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India con mochila. Color, olor y seducción -Diarios de Viajes de India- Tonirodenas
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Diario: India con mochila. Color, olor y seducción  -  Localización:  India  India
Descripción: Relato del poder de seducción de India en un viaje con mochila de 21 días.
Autor:    Fecha creación: 
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Etapas 1 a 3,  total 20
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Etapa: Capítulo 1 – Y por fin India  -  Localización:  India India
Fecha creación: 09/12/2011 17:11  
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La idea de hacer un viaje a India en Navidad rondaba en nuestra cabeza desde hacía varios meses. El poder de seducción del subcontinente alimentado con música, libros y películas me hacía soñar a diario con él. Antigua tierra de opulentos maharajas, poblada por una multitud desbordante, India y todo lo relacionado con ella me cautivaba: su enorme extensión y la variedad de paisajes, la convivencia entre religiones, la cantidad de idiomas, Gandi, el karma, espiritualidad, Varanasi, el Ganges, el masala, bollywood, el yoga, las castas, los saris, las pujas, el cricket, el Taj Mahal… palabras que hacían volar mi imaginación. Estaba dispuesta a conocer cada una de ellas y a ponerles un color, una forma, un olor y un recuerdo.

El 14 de diciembre, mientras la gente empezaba a montar sus árboles de Navidad y a decorar sus casas con luces y figuras, Toni y yo volábamos hacia Delhi olvidándonos de Papa Noel y reyes magos porque, ¿qué regalo podía superar visitar por fin mi ansiada India? ¿Qué impresión me llevaría?, ¿Sería tan emocionante y sensacional como decían algunos? ¿O sería solo otro país pobre difícil de mirar a la cara?

Una vez más, dentro de mi mochila, una libreta en blanco esperaba volver a convertirse en la narración de nuestra nueva aventura.

Comienza el nuevo diario de viaje...

A las 9 llegábamos a Delhi. Después de un viaje no demasiado largo y durmiendo lo justo, la niebla no se opuso y el avión aterrizó puntual en el aeropuerto internacional Indira Gandhi. Salí emocionada del avión pensando que estaba a punto de pisar tierra india y sin embargo lo único que sentí debajo de mis pies fueron los pelos de la moqueta que recubre todo el suelo de los pasillos del recinto.

Una vez recogidas las mochilas y después de cambiar los primeros euros a rupias nos dirigimos directos a la oficina de taxis de pre-paid para evitar que nos enredasen los taxistas ya de buena mañana, así que por 320 rupias nos llevaban a la zona de Connaught Place. Un conductor que no podía pasar desapercibido por su atuendo nos indicó que subiésemos en su taxi y, mientras el hombre intentaba salir del atolladero que era la puerta del aeropuerto, yo no podía dejar de mirar ese chaleco dorado que llevaba. Si lo que pretendía ese uniforme era llamar la atención, conmigo lo había conseguido.

En el taxi camino de Connaught Place

Cuando salimos de aquel tapón que habían formado los coches, noté que me llegaba el aire y empecé a respirar. En ese momento giré la vista hacia la ventana y vi por fin las primeras imágenes en directo de India: en el arcén, dos mujeres vestidas con saris de colores y un par de sacos en la cabeza reñían a los niños que correteaban demasiado cerca de los coches y al lado del taxi, cuando paramos en un semáforo, otra mujer con la cara sucia, el sari desteñido y un bebé en brazos daba golpes al cristal y hacía señales pidiendo limosna para alimentar a su niño.

Finalmente llegamos a la zona y tras intentar ser engañados por un par de personas que insistían en que fuésemos a uno de tantos “tourist info” que había en pocos metros cuadrados, encontramos la Ringo Guesthouse. Aunque esa misma noche íbamos a salir en dirección Bikaner necesitábamos un sitio donde darnos una ducha y dejar las mochilas mientras visitábamos Delhi. En la lonely planet no ponía nada de ésta, supongo que no tenían nada bonito que escribir y lo dejaron en blanco, pero estoy segura que mi cara, cuando nos acompañó a la parte de arriba un señor con el pelo medio rojo medio blanco, describía perfectamente el estado del hostal. Aunque con el tiempo me fui curando de espanto y ahora veo las fotos y no me parece tan espantosa ese día solo podía fijarme en la austeridad, el olor del baño y el mal estado de cada mueble que había en el edificio.

Aspecto de la habitación

Dejamos las mochilas y salimos de allí corriendo, pues la cama de la habitación no era para nada apetecible y no quisimos descansar y después de la primera lucha con los conductores de rickshaw conseguimos que por 70 rupias nos acercasen a vieja Delhi, justo delante del Fuerte Rojo.

Aglomeración de rickshaws

Una vez compradas las entradas en la parte exterior del Fuerte por 250 rupias tuvimos que pasar un control completo con cacheo incluido. Allí descubrí el desconcierto que provocaba el micrófono de la cámara entre el personal de seguridad que miraban la esponja con desconfianza y se hacían comentarios entre ellos como si se preguntasen si podía haber dentro algo escondido…

Espectacular el Fuerte Rojo

Conocido también como Lal Quila, el fuerte de piedra de arenisca se empezó a construir en 1638 por el emperador mogol Shah Jahan. Hoy por su extenso jardín pasean turistas extranjeros como nacionales y allí estábamos nosotros mirando sin saber bien que era lo que había que ver. Coincidió que ese día había excursiones escolares y mientras Toni hacía fotos yo me entretenía con las niñas que venían a saludarme y me daban la mano.

Un grupo de niños comprando en una de las tiendas del Fuerte Rojo

Sabía que en India la discreción es mínima, que sus miradas son fijas e intimidantes, y que la gente mira descaradamente aunque esté a punto de torcerse el cuello, así que tuvimos que aprender a ignorar miradas penetrantes que en nuestro país llegarían a ser molestas y allí son de lo más normal. Al principio pensé que era porque era temporada de pocos turistas extranjeros y les extrañaba vernos, luego pensé que a lo mejor les llamaba la atención que fuese tan alta, pero pronto me di cuenta que no, que ellos son así… Pero lo que me dejó perpleja es que viniese gente a pedirnos que nos hiciésemos una foto con ellos.

Salimos de allí hambrientos con la intención de ir directos a Karim’s a comer cuando de repente un hombre nos cortó el paso y empezó a hacernos propuestas para guiarnos por vieja Delhi. Le dijimos que no, que muchas gracias pero que necesitábamos comer, y aun así insistió y vino detrás de nosotros. Incluso habiéndole dicho que no nos hacía falta un guía el hombre se empeñó en hacer el papel, así que durante todo el trayecto nos estuvo haciendo explicaciones de lo que íbamos viendo. Que si esto es una mezquita, que si esto es un mercado, que si esto es muy típico, que si hay que ver lo otro… Cuando llegamos al restaurante pensé, ¡buf, por fin!, pero Taslim no se iba a conformar con tan poco y nos dijo que nos esperaba a la salida.

De paseo con Taslim por Old Delhi

Comimos en la parte de arriba del restaurante. Chiken masala y nan de ajo era lo único que conocíamos de la carta, pero nos hicimos la promesa de pedir cada día un plato diferente aunque no supiésemos lo que era y así ir degustando la cocina india. Aunque el nan no era como lo recordaba y todo picaba al límite de lo que mi lengua podía soportar, me relamí de lo que me había gustado la comida y salimos del restaurante.

Nuestra primera comida india... con compañía

Taslim fiel a su promesa y para mi desgracia seguía esperando a la puerta. En realidad hacía guardia para evitar que nos escapásemos sin él, así que ya resignados le seguimos durante un rato. Nos llevó por callejones de vieja Delhi excesivamente transitados por personas y animales y en los que la mayoría del tiempo teníamos que estar mirándonos para ver si seguíamos aun los dos juntos sin perdernos. Todo estaba plagado de tiendas, la mayoría de ellas con estantes llenos de telas que seducían con sus colores vivos. Los pañuelos, saris y pashminas con estampados preciosos me conquistaron y mis ojos miraban a un lado y a otro buscando más y más cosas bonitas sin escuchar ya a Taslim que seguía recitando nombres y fechas. Entonces decidí que compraría todo lo que cupiese en mi mochila.

Infinidad de comercios por las calles de Old Delhi

Cuando giramos en una de las esquinas nos metimos en la calle de las tiendas con cosas para bodas. En estas se podía encontrar desde la ropa para los novios hasta obsequios para regalar y desear un feliz matrimonio a la pareja como figuras, flores y collares. Vimos también tiendas de antigüedades, de especias, de complementos y de zapatos y en los callejones, hombres y mujeres con carros de madera vendían fruta y verdura a la muchedumbre. Por el contrario, las calles me sorprendían de otra manera, el suelo allá donde mirase estaba sucio, descuidado, como si nadie se molestara nunca en limpiarlo ni les incordiase la roña. Las vacas, que iban rebuscando en la basura algo que meterse en la boca, evacuaban por doquier y los pobres perros, la mayoría con alopecias y enfermedades en la piel vagabundeaban o huían presos del pánico cuando alguien hacía un gesto brusco, temiendo que fuese otra piedra en dirección hacia ellos. En un momento alcé la vista y vi como una familia entera de macacos saltaba de una fachada a la de enfrente.

Escena en una de las calles

Tantos estímulos visuales nos empezaban a saturar, así que cuando llevábamos un par de horas andando le pedimos a Taslim que nos acercase a una zona donde coger un rickshaw y fue entonces cuando salió el tema del dinero. Para empezar, nosotros habíamos insistido en que no queríamos guía, pero la realidad es que al final como el hombre estuvo varias horas con nosotros decidimos que le teníamos que pagar… El precio que dijo él de entrada hizo que a Toni se le escapase un ¿Qué? tan fuerte que en fracciones de segundo se formó un corro de personas alrededor de ambos que se dedicaron a seguir en primera fila todo el proceso de regateo con los ojos clavados en Toni. Al final Taslim se fue contento con sus 200 rupias y la promesa de que cuando volviésemos a Delhi si necesitábamos algo lo llamaríamos a él. Aunque nunca más lo volvimos a ver.

Dejando atrás Old Delhi

Volvimos a la guesthouse y muy a mi pesar me tuve que meter en la cochambrosa ducha dudando si después de ese baño iba a salir más limpia. La puerta parecía que caería en cualquier momento y dejaba entrar todo el aire del patio, pero por lo menos el agua estaba caliente…

Puertas de acceso a la ducha / wc

Aun teníamos que averiguar si íbamos a poder subir al tren esa noche pues habíamos comprado el billete 10 días antes y nos encontrábamos los primeros en waiting list. Fuimos a un punto de información a ver si sabían decirnos algo y al decirles que no teníamos ningún billete más comprado para el resto del viaje y que el resto teníamos pensado hacerlo sobre la marcha en tren o en bus. Lo más suave que nos dijeron fue inconscientes. ¿Cómo se nos ocurría viajar por India si tener los billetes ya? ¿Qué no sabíamos que cientos de miles de personas viajan a diario en ferrocarril y se agotaban los billetes? ¿Estábamos locos o que? ¿No sabíamos lo incómodo y peligroso que podía llegar a ser los autobuses en Rajastán? Para terminar de dramatizar la escena y que no se nos ocurriese que el autobús iba a ser una buena alternativa nos mostró una foto de un bus a reventar de gente con un montón de personas y sacos en el techo, nos miró y nos dijo: ¡esto son los autobuses de la India!

Una foto como las que nos enseñaron ©SuperStock

Algo perplejos salimos en busca de otro punto de información que aparentemente pareciese más serio, a ver si lo que nos decían nos gustaba más y tras hacer algo por Internet y confirmar nuestros billetes para esa noche nos dijo que para ese día nos habíamos salvado, pero que nos iba a ser imposible conseguir desplazarnos si no reservábamos con antelación, que la mejor solución era contratar un taxi que nos llevaría por donde quisiéramos por todo el Rajastan. Si no fuese porque ya habíamos leído por Internet que era mejor tener los billetes para asegurarse un sitio por la cantidad de gente que viaja, no le hubiésemos hecho tanto caso, pero siendo así yo ya me veía todo el viaje en compañía de un taxi que nos iba a costar una pasta y nos iba a privar de nuestra libertad. Con la mosca en la oreja le dijimos que nos diese la tarjeta y que si en Bikaner ya veíamos que era imposible le llamaríamos y contrataríamos el servicio. Volvimos entonces a la guesthouse mientras pensábamos en cómo solucionar el tema del transporte en nuestro viaje.

Intentando averiguar las opciones de transporte

A día de hoy aun suspiro aliviada de no haberle hecho caso en ese mismo momento, tras 21 días viajando por el norte de India puedo decir que siempre hemos encontrado algún medio, sea tren o bus, y el único día que pensábamos que no podríamos, que fue en año nuevo, fue tan fácil como acercarnos a la oficina de turismo de la estación para que nos sacaran un billete en sleeper class. Digo esto porque me enfurece que aparte de tratarnos como si estuviésemos tontos, nos mintieron para que le contratáramos un coche. Puede que esto suceda en temporada alta, no lo se, pero está claro que en diciembre no.

Llegó la hora y fuimos a la estación, el tren que empezaba el trayecto en Delhi esperaba ya a los pasajeros desde hacía un buen rato, y menos mal, porque era la primera vez que veíamos un tren como ese y nos costó lo suyo encontrar nuestro sitio. Nadie nos sabía confirmar nada porque solamente teníamos el papel que imprimimos en casa en el que figurábamos aun en waiting list. En las paredes del tren estaban colgadas las listas con los nombres de los viajeros pero ni aun así encontramos los nuestros. Fue el revisor que vimos al final y de casualidad quien finalmente nos confirmó que teníamos sitio, pero a cada uno nos había tocado en un vagón…

Una de las literas de 3ª clase con a.a.

Finalmente y después de esperar un par de horas pudimos ocupar una litera vacía cerca de la que nos habíamos agenciado para los dos.
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Ver Etapa: Capítulo 1 – Y por fin India



Etapa: Capçítulo 2 – Maharajá y maharaní en Bikaner  -  Localización:  India India
Fecha creación: 09/12/2011 17:23  
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Desperté con la misma música con la que me había dormido, al son del tambor de un hombre que tuvo el detalle de amenizar la velada compartiendo con todo el vagón sus flatulencias. Giré la cabeza y vi que orgulloso como debía de estar de tal melodía y para que los presentes tuviésemos constancia de quien era el autor, el señor tenía las piernas levantadas con los pies apoyados en la pared, para que cogiésemos bien el tono… Intenté dormirme otra vez, a ver si conseguía evadirme de tal situación pero el cuello me lo impidió, la cámara de vídeo que había hecho de relleno de almohada dentro de la mochila me había dejado tortícolis de recuerdo.

Ignorante de la sonora noche que me esperaba...

Ya era de día y me asomé a la ventana. Estaba contenta, no faltaba mucho para llegar a Bikaner y la noche no había sido tan mala (aunque unos días más tarde me pareciese el mejor sitio del mundo para dormir). Tan solo la longitud de la cama que me impedía estirar las piernas y el ruido que provocaban los trenes al pasar por las vías contiguas, que cualquiera diría que atravesaban la barrera del sonido, fueron lo único que me despertó en un par de ocasiones. Debían ser alrededor de las 11 cuando por fin paró el tren, demasiado pronto aun para tener que luchar con guías, conductores o mareantes. Fue salir al andén y en cuestión de décimas de segundo nos asaltaron de la misma manera que lo hacía la gente en el sudeste asiático.

Llegamos a la estación de trenes de Bikaner

Intentamos salir de allí ignorando a todo el mundo e ir directamente a la ventanilla a comprar el billete del día siguiente, pero fue imposible ir solos. Tres de los chicos que se habían acercado a nosotros desde el principio nos acompañaron: uno quería que fuésemos a una guesthouse, otro, que hablaba español nos decía otro sitio, el otro, que no hablaba español decía que aunque no hablase nuestro idioma él podía acompañarnos a no se que otro sitio… Con la cabeza como un bombo nos pusimos a hacer cola para comprar el billete con la esperanza de que se cansaran de esperar y se marcharan, pero me costaba mucho esfuerzo no hacerles caso cuando me hablaban a tan solo un palmo de mi cara. Llegamos a la ventanilla y para nuestra sorpresa no hubo ningún problema en comprar un billete para la noche siguiente, nada de waiting list ni vagones ocupados… Cuando nos dimos la vuelta uno de los tres chicos se había cansado de esperar, “bien uno menos”, solo quedaban dos. No valía la pena seguir luchando, así que nos fuimos con ellos.

En el tuk-tuk camino de la guesthouse

Hussein, y Raju, el conductor de rickshaw, nos daban dos opciones: ir al Hotel Harasar Haveli, mas grande, mas caro y del que me imagino cobraban comisión por llevarnos o ir a la Chander Niwas guesthouse, mas pequeña, mas acogedora y mas barata. Nuestra elección sin verlas era Chander Niwas, pero por motivos evidentes tuvimos que ir primero al hotel, ver la habitación, hacer el paripé y decir que preferíamos algo mas barato. Estuvimos tentados de quedarnos porque era muy bonito y al final nos dejaba la habitación por 400 rupias, 150 menos que el precio de entrada, pero cuando llegamos a la guesthouse supimos que no nos habíamos equivocado. Era perfecta. Una casa familiar tranquila, rodeada de jardín y dos habitaciones disponibles, ambas dobles, espaciosas, con ducha y sofá. La única diferencia era que una daba a la parte delantera y la otra detrás. Decidimos inmediatamente que nos quedábamos en la guesthouse, y además por solo 200 rupias. A esas alturas del viaje aun alucinaba pensando que teníamos una habitación enorme para los dos por solo 3 euros y pico.

Nuestra habitación en Chander Niwas guesthouse

Más relajados y sin las mochilas cargadas nos sentamos en el jardín, y Hussein, consciente de que se había asegurado trabajo para un par de días se presentó formalmente. Aunque al principio no nos hizo gracia que nos estuviesen mareando desde el momento en el que pusimos el pie en Bikaner, el buen trato y el empeño que ponía en hablar bien castellano nos hacía gracia y le empezamos a coger afecto.

Quedamos a las tres para que nos enseñase Bikaner; él se fue y nosotros nos quedamos en el jardín, mientras un joven nepalí que trabajaba en casa de la familia nos sirvió la comida allí mismo, disfrutando del solecito. En ese momento nos dimos cuenta que Bikaner ya nada tenía que ver con el follón de Delhi, y menos en esa zona de la ciudad algo alejada del centro, en la que lo único que se veía por la calle era alguna vaca desorientada que salía del pueblo en busca de comida y se tenía que conformar con la basura de un contenedor.

La primera comida de "relax" en India

Después de disfrutar del calorcillo de mediodía con una cerveza fresca nos tumbamos en la cama mientras esperábamos que llegase la hora y sin querer nos quedamos fritos. Puntual a las tres llegó Hussein, que entró en la habitación casi al mismo tiempo que llamaba a la puerta, nos despertó y nos arrastró hacia el rickshaw donde ya esperaba Raju. Sin saber bien donde nos íbamos subimos al vehículo y pronto el viajecito se convirtió en toda una fiesta. El joven guía, sin ánimo de pasar desapercibido, puso un cd de Dabangg a un volumen considerable que hizo que no se escuchase otra cosa, y desde allí arriba del rickshaw tunning con sus altavoces todo era más divertido. Mirar lo que sucedía por las calles al ritmo del tere mast mast era como estar viendo un documental pero en vivo y en directo. Las mujeres, los niños, la fauna de las calles… todos parecían bailar al son de la música y nosotros, embriagados con las sensaciones que nos provocaba estar por primera vez en india, disfrutábamos del momento como unos niños, y ni la suciedad ni los hombres que meaban en las calles sin ningún pudor eran capaces de ensuciar la estampa.

De visita por Bikaner con banda sonora incluida

De repente paramos, Raju desapareció y fuimos andando por una calle estrecha en la que una grandiosa haveli de arenisca roja eclipsaba el resto y convertía en invisibles las demás casas pequeñas y viejas de su alrededor. Hussein nos iba explicando todo, y aunque quería practicar castellano, lo iba alternando con el inglés cuando no sabía como decir algunas frases. Sinceramente no me acuerdo de nada de lo que dijo del edificio. Muy bonito, eso si, pero no me quedé con nada más.

La inmensa haveli

Seguimos paseando y llegamos al hotel Bhanwar Niwas que ocupa la antigua Rampuri Haveli, y allí dentro solo había lujo: pasillos larguísimos, decenas de habitaciones can paredes altísimas, camas enormes, baños ostentosos y un comedor con una mesa kilométrica, todo ello decorado con antigüedades y retratos de los anteriores propietarios de la casa. Y en el centro un patio interior lleno de plantas que ahora usaban a modo de terraza del restaurante.

El maharajá y la maharaní

Tanto glamour en cada esquina de la mansión nos empezaba a indigestar, así que salimos de allí y en la puerta esperaba Raju que nos llevó a un sitio donde tomar un chai, una mezcla deliciosa de té con especias típica de India. Ignorantes aun del placer de tomar un sabroso chai rechazamos la oferta de beber uno, pues ya teníamos bastante entreteniendo a todos los niños de la zona que se habían acercado a curiosear, a ver esta vez de donde eran los visitantes y Hussein, creyendo que nos molestaba les echaba de allí a voces.

Un descanso para tomar el chai (que no nos hicimos)

Después del descanso fuimos paseando hasta que llegamos al mercado. Durante el paseo por allí tuvimos que estar más pendientes de no ser atropellados por alguna moto o algún camello que de las tiendas que había. Después de preguntar el precio de algunas especias que queríamos comprar en un par de tiendas y no llegar a un acuerdo salimos y llegamos al templo Bhandasar. Allí, un brahma, un sacerdote perteneciente a la casta más alta, nos invitó a quitarnos los zapatos y pasar. Mientras Toni hacía fotos y yo miraba hipnotizada las pinturas de la cúpula, Hussein nos contaba como era la convivencia entre Hindús y musulmanes en Bikaner. Decía que el tenía amigos de ambas religiones y que no tenía ningún problema por eso, es más, así aprovechaba y celebraba todas las fiestas, las de unos y las de otros.

En el templo Bhandasar

La siguiente visita fue otra haveli convertida en hotel, pero esta es una de esas cosas que con una que vemos nos hartamos, así que dimos una vueltecilla por el patio y ni si quiera llegamos a entrar. Subimos al rickshaw con la esperanza de que no nos llevase a otro sitio igual, y esta vez empezó a alejarse del centro de la ciudad. De camino por la carretera di un brinco cuando me di cuenta que estábamos pasando por el lado de la facultad de veterinaria de Bikaner. No me pude resistir y tuve que parar a grabar un poco antes de seguir con el viaje. Aunque dijimos que volveríamos, ya no nos dio tiempo otra vez y me quedé con ganas de verla por dentro.

Cinco minutos más tarde llegábamos a un almacén de telas al que nos invitaros a pasar mientras, imagino, se frotaban las manos sin que les viésemos. Subimos por unas escaleras cuyas paredes estaban ya forradas con telas, realmente bonitas. En la planta de arriba había un salón cubierto con centenares de telas que te hacía desearlas antes de que empezasen a mostrártelas. De repente vino el dueño de la tienda, nos saludó y empezó con la demostración de los productos. Había de diferentes precios y tamaños. Una a una fue sacando toda la variedad que tenía. Empezó con las más pequeñas y asequibles y terminó mostrando las de seda y contando historias de todos los famosos que teníamos que creernos que habían ido a comprar allí las telas. Sinceramente, eran preciosas y me las hubiese quedado todas, pero los precios eran desorbitados. Nos pareció raro que fuesen tan caras, así que regateamos por una de las pequeñas y contentos porque nos había rebajado 10 euros, pero inconscientes de que aun así pagando 40 euros nos estaban sableando le dimos el dinero y salimos. Cuantas veces me arrepentí de haber comprado allí esas telas cuando vi la deferencia de precios en otras ciudades. Queridos lectores, no diréis que no estáis avisados.

Tapizados de la tienda

De vuelta a la guesthouse Hussein nos propuso ir a ver las celebraciones pues el pueblo durante esos días estaba de fiesta, así que nos dejó en la habitación para que nos duchásemos y dijo que nos vendría a recoger más tarde.

Terminamos un poco más pronto de lo previsto, así que nos fuimos mientras a buscar algún sitio para conectarnos a Internet. Por esa calle alejada del centro no pasaba nadie así que nos costó ver algún vehículo. Andamos un rato hasta que por fin paso un rickshaw que nos dejó cerca de la estación donde encontramos un ciber. El problema vino después cuando nos dimos cuenta de que ni Toni ni yo recordábamos el nombre de la guesthouse, no llevábamos la libreta ni la guía, y tampoco sabíamos como llegar hasta la casa. Lo único que se nos ocurría era preguntar a la gente si conocía a Hussein y que nos diese su número de teléfono. El dueño del ciber nos dijo que lo conocía y llamó por teléfono a alguien, pero visto que no nos entendíamos ni con el hombre, ni con quien fuese que había al otro lado del teléfono decidimos ir andando a ver si se nos ocurría que hacer.

En el super-cyber de última generación...

Íbamos en dirección a la estación cuando de repente apareció Hussein con la moto y nos dio un grito para que le viésemos. Al final resultó que alguien lo había llamado y le había contado que nos habíamos extraviado e íbamos por ahí dando tumbos sin rumbo. Subimos a la moto y fuimos a otra parte del pueblo donde los musulmanes ya estaban reunidos y de fiesta. Toda la gente se concentraba alrededor de unos altares que habían sacado a la calle, aunque hubo un momento en que había más gente mirando a ver que hacíamos ahí nosotros que al monumento.

Junto a Hussein en el barrio musulmán

Tan solo estuvimos allí diez minutos, pues la fiesta tampoco era un jolgorio y no entendíamos bien que se estaba celebrando así que enseguida fuimos a cenar a la guesthouse. Y allí, sentados en la mesa del comedor y con la compañía de Hussein y del dueño de la casa, cenamos y charlamos hasta que maharajá y maharani, que así es como nos había bautizado el guía, no pudimos más y fuimos a dormir. Mañana vendrían a recogernos pronto para ver el templo de las ratas.
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Ver Etapa: Capçítulo 2 – Maharajá y maharaní en Bikaner



Etapa: Capítulo 3 – El templo de las ratas y la fría noche en la sleeper class  -  Localización:  India India
Fecha creación: 09/12/2011 17:27  
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Por fin habíamos conseguido dormir del tirón ocho horas después de dos días de ajetreo casi incesante. Nos despertamos con el tiempo justo para vestirnos y salir corriendo al jardín donde esperaba puntual Hussein. La noche anterior habíamos quedado en que él y Raju nos llevarían por la mañana a Karni Mata, el templo de las ratas en el pueblo vecino Deshnok. Subimos al rickshaw, donde ya sonaba la música y en unos minutos estuvimos despiertos y perfectamente ambientados para empezar un largo día de visitas.

Deshnok está a 30 kilómetros de Bikaner, unos tres cuartos de hora en rickshaw que se hicieron eternos y en los que apenas pestañeé. No pude quitar los ojos de la carretera por miedo a una colisión fatal pues los camiones pasaban casi rozando el rickshaw a una velocidad vertiginosa. Esto parecía divertir mucho al conductor que se lo pasaba en grande mirando mi cara de espanto por el retrovisor.

Camino del templo con el rickshaw (y los camiones...)

Pero no todo eran vehículos grandes, también circulaban más tranquilos carros tirados por camellos o vacas y muchísima gente, que más que por gusto imagino que por falta de otra cosa, viajaba de un pueblo a otro andando. Grupos formados por niños y mujeres caminaban cargados de paquetes por el arcén.

Los peculiares vehículos

A mitad camino una barrera bajada delante de la vía del tren nos detuvo. En medio del desierto que era aquello se fueron acumulando los vehículos en la carretera y muchos conductores aprovecharon para salir a estirar las piernas. De repente me sentí como si estuviese en medio de una película de vaqueros. Parecía como si en vez de aparecer el tren desde el horizonte de arena fuese a pasar por allí el séptimo de caballería. El cálido ambiente casi invitaba a tumbarte en el suelo y tomar un rato el sol, y la gente, que cada vez era más, paseaba cerca de sus vehículos o hacía corros. Aprovechando el buen día, salimos del rickshaw y sacamos la cámara para grabar la reunión que en un momento se había formado.

Paradita en el paso a nivel

Jugándome el tipo grabando el paso del tren

Unos minutos mas tarde seguíamos nuestro camino y en poco llegamos al templo.

Llegando al templo de las ratas

Karni Mata, más conocido como el templo de las ratas, es un lugar singular y conocido no por su belleza sino porque los roedores que habitan en él son sagrados. Centenares de éstos campan a sus anchas de un lado a otro sin que nadie ose hacerles daño. Los mantenedores del lugar les dan comida y bebida y todo el mundo las respeta pues existe la creencia de que se trata de la reencarnación de los seguidores de Karni Mata.

Vista exterior del templo

Fuimos a entregar las zapatillas a la taquilla de la entrada porque está prohibido acceder con calzado y en unos segundos tuve que resolver el dilema de entrar con calcetines y no tocar las heces de las ratas con la piel o entrar con los pies al aire y no llevarme el olor incrustado en la prenda. Finalmente decidimos entrar con el pie al aire y limpiarnos luego bien, total, lo único que podía pasar era que nos diesen un bocado y nos pegasen que se yo, la rabia? Hice caso omiso a mi mente paranoica contaminada con información de la carrera y crucé los dedos para que no se me acercase demasiado ninguna rata, pues con la suciedad que llevaban encima solo con rozarlas temía que me fuese a caer el pie.

¿Dónde están las ratas?

La visita fue cuanto menos curiosa. A la entrada, las ratas más osadas advertían al visitante del contenido del interior y a medida que nos adentrábamos el número se iba multiplicando. La sorpresa llegó cuando entramos y vimos los centenares de ratas que inundaban todo: las más activas correteaban, las perezosas descansaban en el suelo o sobre las barandillas, las hambrientas rodeaban ordenadamente el cuenco de la leche y las atrevidas pasaban a tan solo unos centímetros de mis pies, aunque estoy segura que si me hubiese quedado quieta hubiesen pasado por encima de ellos. Se acercaban tanto a las personas que hasta vi volar un par de ratas unos metros cuando alguien se vio sorprendido y no consiguió evitarlas.

Caminamos un poco más y nos adentramos en pleno templo, totalmente en su territorio. Miré a un lado y otro, pero no tuve suerte, no encontré ninguna blanca y con ella el buen augurio que éstas traen. Me acerqué con la cámara a uno de los recipientes con leche y ajenas a mi presencia siguieron bebiendo con total tranquilidad. El ambiente allí dentro era denso, olía a excrementos de rata ya que el suelo estaba lleno de éstos y un hombre se dedicaba a moverlos de un sitio a otro perfumándolo todo más si cabía. La gente iba entrando y se iba acercando a un altar que había en el centro, al cual no nos dejaron entrar, no se si por las cámaras o porque pretendían que pagásemos más.

Una escena un poco surrealista

Cansados de tanto roedor suelto salimos de allí y fuimos directos a limpiarnos los pies con agua, como dice mi madre, para dar de beber a los bichos, pues no teníamos jabón. Al menos tenía la esperanza de no llevarme toda la mañana el olor detrás. Visto el templo dimos media vuelta otra vez en dirección Bikaner. Mismo paisaje, mismos vehículos y más gente caminando por el arcén de la carretera.

Imagen habitual en el camino a Bikaner

Cuando llegamos a la guesthouse ya era casi hora de comer, así que mientras charlábamos en el jardín con Kabill, el hijo de los propietarios de la casa, su madre nos preparaba la comida. El niño tenía mucha curiosidad y nos preguntaba de todo. Nos hizo todas las típicas preguntas en inglés que se estudian en el colegio y una demostración de cómo se escriben nuestros nombres en alfabeto hindi. Un rato más tarde y con más confianza, vino junto a un amigo y nos empezó a mostrar álbumes de fotos de la familia donde aparecían vestidos con trajes típicos en bodas.

Toni viendo el álbum de fotos que nos trajeron

En media hora ya estaba preparada la comida, vinieron todos a saludar y se sentaron alrededor de la mesa que habíamos preparado en el jardín. Comimos con sus miradas clavadas observando cada gesto que hacíamos, y aunque la comida era deliciosa, nos veíamos casi en la obligación de decirlo cada vez que probábamos un plato diferente. Ya iba quedando menos en el plato y el padre fue el primero que se atrevió a decir algo, así que nos empezó a contar cosas de Bikaner mientras reposábamos la comida y esperábamos a los chicos que vendrían a recogernos en un rato.

El dueño de la guesthouse con Toni

Mientras aun estábamos terminándonos la cerveza, llegaron Raju y Hussein así que aun estuvimos un rato sentados conversando, y con la digestión ya casi hecha nos fuimos en dirección a la granja de camellos. Llegamos enseguida, acompañados de música claro. Iba tarareando la letra de las canciones que ya casi me sabía de memoria: “Munni badnaam hui, darling tere liye”. Esta vez el guía si entro con nosotros y nos fue mostrando cada zona de la granja. Primero vimos un recinto en el que había camellos de diferentes zonas de Índia y nos dijo que cada uno tenía una característica diferente: unos eran más fuertes, otros más agiles, otros más grandes…

Los camellos en su establo

Pero lo mejor estaba por llegar porque detrás de la siguiente valla estaban la zona de “maternidad”, donde las madres cuidaban a sus crías. Había tres o cuatro recién nacidos que no habían aprendido aun a andar y yacían sentados en el suelo con esas patas tan largas. Se me caía la baba de verlos ahí tan pequeños, tan frágiles, tan bonitos…

La cría de camello

La siguiente parada, muy a nuestro pesar fue un taller de pintura. Sin nada de ganas entramos en el interior donde uno de los profesores que permanecía sentado en el suelo, dibujaba sobre un papel apergaminado algo que empezaba a tener forma de elefante. Mucho arte pero lo único que querían era vender, así que después de saludar muy educadamente nos hizo la explicación de como usaban solo material natural para sacar los colores con los que iba a pintar, como por ejemplo el índigo para el color azul o el azafrán para el naranja. La gracia de sus pinturas radicaba en que era de tamaño minúsculo y para demostrarlo me cogió la uña del dedo anular y con mucho pulso y también paciencia dibujó un paisaje. El hecho de que no hubiese quedado perfecto era, según él, porque necesitaba más tiempo para terminar de perfilarlo.

Hecha la demostración y con los tontos engatusados pasamos a la parte de atrás donde tenían el escaparate y nos mostró diferentes dibujos de diferentes calidades. Aun quedándonos uno de los menos buenos, pagamos demasiado por un papel que a día de hoy ya se ha encargado alguna de nuestras gatas en dañar.

Pintando el paisaje en la uña

Con el bolsillo demasiado escocido ya, llegamos al almacén de telas y aunque el dueño hablaba muy bien español y sacó muchísimos saris preciosos de los que tenía en la colección ya no estábamos dispuestos a perder ni una rupia más. Y como el hombre tampoco no llegamos a ningún acuerdo. Ya tendríamos tiempo de comprar saris.

De vuelta a casa, Raju y Hussein nos propusieron quedar esa noche para cenar, la despedida antes de partir hacia Jaisalmer. Una hora mas tarde y para que tuviésemos tiempo de dejar lista la mochila, vinieron a recogernos y después de regalarnos un dvd como no, con las famosas canciones del cd del rickshaw, fuimos hacia el restaurante. Éste se encontraba en la primera planta de un hotel, y allí arriba estaban unos amigos suyos que también estuvieron un rato con nosotros. La cena picaba tanto que casi salía fuego de nuestras bocas, pero la velada fue de lo más animada, aunque muy corta ya que a las 23:00 partía el tren.

En la cena con Hussein y Raju

Así que con la barriga llena nos despedimos de nuestros nuevos amigos y fuimos a la estación sin tener aun ni idea de lo mal que lo íbamos a pasar esa noche, al menos yo, y eso que Hussein nos había advertido varias veces que allí arriba hacía mucho frío. Nos tocó compartir el hueco de las literas con una familia que llevaba un niño pequeño. Mientras grabábamos y charlábamos pensé, “vaya pues no es para tanto”. Apenas hacía frío y lo único que me había llamado la atención era una rata y un hombre con una metralleta, sobreviviría. Así que monté la cama, que en sleeper class no tiene sábanas, manta, ni almohada y me eché a dormir con la mantita del avión encima.

El niño de la sleeper class

Dos horas mas tarde, y con las piernas dormidas desde las rodillas hacia abajo por el frío, desperté. Tiritando y alucinando de ver la niebla que se había formado dentro del vagón en un par de horas, no pude hacer otra cosa que darle unos golpecitos en la espalda a Toni que dormía en la cama de abajo y con un hilillo de voz decir “Toni, tengo mucho frío…” y él, pensando que aún conservaba calor gracias a que no se había quitado las botas, tuvo la brillante idea de darme una a mí para que me calentase, la otra se la dejó puesta para no enfriarse. “Bueno, a lo mejor se me calienta por lo menos el pie”. Pero no hubo manera, probé de un lado, del otro, boca arriba, boca abajo, enrollada sobre mi misma, con otra chaqueta encima, frotándome los pies, pero cada vez tenía más frío. Sentía que la temperatura de mi cuerpo bajaba por segundos y antes de empezar a sentir el rigor mortis decidí bajar a la litera de Toni, que por muy pequeña que fuese y por muy apretados que estuviésemos no podía ser peor que morir congelada. Estaba dispuesta a suplicar por un poco de calor, ¡¡¡¡ni nadando en el atlántico me hubiese quedado tan fría!!!! Toni aun guardaba un poco de calor en su cuerpo, que terminó de esfumarse cuando mi gélida piel se lo robó, para perderlo definitivamente. A las 4 de la madrugada llegábamos a Jaisalmer, una noche corta pero sin duda una tortura. Solo recuerdo una noche peor que esa, la siguiente vez que viajamos en sleeper class casi al final del viaje.

Que fríooooooooooooooo!!!!!!

Mientras cogíamos las mochilas vimos que alguien se acercaba donde estábamos. Era Mira, un amigo de Hussain que venía a recogernos y que preguntó: “Toni?”, su voz sonó de lo más cálida, nos llevaban a un sitio caliente…


Recibimiento en la estación de Jaisalmer
NOTA: En nuestra manera de viajar casi nunca cabe ir acompañados por guías a no ser que sea en trekkings o en lugares no urbanos. Nos gusta demasiado perdernos solos y tener que buscarnos nosotros mismos la vida como para contratar los servicios de nadie. Aun así los dos días que estuvimos en Bikaner decidimos pasarlos acompañados de Hussein, probar la experiencia y sacar conclusiones para próximas veces (si las hubiera). El hecho de que hablase español creemos que fue el detonante. Al final le pagamos lo que consideramos justo para él y para su conductor. A día de hoy seguimos en contacto con él y nos cuenta sus nuevas andanzas organizando tours con coche.

Sarafat Hussain

hussain_999 @ live.com
sarafat2 @ rediffmail.com
91 9829692957
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Ver Etapa: Capítulo 3 – El templo de las ratas y la fría noche en la sleeper class

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  Últimos comentarios al diario  India con mochila. Color, olor y seducción
Total comentarios 13  Visualizar todos los comentarios

Cristga  cristga  26/05/2012 01:40   
Muy buen diario he aprendido muchas cosas para mi futuro viaje a la India. Tienes mis 5 estrellas. Muchas gracias

Default https Avatar  Kevin1993  25/06/2012 15:04   
Me ha encantado!

Aguere  aguere  06/05/2013 21:37
Un relato 5 estrellas, nos vamos a India en Julio y creemos que hemos pisado esas tierras leyendolo.
Un saludo y gracias por deleitarnos con el diario.
Fe

JMG81  JMG81  28/05/2013 18:15
Un gran diario! Me inspira para mi próximo viaje a India. Muchas gracias!

Malena88  malena88  20/11/2013 14:11
Comentario sobre la etapa: Capítulo 7 – Rumbo a Udaipur en sleeper bus
estupendo !! me ha ayudado mucho a tomar notas para mi proximo viaje en Enero . No sabia como conectar Jaisalmer con Udaipur , ahora veo que sleeper bus "funciona".
Gracias por compartirlo y un saludo

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Indiana Jones
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Ene 08, 2009
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Fecha: Lun Sep 24, 2018 05:51 am    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

Yo he estado dos veces con la opción intermedia; ni solos teniéndonos que buscar los hoteles, transportes, etc, ni tampoco en viaje organizado en autocar con todas las visitas y horarios programados.

Contratamos un coche con conductor, los hoteles por booking (aunque también nos lo podrían haber reservado) y oye, esa libertad de decir "mmm hoy queremos dormir, mejor quedamos a las 9" o poder decidir qué ver y cuándo... estuvo genial Amistad
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Fecha: Lun Sep 24, 2018 07:39 am    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

India es un país con muchas opciones de transporte y alojamiento, es muy fácil para viajar por libre.
Jaiduk
Jaiduk
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Oct 07, 2011
Mensajes: 481

Fecha: Lun Sep 24, 2018 03:04 pm    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

Rebus

Yo fui por libre y se puede hacer perfectamente, es totalmente seguro, pero agobiante lo es un poco.........
angela5623
Angela5623
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May 04, 2013
Mensajes: 633

Fecha: Mar Sep 25, 2018 06:48 pm    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

Hola, acabo de volver esta misma noche de mi segundo viaje a India. En el 1º hice lo tipico, Rajasthan hasta Varanasi, me organicé yo el recorrido, y contraté coche con chofer, te dá libertad de movimientos, vas parando donde te apetece . Para mi resulta mucho mas agobiante que me lleven a golpe "pito"donde a ellos les apetezca y tener que esperar por gente que no es puntual, he viajado en viajes programados y es lo que pasa En este 2º viaje, he hecho un mixto, me he ido al Himalaya, la zona de Ladakh, el Tibet Indio, y allí he ido contratando taxis sobre la marcha según la excursión a...  Leer más ...
laucel64
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Abr 23, 2009
Mensajes: 343

Fecha: Lun Oct 15, 2018 11:34 am    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

Yo estoy buscando coche con conductor, (aunque todos me meten los hoteles) y guia en español en ciudades, pero me han dicho que en muchos monumentos hay audioguias, y esa es mi pregunta, al menos limitada al Rajasthan que es donde voy. ¿Sabeis que monumentos/sitios, tienen audioguia en castellano y que esté bien????

Lo agradecería mucho para organizar todo
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