Decidiendo que ya hemos visto bien Padua, por la mañana tomamos un tren hacia Verona.
Lo compramos la noche antes a través de la app móvil, nos cuesta unos 8’50€.
En menos de una hora estamos en Verona.
Esta noche nos alojamos en el Hotel Sanmicheli, situado a las puertas del casco antiguo, por 143€ la noche.
Para empezar, el centro histórico está muy bien preservado y todas sus callejuelas medievales son una delicia de descubrir y pasear.
En segundo lugar, desde las conservadas iglesias hasta las vistas del Ádige desde el mirador del Castel San Pietro, es una experiencia fantástica.
Y finalmente, a nuestra opinión, el magnífico anfiteatro romano. Vale, mucho más pequeño que el Coliseo, pero a la vez, al ser todavía un escenario de espectáculos, permite más trasmitir la idea al visitante de ser un espectador de la época romana.
Dejamos el equipaje en el hotel y vamos a explorar.
La ciudad, tal como delata el anfiteatro, tiene orígenes romanos. Queda también en pie una puerta de mármol del siglo I DC, la Porta Borsari.
En el centro del casco antiguo se encuentra la Piazza delle Erbe (sí, se llama igual que la de Pádua, al realizarse aquí antiguamente el mercado de hortalizas y hierbas).
En el centro se sitúa la Torre dei Lamberti, una familia ricachona del siglo XII que quería demostrar su poderío en vertical construyendo una fantástica torre, al estilo de las torres de Bolonia.
Se puede subir al campanario por 6€, pero la cola era siempre larguísima y hemos desistido.
Durante el siglo XIII y siglo XVI la ciudad fue gobernada por la familia Scaligeri, la misma que edificaron los bonitos castillos del lago di Garda, y de esta familia quedan aún partes de la fortificación que rodeaba Verona, así como del Castelvecchio y su precioso puente, que visitaremos más tarde.
Uno de los monumentos artísticos más importantes en Verona es su Duomo.
La catedral, de exterior románico, es más bien un conjunto arquitectónico, porque en su interior hay restos de otros templos, como un mosaico paleocristiano, y un baptisterio románico con una enorme pila de mármol del siglo XII.
El interior es un mejunje de estilos góticos y barrocos.
Para comer, en una tradicional osteria, degustamos un plato típico del norte, de estofado y polenta.
Después de un gelato italiano, la tarde prosigue en la Iglesia de San Fermo Maggiore. Tiene de peculiar que son dos iglesias una encima de otra.
La inferior, de estilo románico,
y la superior, de estilo gótico con una bóveda de madera detalladísima. También contiene frescos y capillas renacentistas.
Y finalmente la séptima y última iglesia que visitamos en este viaje, (sí, lo prometo
De elegante estilo renacentista, con motivos vegetales en los frescos de los arcos y bóvedas, contiene también elaboradas capillas con bonitos frescos y vitrales.
Son las 5 de la tarde, lo que queda del día lo dedicamos a pasear por la ciudad.
Vemos las tumbas Scaligere desde el exterior. Unos bonitos monumentos funerarios góticos de la familia Della Scala.
Para entrar al patio de las tumbas se necesita tener un tícket de alguno de los museos cívicos de la ciudad (anfiteatro, museo arqueológico, etc.).
Cruzamos el río Adige por el Ponte Pietra, de origen romano,
y subimos con el funicular hacia el mirador del Castel San Pietro, con una fantástica terraza panorámica.
Compramos unos aperol para llevar en uno de los bares cercanos a la entrada del funicular, mucho más económicos que en el bar del Castel.
Desde la cima disfrutamos de las maravillosas vistas de la ciudad medieval de Verona, y el río que la rodea.
No nos quedamos hasta el atardecer porque todavía tenemos un último destino por visitar.
En este caso es el puente de Castelvecchio.
Forma parte de la gran infraestructura militar del castillo llamado Castelvecchio, que fue construido por la familia Della Scala en el siglo XIV.
El puente es actualmente una reconstrucción, ya que fue destruido en la II Guerra Mundial, pero mantiene aún un gran encanto medieval.
Desde aquí gozamos de una bonita puesta de sol en el Adige.
Ya habiendo oscurecido, compramos dos porciones de pizza, damos una vuelta por la plaza del anfiteatro, que de noche está iluminado, y vamos a dormir.