Día de transición.
Hoy dejamos Kawaguchiko. Madrugamos y, finalmente, el Mt. Fuji se deja ver.


Hacemos el checkout en el hotel, donde nos regalan unas postales muy bonitas. Cogemos el coche y, previo paso por gasolinera para llenar el depósito, lo devolvemos en Toyota-rent-a-car. Cogemos mochilas y nos dirigimos a la estación. La idea es coger un bus a Mishima, donde tenemos reservado un shinkansen hasta Nagoya. Aquí cometo otro error, no reservar el bus que nos debería llevar a Mishima. Todo lleno. El siguiente bus que nos llevaría es en más de 2 horas, perdiendo la conexión con el shinkansen. Estamos un poco nerviosos por no poder coger el bus, por la alerta de terremoto... así que decidimos coger un taxi de Kawaguchiko a Mishima. Un pastón. El taxista nos regala agua, cocacola, café... le hicimos el día, me parece a mí.
Aquí pecamos de ignorantes. Obviamente podríamos haber esperado al siguiente bus y haber modificado los billetes de shinkansen en la oficina JR, pero lo pensamos luego, a posteriori.

Como dije antes, en Japón no se corre. Creo que, en autopista, no pasamos de los 90km/h y el trayecto se hizo ameno. Le pregunté al conductor si estaba preocupado por la alerta de megaterremoto y, con cara seria, me dijo que sí. Como turista te dejas guiar por las personas que viven allí, y si te dicen que hay cierta preocupación por la alerta, pues te lo crees. En ningún momento yo supe diferenciar si era una alerta real o no, ya que en España no estamos acostumbrados a este tipo de situaciones.
Llegamos a Mishima como 1 hora antes por haber ido en taxi, así que pasamos igualmente por la oficina JR de la estación y adelantamos el shinkansen.

Primer shinkansen de Kenzo, superilusionado. Él en verdad quería coger o el shinkansen verde o el shinkansen rojo, que son los que más le gustan, pero no cubren la línea Tokaido, así que no será posible.
Llegamos a Nagoya y andamos unos 10 minutos hasta el hotel. Hay una parada de metro cerca, pero como hoy toca día de conexión, nos damos un paseo. Como vamos un poco temprano, comemos por el camino, así nos da tiempo a hacer el checkin.
En el hotel, nos dan las maletas que habíamos enviado desde Tokyo y subimos a la habitación. Ponemos la ropa sucia en 2 bolsas y nos vamos a la lavandería. Es fácil utilizar el servicio de lavandería. En este caso, por 600Y tenemos 2 horas tanto de lavado como de secado. Dejamos la ropa en la lavandería y nos vamos un rato al centro comercial que hay al lado del hotel, a chafardear.
A las 2 horas, sin haber hecho ninguna compra y después de haber ido al hotel a descansar, volvemos a por la ropa. La función de secado ha funcionado a medias, así que la ropa húmeda la repartimos por la habitación.
La idea inicial era ir a ver el santuario Atsuta Jingu, uno de los santuarios sintoístas más importantes de Japón, pero decidimos descansar, sobre todo por Kenzo, que lleva muchos kilómetros encima y aún le quedan unos cuantos más. En cuanto al castillo de Nagoya, ya lo vimos en 2013 y tampoco merecía la pena llevar al niño, más aún cuando en unos días iremos a Himeji y a Osaka.
Mi mujer se queda a cenar en la habitación, mientras que Kenzo y yo nos vamos a buscar algún sitio decente, no muy lejos del hotel.

De vuelta al hotel, que mañana nos espera uno de los mejores días del viaje.