___________oOo__________
DE NAGALAND A ASSAM EN TREN
DE NAGALAND A ASSAM EN TREN

Mapa del Noreste de India. Los lugares donde
vamos a estar están indicados en color rojo.
Sábado, 7 de Diciembre, 2024
Nos despertamos y desayunamos bastante pronto. Era una buena idea ya que también tendríamos que comer muy pronto. Hicimos el equipaje y el check out. Estuvimos haciendo tiempo hablando con unos turistas británicos: Una pareja de ingleses, que llevaban viajando por la India tres meses y un amigo suyo escocés que vive en Londres que se les había unido para explorar Nagaland y pasar un día en el Hornbill Festival. Gente bastante maja. Rishi también se despertó pero estuvo con sus socios discutiendo y hablando del negocio del albergue y camping. El edificio está todavía en construcción: Está hecha la planta baja, donde estábamos hospedados todos y para finales de este año 2025 tienen planeado haber terminado con la primera planta. Hay que tener en cuenta que tienen que hacer un paréntesis en verano por causa del monzón.
El alojamiento es muy sencillo y orientado a senderistas y montañeros que van a explorar la zona y que quieren hospedarse bien en el albergue con habitaciones básicas pero limpias y con buena comida, bien en el camping.
Bueno, después de estar un buen rato de charleta, comimos a eso de las 12. Rishi nos dijo que había llamado a un conductor para que nos viniese a recoger a los tres al albergue y nos llevase a Dimapur, que se encuentra a 53 kms, donde cogeríamos un tren a Guwahati, capital de Assam, llegando ya de noche y donde íbamos a permanecer los tres próximos días ya que la ceremonia religiosa de la boda de su hermano iba a tener lugar el martes 10 de diciembre.
Llegó el conductor con su coche. Mejor dicho: llegó el chalado en su viejo cacharro ¡Vaya destartale! ¿Tenía cinturones de seguridad? Bueno, "tener" lo que se dice "tener" sí que tenía pero habían estado en desuso durante muuuucho tiempo porque no funcionaban. No te los podías atar, así que "¡¡Agarraos fuerte, que vienen curvas!!" porque la autovía -que en algunos tramos estaba en obras- era toda cuesta abajo y zigzagueante a más no poder. Nuestro conductor reunía todas las características que un chalado hindú al volante puede tener: Estar loco, total carencia de educación vial, tocar la bocina y una imperiosa avidez por adelantar a toda costa y como sea a cualquier vehículo que se le ponga delante.
Todos menos el conductor íbamos aferrados al agarradero que teníamos encima de la ventanilla que teníamos al lado. Nuestros cuerpos se movían por la inercia de izquierda a derecha a ritmo de las curvas tomadas. Yo, que iba en el asiento del copiloto, cerré los ojos momentáneamente para no ver lo que estaba ocurriendo.... y para rezar también. Desde atrás Rishi me preguntó:
- ¿Te estás durmiendo?
- No. Imposible dormirse con este meneo.
Unos minutos más tarde llegó el momento cumbre de nuestro descenso a Dimapur: En plena maniobra de adelantamiento suicida en una pronunciada curva hacia la izquierda a 90 kms por hora nuestro chalado tocó la bocina y -¡Oh, sorpresa!- abrió la puerta para... ¡echar un escupitajo al asfalto!
De vez en cuando se veían en los arcenes de la autovía gente que vendía sus productos en unos improvisados puestillos de mercadillo. Salus preguntó:
- ¿Qué venden?
- Especias, hierbas, verduras, frutas de sus tierras -dijo Rishi.
- ¿Crees que venderán hojas de té de Roselle?
- Seguro que sí ¿Le digo al conductor que pare aquí?
- Sí, por favor -dije- Así damos un respiro a nuestros corazones taquicárdicos.
Paramos. Y mientras Salus y Rishi iban de puesto en puesto yo empecé a buscar un árbol o un arbusto donde orinar pero los que ví estaban demasiado expuestos y no me hacía gracia preguntar por el baño en ese mini-mercadillo de carretera porque me lo podía imaginar, pero la necesidad era imperiosa y no me quedó otra opción. Un comerciante me llevó a la chabola con agujero infecto en el suelo que hacía las veces de baño... En fin, que hubiese preferido el árbol pero, por educación tuve que conformarme con ese "baño".
Cuando regresé Salus había comprado té y una bolsa brotes de bambú para llevar a casa. Subimos de nuevo al coche y proseguimos con nuestra ruta por la pronunciada y sinuosa pendiente hacia abajo hasta llegar -tras una serie de adelantamientos indescriptibles- a la polvorienta ciudad de Dimapur, donde nos aguardaba un monumental atasco.
Pasaba el tiempo. Nuestro tren era a las 4. Apenas nos movíamos. Miré en el móvil nuestra ubicación: Estábamos a 700 metros de la estación todo recto. Así que decidimos bajarnos ahí mismo, sacar el equipaje y continuar caminando. Llegamos por los pelos, aunque luego tuvimos que esperar unos 10 minutos en el abarrotado andén.
Rishi había sacado las entradas online pero no había de primera clase así que compró de segunda. Me acordé de una entrevista que leí recientemente al músico de rock Graham Nash (de Crosby, Stills, Nash & Young) en la que comentaba que para escribir su canción "Marrakesh Express" -escrita en los años 60- se inspiró en una experiencia personal que tuvo cuando viajaba con unos amigos en el tren que iba desde Casablanca a Marrakesh con billete de primera. Estaba siendo un trayecto muy tranquilo en el que la mayoría de los pasajeros de ese vagón eran extranjeros. Entonces decidió darse una vuelta por los otros vagones de clase inferior y comprobó que los viajeros eran marroquíes: Hombres con chilaba, mujeres tapadas y no tan tapadas gente con cestas de verduras, con pollos, muchos niños, amigos y familias compartiendo comida y bebida, cantando, charlando, jugando a las cartas, etc... y pensó que era mucho más divertido que el aburrido vagón de primera en el que estaban, así regresó para llamar a sus amigos y se unieron todos a la fiesta de la segunda clase.
Mientras esperábamos se nos acercó un policía de la estación. Nos vió blanquitos europeos -carne de cañón- y nos preguntó a ver si teníamos cierto documento, pero apareció Rishi que le respondió en hindi:
- Sí los tenemos, pero ahora no nos podemos detener porque viene nuestro tren. No hay tiempo que perder. Además ese documento no es ya necesario.
Llegó el tren y nos agolpamos a subir porque todo el mundo se agolpa y empuja pero nos vino bien porque nos ayudó a escabullirnos del codicioso policía que nos quería sobornar pero que no se dió cuenta de que un hindú viajaba con nosotros. Además Rishi suena muy convincente. Tiene bastante aplomo respondiendo.
Nuestros billetes estaban numerados y encontramos rápidamente nuestros asientos. Mucha gente viajaba de pie. Me llamó la atención el "sistema de aire acondicionado" en el techo a base de ventiladores. Rishi nos había comentado que quería que viviésemos la experiencia de viajar en tren por la India y no le faltaba razón porque es precisamente eso: una experiencia. No había empezado a moverse el tren para salir en dirección a Guwahati cuando aparecieron los primeros personajes: Una niña de unos 6 o 7 años de edad iba de punta a punta del vagón por el pasillo central dando volatines pero no como los damos la mayoría de nosotros sobre nuestra espalda. No, no: Los suyos eran en plan circo: sobre sus rodillas, tripa, pecho y cara. Se tiró así 5 minutos.
Seguidamente pasaron la mano un par de mendigos. El tren ya estaba en movimiento. Pasó el revisor pidiendo billetes. Luego fue el turno del vendedor de chucherías, voz en grito, ofreciendo sus productos. Después vino un vendedor de agua también a gritos. Seguidamente vino de nuevo la niña de los volatines poniendo la mano, pero se paró donde estábamos nosotros. Evidentemente Salus y yo le habíamos llamado la atención. Rishi le dió conversación en asamés. La niña le dijo que nos parecíamos a esos personajes que aparecen en Tik-Tok.
- ¡Ah! ¿Tienes Tik-Tok? O sea que tienes un smartphone...
- Sí -dijo la niña en su inocencia.
Evidentemente no había que darle dinero. La niña no paraba de hablar y los otros pasajeros le reían las gracias pero no cayó ni una rupia. Rishi le siguió dando conversación. Le preguntó si sabía los números y si sabía contar. Y la niña le dió una respuesta sorprendente:
- Sólo sé contar rupias
Al final se hartó de nosotros y se marchó dejándonos pensativos: "¿Qué hacía ésta niña sola recorriéndose el tren de punta a punta aparte de mendigar y dar volteretas? ¿Dónde estaban sus padres? ¿Dónde vivía? ¿Iba a la escuela? Los niños tienen que aprender que el dinero se consigue trabajando no mendigando.
A los pocos minutos apareció, arrastrándose por el suelo por debajo de los asientos, escoba de paja en mano, un hombre pidiendo que levantásemos los pies para limpiar el suelo. No iba por el pasillo, no: ¡¡Iba por debajo de los asientos, dando voces!
Después pasó el vendedor de agua oficial de Indian Railways con su uniforme al que siguió el vendedor de cacahuetes para homínidos: Válidos tanto para seres humanos como tú y yo como para los monos del templo hinduista de tu barrio.
El siguiente desfilando fue el vendedor -no oficial- de snacks y sandwiches. Paramos en algún punto importante y salieron y entraron nuevos pasajeros. Retomamos de nuevo la marcha y una vez todos los pasajeros sentados pasó el siguiente personaje por el pasillo: Un tullido con muletas al que -aparentemente- le faltaba una pierna mendigando.
Rishi nos ayudó a pedir algo online para cenar y que nos lo llevasen al hotel. Nos acercábamos a Guwahati. Paso de nuevo el vendedor no-oficial de agua gritando. Tras cuatro horas de trayecto en tren nada aburridos llegábamos puntuales a la capital de Assam, donde íbamos a estar los tres próximos días.
Llegada a Guwahati.-
La estación de Guwahati es inmensa. Ahí cogimos un taxi que nos llevase al hotel que nos habían reservado: El Hotel Kamrupa (5Q2M+QVV, RG Baruah Rd, Chariali, Ganeshguri, Guwahati, Assam 781006, India). Está bastante nuevo y limpio. Yo creo que es un equivalente a un tres estrellas español. El desayuno es hindú fundamentalmente. Lo de desayunar garbanzos me resultó un poco chocante al principio pero luego fui acostumbrándome. Tenían tostadas, huevos y café... y luego el plato que no puede faltar en la India: El arroz con varias salsas.
Nos llegó la cena que habíamos pedido: Chicken Korma, Vegetarian Pasta, Gulab Jamun (que no me acuerdo que era: Posiblemente el pan), agua y tés. Total: ₹886.00
Rishi se marchó a su casa, que está muy cerca. Quedamos para visitarles en su casa al día siguiente por la mañana par comenzar con el proceso pre-nupcial. Pero eso lo cuento en la siguiente etapa.