Nuestro vuelo a Pereira salía temprano por la mañana, así que llamamos el día antes para reservar un taxi al aeropuerto, que nos salió por 35.000 COP.
El vuelo con LATAM fue puntual y a la llegada buscamos la oficina de Localiza, con quienes habíamos reservado un coche de alquiler para los siguientes 4 días. Todo correcto, según lo acordado.
Teníamos alojamiento en Salento para las próximas 3 noches, y esa tarde queríamos visitar una finca cafetera. Como íbamos a llegar para la hora de comer, fuimos a “El rincón de Lucy Campestre”, que se encuentra pocos kilómetros de Salento, junto a varias fincas cafeteras. El sitio es muy humilde, pero tiene unas vistazas y se come bien y barato. Comimos un “corrientazo”, que es como un menú del día, una bandeja con ensalada, arroz, patacones y una proteína a elegir (carne, salchicha, pescado,…), además de sopa y un jugo natural. Todo eso por 15mil pesos.
El camino para ir a las fincas cafeteras está fatal para llegar en coche. Esto no lo habíamos leído en ningún sitio, y la verdad es que nos costó llegar, lo pasamos regular, y la gente de allí nos miraba como si estuviésemos locos por meter allí nuestro pequeño turismo. Pero una vez en el camino no era fácil dar la vuelta.
Fuimos a la finca Las Acacias, muy cerca del restaurante. Por 25mil COP hicimos un tour del café, que justo empezaba cuando nosotros llegamos. Te enseñan el vivero de variedades de café, se recolectan algunos granos, te cuentan sobre el día a día en una finca cafetera, cómo se pela el grano y los diferentes tipos de tueste. Además, te explican de las diferentes calidades del café, lo que se suele quedar en Colombia, lo que se exporta, … Para terminar bebiendo un café con vistas a la plantación.
Ahí nos dimos cuenta de que aquel café no se parecía en nada a lo que había bebido hasta ese momento. Pedí un café expreso solo (un tinto), del que preparan allí de buena calidad y tostado suave, y tenía un aroma cítrico que no hubiese relacionado jamás con el café. Además, se podía beber sin azúcar y estaba delicioso. Obviamente, no todos los cafés que venden en Colombia son así, pero aquello me quedó maravillada.
De vuelta a Salento, fuimos a nuestro hotel, el Villa Isabel, situado en la parte alta del pueblo, en una zona tranquila. Nuestra habitación tenía una terraza increíble con unas vistas fantásticas al valle del Cocora. Y dos hamacas, aquello parecía el paraíso.
Nos fuimos a dar un paseo por el pueblo, tan coqueto con sus puertas y balcones de colores, y cenamos en Donde Laurita. Pedimos trucha preparada de dos formas distintas, que venía con una bandeja enorme de patacones, y limonada de coco, que estaba deliciosa. No pudimos acabarlo todo, era muchísima comida. Aunque la trucha es un plato muy típico en la zona de Eje Cafetero, no me convenció la forma en que la preparaban, demasiado cocinada, pero eso va en gustos.
