El ingreso fue lento porque era el horario de arribo de varios vuelos y había mucha gente, pero de ninguna manera problemático con preguntas molestas como muchos comentan.
En el mismo aeropuerto tomamos el metro hasta el B&B Guilford Hotel en un viaje de casi 1 ½ horas. Dos puntos a comentar sobre el metro; se puede usar tarjetas de crédito para pagar los pasajes, pero solamente un pasaje por tarjeta (no pude saber los motivos hablando con los inspectores). Cuando alguna de las tarjetas fallaba era un problema que los encargados solucionaban abriendo el acceso del personal sin inconvenientes ni reclamos. El segundo punto es que el metro sale y recorre partes del trayecto bajo tierra (como lo conocemos en Argentina) y en otras partes lo hace a nivel de la calle como un tren lo que nos permitió tener nuestras primeras imágenes de Londres a pesar del sueño y cansancio.
El hotel estaba a 5 cuadras de la parada del metro y llegamos fácilmente con Google maps aún sin tener internet ya que habíamos bajado los mapas off line. El edifico era angosto (como casi todos) bajo, no más de 3 pisos y atendido por personas de origen indio muy amables que no hablaban castellano, pero un claro inglés. Nuestra habitación estaba en el 3º piso y era chica pero suficiente. Cama grande y cómoda, ventanas a la calle, baño cómodo y buen wifi.
Cansados y más decidimos aprovechar el tiempo y salimos a caminar preparando el recorrido en el hotel con internet. Los lugares típicos no tenían para mí la trascendencia que muchos turistas les dan, pero desde luego que queríamos pasar y conocerlos en persona. La cantidad de gente en esos lugares fue abrumadora, llegamos cerca con mucha paciencia, pero ni pensar en entrar a alguno porque las esperas eran muy largas y en otros había que reservar con anticipación. Tampoco eran baratos. Visitamos el Big Ben, el Palacio de Westminster, el río Támesis y después fuimos al Museo de Ciencia Natural ya que teníamos una cita con la estatua del Sr. Charles Darwin para rendirle homenaje por su aporte a la ciencia. La entrada es gratuita y el edificio impactante y enorme. Por dentro no estaba lleno y se podía circular sin problemas por las distintas salas al estilo de los museos tradicionales. El salón central ofrecía un esqueleto de ballena colgando del techo que se llevaba las miradas.
En toda la recorrida nos llamó la atención la cantidad de personas hablando diferentes idiomas, el sentido del tránsito que nos afectaba al cruzar las calles ya que estamos acostumbrados a mirar al revés… La ciudad nos pareció muy limpia, sin problemas de tránsito, ordenada y nos encantaron los increíbles parques, grandes y chicos con reposeras, asientos de madera y bancos que eran usados por cualquier persona para tomar sol, almorzar o simplemente descansar. Muy cuidados y con personal cortando y regando en todo momento.
Vimos edificios con jardines en la entrada, pero también en el 1º piso con ventanas ciegas que eran regados por personal con caños que llegaban en altura y regaban las flores con precisión sin mojar a los transeúntes.
Volvimos muy cansados y en el camino comimos unas hamburguesas en un local cercano al hotel. Nos duchamos y dormimos casi 10 horas hasta la mañana siguiente.
Tuvimos un muy buen desayuno en el mismo hotel, en un pequeño salón muy completo donde tomé el mejor té negro que he probado y que “tomé” dos saquitos para otro momento.
Fuimos caminando al Puente de Londres donde nos encontramos con Jacob para hacer un free walking tour que duró casi 3 horas y fue muy bueno. Con ironías, humor y mucha información la caminata se hizo muy llevadera a pesar de mis dolorosas ampollas. Recorrimos Tower Hill y sus historias oficiales y no oficiales de la realeza, algunas iglesias, bares y edificios públicos y nos indicó lugares para recorrer fuera del circuito del tour en otro momento como edificios que ofrecen sus terrazas como puntos elevados para observar la ciudad.
Muy interesante la historia de la ciudad de Londres propiamente dicha, que es mucho más pequeña que la gran ciudad y cuyos límites se remontan a cientos de años atrás. Sus límites están demarcados por la imagen de San Jorge en diversos postes o carteles en las veredas. Dicho predio pertenece a la corona y todos quienes viven o tienen sus oficinas allí deben pagar alquiler por su uso. El área se conoce como City de Londres (City of London) y mide solamente 2,9 km2. Este lugar, aunque aggiornado como ciudad progresista, es un moderno paraíso fiscal donde se mueve un tercio de las operaciones comerciales del planeta. Lo administra la Corporación de la City de London cuyo director tiene entre otras obligaciones estar como mínimo 120 días del año fuera del país estableciendo relaciones y facilitando negocios.
Volvimos al hotel a retirar el equipaje que lo guardaban sin costo extra y fuimos a la terminal de buses (colectivos) para viajar durante la noche a París. El pasaje lo había sacado por internet con una empresa búlgara que costaba mucho menos que Flexibus. La terminal de colectivos y de trenes están casi pegadas y la cantidad de gente que circula es muy grande; casi no hay oficinas de informes personalizadas sino pantallas que indican empresas, destinos y horarios con la plataforma correspondiente. El problema era que nuestra empresa no figuraba y tenía una parada diferente que era Estación Victoria (Común a trenes y buses) en la denominada “Green line”. Estuvimos buscando información durante casi media hora hasta que una persona de un negocio nos indicó donde estaba. Era una calle techada donde entraban y salían colectivos de viaje y otros de turismo para tomar el té recorriendo la ciudad que estaba muy cerca (50 mt.) pero no tenía ningún cartel. Habíamos pasado por allí pero nunca vimos una referencia que indicara lo que buscábamos.
En la tercer recorrida que hicimos buscando información (empezábamos a pensar que nos habían estafado y que tendríamos que sacar pasajes en otro viaje, que por suerte había varios horarios) vi un colectivo de la empresa y salí sobre la calle haciéndole señas para que pare. El chofer me indicó que iba a estacionar y allí me explicó en un inglés peor que el mío, pero muy amablemente que él era el conductor del viaje que estábamos buscando. Nos pidió los pasaportes y nos dijo que salía en una hora que podíamos tomar un café hasta la salida. Después supimos que son lugares donde los colectivos de algunas empresas que no tienen ni oficinas ni boleterías, llegan estacionan y salen en el horario previsto. Así fue, salió en horario y la capacidad de bus no llegaba al 50 %. El recorrido hasta llegar a una autopista fue de más de una hora tanto que empezó a atardecer. Comimos unos sándwiches que habíamos comprado y buscamos asientos libres para estar más cómodos y dormir hasta la llegada al Ferry para cruzar el Canal de la Mancha. El colectivo estaba limpio, era bastante nuevo y los asientos eran de buena calidad, aunque no se reclinaban casi nada similar a los aviones low cost. Tuve suerte porque el asiento que elegí estaba roto o trabado y parecía una cama y atrás no había nadie a quien pudiera molestar.
Pude dormir un rato hasta que paramos para hacer los trámites de migraciones (sólo se tramita el ingreso a Francia y no la salida de Gran Bretaña). Una vez finalizado en minutos llegamos al puerto y el chófer nos pidió los pasaportes para hacer los trámites del ferry. Cuando regresó fuimos a una playa de estacionamiento y nos indicó que teníamos que esperar una hora para subir al barco. Fuimos a un bar y esperamos bastante cómodos con wifi. El Ferry al que subimos era un edificio de 9 pisos, 5 para vehículos y 4 para pasajeros con un equipamiento asombroso: Restaurantes, salones con sillones reclinables muuuy anchos, salones para negocios (que había que reservar con anterioridad), duchas calientes y varios ascensores. Viajamos un poco más de 1 ½ horas en absoluta serenidad y 10 minutos antes de llegar al puerto nos indicaron subir a los vehículos. Llegamos al Puerto de Calais y apenas abrieron los portones la salida parecía la largada de una carrera. Todos saliendo rápido para llegar a la autopista entre autos, buses y camiones a cada cuál más arriesgado.
Hicimos una breve parada en una estación de servicio para cargar combustible y pensamos tomar un café, pero nuestra incapacidad para usar monedas (que no teníamos) y tarjeta cuya operatividad no conocíamos frente a ese idioma nos acobardó y volvimos al bus que ya estaba fuera de la plataforma de carga esperando.
Durante unas horas disfrutamos de la mañana en la campiña francesa hasta llegar a París en la Estación Bercy, al lado de un enorme complejo donde se juega un importante torneo internacional de tenis.