Al abrir la puerta del jardín de nuestro estudio, un gatito nos da los buenos días. Preparamos un desayuno sencillo para tomarlo en la terraza. El rincón es ideal.
Lo poquito que vimos anoche de la capital de la isla nos encantó y estamos deseando conocer este pueblo con la luz del día. Vamos dando un paseo muy agradable junto al mar y los barcos del puerto de Skopelos. Al llegar al final, donde se ubica la iglesia Panagitsa de Pyrgos, subimos hacia el castillo veneciano. Desde aquí vamos callejeando y fotografiando cada rinconcito en blanco y azul, con algún rosa que conjunta con las bonitas buganvillas, además de otros rincones con sillas de colores. El pueblo está construido en forma de anfiteatro y según vamos bajando entre las coloridas callejuelas, vamos encontrando tiendecitas y tabernas llenas de ambiente.
Hacia mediodía, el olor a gyros nos ayuda a decidir la comida de hoy:
-Nostos: 2 gyros (pollo y vegetal): 7€.
Pedimos que nos lo envuelvan para disfrutarlos en el apartamento y es genial.
Después de darnos unos baños en la piscina, cogemos el coche para ir rumbo al cabo Amarantos, otro rincón simbólico de la película que no nos queremos perder. Aparcamos el coche en la carretera y tomamos el camino que indica la playa Amarantos. Es un camino ancho y se puede meter el coche, pero como no sabemos cómo estará según vayamos avanzando, preferimos ir caminando y disfrutando del bonito paseo entre pinos. Al llegar y ver los dos pinos de la película nos parece increíble estar allí. Es tal cual, un rincón precioso con aguas cristalinas. Bajar a nadar es complicado, pero estamos felices allí sentadas, disfrutando de las vistas y la paz del lugar, que va tomando un color especial según va poniéndose el sol. Son poco más de las 6 de la tarde cuando decidimos abandonar el lugar y regresar al coche.
El plan es ir a la playa de Agnondas, ubicada muy cerquita de donde hemos dejado el coche, para darnos un baño y cenar junto al mar. La decisión es totalmente acertada pues la playa está muy tranquila y es estupenda para bañarse. En esta zona cubierta de pinos, los árboles crecen hasta la orilla a ambos lados de la playa. En un rinconcito hay un puerto pesquero donde vemos algunos barcos entrar y salir.
Queremos sentarnos a cenar antes de que se ponga el sol, por lo que nos acercamos a la taverna y elegimos una mesita en la arena.
-Mouria fish tavern: risotto de frutos de mar, limonada y copa de vino. 25€.
Todo ello acompañado de una preciosa puesta de sol. Otro momento mágico del día que nos llevamos en el recuerdo.