Tras el delicioso desayuno del Marpunta Resort, salimos con energía a explorar nuevas playas. Nuestra primera parada es la playa de Vythisma, situada muy cerca del hotel. Para llegar hay que recorrer un camino entre árboles y bajar un acantilado ligeramente empinado. La tranquilidad está asegurada en esta playa remota y disfrutamos un unos baños y relax junto al mar.
Nuestra siguiente parada es la playa de Votsi, situada en el pueblo del mismo nombre. Se accede por unas escaleras de piedra que descienden desde la carretera principal del pueblo. Parece increíble que haya una playa tan bonita en un pueblo. Y más increíble aún estar solas en un rincón tan chulo, frente al puerto y sus barquitos, que le dan un encanto especial.
Hemos hecho coincidir la parada en esta playa con la hora de comer, pues hay unas tavernas recomendadas en la zona. La elección es estupenda, pues disfrutamos de buena comida, bonitas vistas y mucha paz.
-Panoulis: bolitas de calabacín, queso saganaki con miel y sésamo, calamares, vino y refresco. 30€.
Con un entorno así, se disfruta aún más de la comida, ¡sin duda!
Nos dirigimos a la playa de Spartines, a la que se accede tras un paseo entre pinos. Al llegar, la sensación de calma es absoluta. ¡No hay nadie! Nos damos unos baños y enseguida sentimos el sol caer.
Hoy es nuestra última noche en Alonissos y queremos una puesta de sol especial, así que nos aventuramos a buscar una campanita que promete. Atravesamos la isla para llegar a la costa oeste y nos dirigimos a la playa de Tourkoneri. Para llegar, introducimos en coche por un camino de tierra hasta que llega un punto en el que decidimos aparcarlo pues la pendiente es pronunciada. Desde aquí bajamos andando hasta esta playa solitaria y a estas horas poco luminosa pues el sol se está acercando al horizonte.
Nuestra idea es ver el sunset desde la iglesia de Agioi Anargiroi, que pensamos que está cerca, pero enseguida nos damos cuenta de que el camino es otro, por lo que retrocedemos hasta el coche para buscar el camino que lleva directamente a esta iglesia. Regresamos a la carretera principal para tomar el desvío que lleva a esta iglesia. Realmente no sabemos cuál es el mejor lugar para dejar el coche, así que como no vamos sobradas de tiempo, decidimos avanzar bastante hasta aparcarlo y tomar el sendero entre el bosque de pinos. Tras un paseo de unos 10-15 minutos, vemos una pequeña iglesia blanca con tejado azul y una cruz que nos recuerda totalmente a las Cícladas. Continuamos andando y vemos, por fin, la deseada campanita griega, con su cruz, situada frente al mar en el que se esconde el sol. La ubicación es perfecta para disfrutar el atardecer y hacer fotos preciosas. No nos cansamos de mirar el cielo anaranjado…
Pero no podemos entretenernos pues no queremos que se nos haga de noche por el camino entre pinos, así que regresamos al coche a tiempo y de aquí al hotel, donde cenamos algunas sobras que tenemos en el frigo y nos acostamos puntuales para empezar el día siguiente saludando al sol.