Hoy tenemos el día completo para visitar Padua. Junto con la tarde de ayer, es el tiempo justo y necesario para visitar lo mejor de la ciudad.
Padua, como bien indica el nombre del pase turístico, Urbs Picta, es la ciudad de los frescos.
Hay una gran cantidad de edificios religiosos y seculares decorados con esta técnica, que juntos están declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco.
De entre los cuales, a parte de la Capilla Scrovegni, destacamos la Basílica de San Antonio, el Oratorio de San Giorgio, y el Baptisterio de San Giovanni.
Se nos quedó por ver el Oratorio de San Michele y el de San Rocco, además del Palazzo della Ragione.
Empezamos el día con la iglesia más importante de la ciudad, la Basílica de San Antonio.
Dedicada a San Antonio de Padua, un santo muy venerado por sus numerosos milagros.
La construcción del templo, de estilo bizantino con sus grandes cúpulas y sus torres estrechas que parecen minaretes, es del siglo XIII.
Además cuenta con varias capillas puramente góticas, mientras que la dedicada al patrón de la iglesia, llamado popularmente “il santo”, es renacentista a tope, y la capilla de las reliquias es distintamente barroca.
La entrada es gratuita.
La zona más ostentosa es la capilla del Santo, llena de visitantes y de ofrendas.
El acceso es a través de elegantes arcos de mármol, y las paredes están decoradas con relieves de increíbles milagros obrados por el protagonista, enmarcados en paisajes con edificios de estilo romano.
El techo combina elaboradísimos motivos vegetales dorados con figuras en bajorrelieve.
El deambulatorio y los absidiolos son ejemplos maravillosos de frescos góticos. Pasamos de la austeridad cromática del blanco, negro y dorado a una paleta infinita de pinturas murales.
Típico del estilo gótico es el cielo estrellado de la bóveda.
La capilla de las reliquias, que contiene, entre otras, la lengua y la laringe de San Antonio,
En el edificio de al lado se encuentra el Oratorio de San Giorgio, otro gran ejemplo de los frescos renacentistas paduanos.
La entrada cuesta 10€, y incluye tanto el oratorio como el Museo Antoniano y la llamada Scoletta.
El Oratorio de San Giorgio, construido como capilla funeraria de unos marqueses, tiene frescos del siglo XIV que representan escenas de la vida de Jesús y la Virgen, Santa Caterina, Santa Lucía y el que le pone nombre al lugar, San Jorge.
El detalle con el que ilustran cada elemento arquitectónico es asombroso.
La Scoletta es la sede de la Confraternidad de San Antonio y se encuentra en una sala superior al Oratorio, también cuenta con detallados frescos.
Tanto arte nos ha dado hambre, comemos en una agradable terraza de un restaurante típico con precios más que aceptables.
Por la tarde visitamos el Baptisterio de San Giovanni, a nuestro parecer, el ejemplo más bonito de frescos de la ciudad, después de la Capilla Scrovegni.
La visita siempre es guiada y cuesta 8€. La compramos en la taquilla de los museos diocesanos, en la misma plaza de la Catedral.
Por cierto, la Catedral de Padua, de fachada anodina, no es gran cosa tampoco por dentro.
El baptisterio es otra cosa. Es diminuto, y la visita empieza con un audiovisual explicando la obra de Giusto de’ Menabuoi.
La visita del interior también se realiza con audioguía, que está sincronizada con la iluminación que va resaltando las distintas escenas de las que habla.
Está la vida del prota del edificio, San Juan Bautista, y también está la Virgen, y en la cúpula, Jesús en el centro del Paraíso, un sinfín de cabecitas con halo. Un orden celestial de santos y ángeles.
La visita se hace corta con tantos detalles por ver.
A continuación, damos una vuelta por el casco antiguo de la ciudad, recorriendo sin rumbo las estrechas calles porticadas.
Damos con la Torre dell'Orologio en la Piazza dei Signori.
También llegamos a la Piazza della Frutta, en el lateral norte del Palazzo della Ragione.
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Nos acercamos a la Chiesa degli Eremitani, una iglesia que ahora más que albergar arte, es testigo de los bombardeos de los aliados en la II Guerra Mundial.
De los frescos originales de Andrea Mantegna queda muy poca cosa, pero han superpuesto la ilustración que habría aquí antiguamente para que los visitantes nos hagamos la idea de la magnitud de la pérdida.
También visitamos la enorme plaza Prato della Valle, en la que en el césped central se relajan y/o divierten cantidad de locales y visitantes.
Y finalmente, nos despedimos de Padua cenando en nuestra enoteca favorita, la misma de ayer.