Sexto día de nuestro viaje por el noreste de Italia. Es jueves y estamos en el Hotel Regina, en Bolzano.
El desayuno buffet es muy similar al que hemos tenido días anteriores en los otros hoteles: variedad de opciones saladas y dulces, zumos, yogures, etc…
El plan de hoy es hacer un poco de senderismo por Alpe di Siusi por la mañana y visitar el Lago di Carezza por la tarde.

ALPE DI SIUSI
Alpe di Siusi (Seiser Alm en alemán) es una enorme pradera de los Dolomitas, situada a una altura media de 2.000 metros. Por no quitarle mérito, diré que tiene el récord de ser el prado alpino más grande de toda Europa. Es una zona muy popular para hacer rutas sencillas porque se disfruta de preciosos paisajes sin demasiado esfuerzo, como debe ser.


Las rutas se inician en un “pueblo” llamado Compatsch, a 1.700 metros de altitud. Pongo lo de “pueblo” entre comillas porque más que un pueblo es una estación de teleférico con algunas edificaciones e instalaciones turísticas alrededor.
Aquí pasa algo parecido a lo de Tre Cime di Lavaredo: Para evitar avalanchas humanas, el acceso en coche a Compatsch se cierra de 9:00 a 17:00 en temporada alta, de modo que dentro de este horario hay que dejar el coche en la cercana localidad de Siusi allo Sciliar (Seis am Schlern en alemán), que está a 1.000 metros de altitud, y desde ahí subir en teleférico a Compatsch. Fuera de ese horario puedes llegar con tu propio coche hasta Compatsch y aparcar en el aparcamiento que hay allí también junto a la estación del teleférico.
En la estación de teleférico de Siusi allo Sciliar hay un parking enorme que es gratuito. Bueno… supongo que es una estrategia comercial lo de “parking gratis”, porque ya se lo cobran con creces en el importe del billete del teleférico (28,50 € por persona, ida y vuelta).

Con todo esto sabido, salimos de Bolzano tras desayunar en el hotel. La carretera LS24 que lleva hasta Siusi allo Sciliar es la típica de montaña, estrecha y llena de curvas. Una vez allí, dejamos el coche en el gran parking de la estación de teleférico y compramos los billetes en las taquillas (no es necesario comprar con antelación).
El trayecto en el teleférico dura algo más de 15 minutos y es muy bonito porque vas sobrevolando prados interminables, grupos de vacas pastando, granjas… Los cristales de la cabina están bastante guarretes y no es posible tomar una foto sin churrete en primer plano, así que esas maravillosas imágenes se quedan sólo grabadas en mis retinas para el recuerdo.
Una vez arriba, en la estación de Compatsch, pasamos por los aseos antes de iniciar la ruta, para poder disfrutar de un senderismo sin emergencias. Hay varias tiendas de equipación deportiva en las que se exhiben muchas prendas rebajadas, y al Niño se le van los ojos detrás de una camiseta que está muy bien de precio, así que termina llevando en la mochila una camiseta más y unas cuantas monedas menos.
Desde la estación del teleférico se pueden hacer múltiples rutas siguiendo cualquiera de los senderos que salen de allí. Hay mapas e indicaciones. Nosotros vamos a hacer una ruta muy fácil y cómoda, con pequeñas bajadas y subidas que no menoscaben mi resuello.

Para ello tenemos que coger el sendero 30 en dirección “Adler Mountain Lodge”. Nos volvemos un poco locos dando vueltas por los alrededores de la estación de teleférico porque no encontramos la señalización del comienzo de este sendero, hasta que por fin damos con ella: hay que bajar a la gran zona de aparcamiento. El comienzo del sendero 30 está señalizado en el aparcamiento


Al cabo de un kilómetro, más o menos, la pista pasa a ser de tierra. Continuamos avanzando plácidamente por esta senda disparando a todo lo que no se mueve.


Estamos teniendo suerte con el día; gracias a las nubes la temperatura es ideal para caminar. A nuestra derecha tenemos la presencia constante del pico Sassolungo.

Aproximadamente hora y media después de iniciar la ruta llegamos a un punto primorosamente ornamentado con unas casitas de madera para pájaros y una entrañable muñeca de trapo.



Bajamos un poco por un caminito que sale desde aquí cuesta abajo atravesando una pradera inmensa, pero nos da la sensación de que si seguimos por aquí no vamos a ganar nada en vistas y, además, va siendo hora de regresar hacia Compatsch, de modo que a los pocos minutos nos damos la vuelta.


Muy cerca de la muñeca de trapo nos llama la atención este magnífico banco que algún artista se ha molestado en tallar a partir de un tronco de árbol. Tras descansar aquí un ratillo decidimos iniciar el regreso hacia Compatsch.

Volvemos por un camino alternativo, para no repetir paisaje, aunque la verdad es que por este otro lado las vistas son menos atractivas.
En total hemos hecho unos 8 km y hemos estado unas 3 horas. Por el camino nos hemos ido encontrando con gente en nuestro mismo sentido y al contrario. De hecho, en el teleférico subía gente sin parar. Pero aquí no hemos tenido esa sensación de agobio porque Alpe di Siusi es inmenso y hay montones de caminos por los que la gente se va dispersando.
Cogemos el teleférico de bajada a Siusi Allo Sciliar, recogemos el coche del parking y vamos ahora al Lago di Carezza.
LAGO DI CAREZZA
El Lago di Carezza (Karersee en alemán) está situado a 1.519 metros de altitud y también es famoso por sus aguas de color turquesa. Aunque es mucho más pequeñito que el de Braies que vimos el otro día, es incluso más coqueto porque está arropado por un muro de abetos, por detrás del cual asoman los altos picos dolomíticos. En mi opinión es mejor verlo por la tarde, ya que el sol incide de forma más favorable (por la mañana los árboles y las montañas quedan a contraluz).

Desde Siusi allo Sciliar tardamos casi una hora en llegar al lago di Carezza. La SS241 que lleva hasta el lago es también una carretera de montaña, estrecha y llena de curvas. No en vano seguimos estando en la región de los Dolomitas.
Ya casi llegando al lago se empieza a vislumbrar éste a mano derecha por entre los árboles, ahí abajo, con sus colores azules y sus verdes brillando bajo el sol. Una vez allí hay que dejar el coche en un parking que está a mano izquierda. Desde el parking se cruza a través de un túnel peatonal excavado por debajo de la carretera, que desemboca directamente en el lago.
Yo me vuelvo a untar el repelente de mosquitos. Esta vez no me va a picar ni uno, porque me estoy dando con mucho énfasis. El Mortadelo y el Niño insisten en su arrogancia y se van al lago sin repelente, a pecho descubierto.
Aquí sí que somos varios cientos de personas. La plataforma desde donde se tiene la vista más bonita del lago -con los abetos y las montañas de fondo- está atestada de gente y casi hay que pedir la vez para tomar una foto. ¡Parece mentira que, a pesar de todo, consigamos hacer fotos en las que parece que no hay nadie!


Damos la vuelta completa al lago. Es un recorrido muy sencillo, prácticamente horizontal, que se hace en escasos 30 minutos, aunque nosotros tardamos algo más porque nos sentamos un rato a reflexionar sobre la belleza de la naturaleza en uno de los bancos que hay a lo largo del perímetro.


Sí que es bonito este lago. Pero, una vez más, sobramos todos los humanos aquí.

¿Y lo de los mosquitos qué tal? Pues mira, si no te importa, preferiría no hablar de este tema.
Regresamos a Bolzano. Esta noche probamos otro sitio para cenar; no porque no nos gustara el de ayer – que nos gustó, y mucho- sino por variar, por conocer. Damos unas vueltas en torno a la Via Dr. Josef Streiter y a la Piazza delle Erbe analizando cartas y precios, y finalmente nos convence un local llamado Nadamas, que resulta ser otro acierto. Cenamos muy bien, con raciones abundantes y deliciosas, por 60 € los tres. Como colofón, el camarero, muy amable, nos invita a unas copitas en la barra ante de irnos.
