Ruta senderista de Viel dal Pan.
De vuelta al aparcamiento, nos pusimos las botas, cogimos una mochila y nos dispusimos a hacer esta, en principio, sencilla ruta de 7 kilómetros de longitud y 278 metros de desnivel, que prometía unas vistas extraordinarias de la Marmolada y su glaciar. Su nombre se debe a que antaño era utilizada por los comerciantes de pan.


Unos carteles señalan el inicio de la ruta que, en continuo ascenso, pasa por una ermita y llega hasta la estación de un telesilla que estaba parado. Aquí nos topamos con un desvío, que nos llevó a rodear la estación para seguir el sendero en lugar de afrontarlo al final de la subida. Nos quitamos una buena pendiente a cambio de añadir un kilómetro al recorrido. Las panorámicas eran preciosas.



Aunque el camino no era difícil, estaba plagado de piedras y, caminando a 2.400 metros de altitud, hay que moverse con cierta tranquilidad. Por lo demás, íbamos solos, sin nadie más por allí.



Tras superar el desvío de la estación del telesilla, retomamos el sendero que se adentraba por la ladera de una colina frente por frente a la Marmolada. La panorámica era similar a la que habíamos visto antes en la cima de Sass Pordoi, pero desde aquí parecía que podríamos tocar los glaciares con la punta de los dedos.



El sendero se retorcía por la montaña sin mayores dificultades, aunque en las cuestas arriba se notaba la altura. Muy cerca del Refugio de Viel dal Pan, además de las cumbres de la Marmolada, divisamos también el Lago Fedaia, junto a cuyas orillas pasaríamos otro día.


Después de contemplar un rato tan imponentes panorámicas, retrocedimos hasta el desvío donde estaban las obras, pero una vez allí, en vez de rodear la estación, continuamos por un sendero que serpentea montaña abajo a través de decenas de retorcidas “zetas”, que sirve también de circuito para bicicletas de montaña. Parecía más fácil desde arriba que surcándolo, pues la pendiente era bastante acusada y la tierra aparecía muy removida e irregular. Este sendero se aprecia perfectamente desde la cima de Sass Pordoi.


Por el camino, nos encontramos con varias marmotas, que nos miraban sorprendidas al tiempo que emitían unos silbidos agudos, posiblemente avisando a sus congéneres de la presencia de humanos intrusos en torno a sus madrigueras.


En definitiva, una ruta bonita, relativamente sencilla y que ofrece unas vistas imponentes de la Marmolada y otros muchos picos y montañas que, a estas alturas, no he logrado identificar. Además, por la tarde no está demasiado concurrida. De hecho, caminamos solos casi todo el tiempo. Tardamos unas dos horas y media.


Alojamiento en Mazzin.
Volvimos a Canazei y, desde allí, retrocedimos hasta Mazzin, un pequeño pueblo de poco más de 400 habitantes que ofrece unas panorámicas preciosas, con sus prados verdes y los imponentes picos del Sassolungo y del Sassopiatto que le prestan su incomparable fondo. Ya era casi de noche y no pude hacer fotos decentes.

Nos alojamos en el Hotel Vajolet, que mantuve reservado desde el principio como un tesoro, ya que los 101 euros que costaba, con aparcamiento, tasas y desayuno incluidos, me pareció una ganga teniendo en cuenta los precios de la zona. Además, la dueña, una señora muy agradable, opera a la antigua usanza, sin compromisos previos mediante tarjeta, ni pago por anticipado. Toda una rareza en los tiempos actuales. No tenía aire acondicionado, pero la habitación para una noche estaba bien y tampoco pasamos calor.

Fuimos a cenar a una pizzería que nos aconsejó nuestra anfitriona (el único lugar abierto aparte de una hamburguesería) y tomamos cervezas, pizza y un plato de pasta. Estupendo servicio y buena comida. Nos gustó. En total, pagamos 37 euros. Aprovechamos también para echar un vistazo a los alrededores, incluyendo una iglesia muy chula. Unas fotos y a dormir.
