicas muy bonitas, ya que tiene algunos tramos de escaleras. Se pasa por varias playas donde no está permitido el baño, ya que tiene fuertes corrientes. Y a lo largo del sendero hay varios puestos de bebida y fruta, muchos de ellos regentados por indígenas.


El interés de este sendero es que puedes encontrar mucha fauna y flora autóctona de la selva caribeña. Desde monos, a hormigas cortadoras, aves, muchas mariposas e incluso ranas venenosas.


El sendero en sí no tiene dificultad, pero no es un paseo. Hay que llevar calzado y ropa adecuados para caminar. Lo peor es la tremenda humedad que hay allí. A los 15 minutos ya el sudor chorreaba barbilla abajo. Imprescindible llevar agua, o comprarla allí, así como crema solar y repelente de mosquitos. Nosotros no encontramos mucho barro, pero hemos visto fotos de la época de lluvia, cuando el sendero se complica por el barro.
Hicimos el check-in en el camping Don Pedro y tomamos posesión de nuestra cabaña

Nos dimos una ducha, cogimos las cosas de la playa y nos fuimos. Cerca del camping, en el sendero principal, está la panadería Bere, donde hacen unos panes rellenos buenísimos. Tienen varias opciones a elegir, como queso, pollo o chocolate, entre otras. Además, preparan jugos en el momento. Comimos un pan con un par de jugos allí y compramos otros para llevar. El de chocolate estaba espectacular.
Llegamos a la primera playa en la que se permite el baño, La Piscina. Recibe ese nombre porque está muy protegida y las aguas son calmadas. pero justo ese día el mar estaba muy revuelto. Nos dimos un baño, pero se veía muy poco.


Nos comimos los panes y seguimos el sendero. Pasamos por la playa Arenilla, pero no paramos porque el oleaje era bastante fuerte. En esa zona vimos gran cantidad de mariposas preciosas, les hice fotos como pude con el móvil.

Por fin llegamos a la playa Cabo San Juan, al final del sendero, y la imagen más conocida del Tayrona. A Cabo San Juan también se puede llegar en barca desde Santa Marta, si no se quiere caminar por el parque. La playa es muy bonita, con arena fina, rocas, palmeras, la sierra al fondo, y un mirador en un promontorio rocoso que divide las dos calas. Allí en el mirador hay una zona de hamacas en las que se puede pasar la noche.



Nos bañamos un rato contemplando el fantástico paisaje, pero el mar estaba muy revuelto y ni sacamos las gafas. Hicimos fotos y nos tomamos una cerveza, que nos supo a gloria.

Lo bueno de dormir en el parque, aunque no sea en la misma playa, es que te puedes quedar hasta más tarde que los visitantes que hacen ida y vuelta en el mismo día. Y esa tarde estuvimos muy tranquilos allí.


Volvimos al camping, nos duchamos y cenamos en el restaurante. No es comida espectacular, pero para ser un sitio en medio de la selva, es comida decente y no está mal de precio.