Viernes 1 de agosto. Hemos dormido en Bolzano y es nuestro séptimo día de viaje por el noreste de Italia. Hoy abandonaremos la región de los Dolomitas para dirigirnos hacia el sur, hacia el Lago de Garda. Esta noche nos alojaremos en el pueblecito de Peschiera del Garda, a orillas del lago.

Itinerario del día 7
La idea era ver en primer lugar el Lago di Tovel, para después ir a Trento y llegar por la tarde a Peschiera del Garda. Como el día amanece lluvioso, decidimos prescindir de la visita del Lago di Tovel y centrarnos en zonas más urbanas, donde será más sencillo guarecernos de los chaparrones. Tampoco nos apetece mucho conducir con lluvia por las angostas carreterillas comarcales llenas de curvas que llevan al lago.
TRENTO
Trento es la capital de la región de Trentino-Alto Adigio. Al igual que muchos de los lugares que hemos visitado estos días atrás, también fue territorio austriaco hasta la I Guerra Mundial. Es conocida, sobre todo, por el famoso Concilio (aunque he de confesar que, por más vueltas que damos por el centro histórico, no conseguimos verlo
Llegamos a Trento a media mañana con un ambiente muy gris y un calabobos tontorrón. Dejamos el coche en un parking público en la Via Carlo Antonio Pilati, bastante céntrico (2,20 €/h).
Lo primero que vemos es la Piazza di Fiera. Esta amplia plaza está justo pegada al lado de afuera de la muralla que circundaba la antigua Trento durante la Edad Media, de la que aún se mantiene en pie este tramo, muy bien conservado.

Restos de las murallas de Trento en Piazza di Fiera
En esta plaza se organizaba el mercado de animales en la antigüedad, y ahora se celebran los mercadillos navideños y otros eventos.

Piazza di Fiera (Trento)
Continuamos por la Via Giuseppe Mazzini, que es una calle comercial en la que podemos ver otro pequeño resto de la muralla del S.XIII encastrado entre edificaciones más modernas.

Restos de la muralla en Via Giuseppe Mazzini (Trento)
Llegamos en pocos minutos a la Catedral de San Vigilio, o Duomo di Trento, que nos muestra en primer lugar el ábside y el crucero de su cabecera. Es una edificación románico/gótica de piedra caliza blanca de los S. XII y XIII aunque, como siempre sucede, hay partes que se construyeron con posterioridad. Gran parte de la importancia de esta catedral se debe a que aquí se celebraron varias sesiones del Concilio de Trento en el S. XVI.

Catedral de San Vigilio (Trento)
En una de las puertas de acceso al crucero puede verse un curioso elemento que se repite mucho en el románico italiano: el estilóforo. Consiste en que el apoyo de las columnas se realiza sobre leones, en lugar de sobre basas convencionales. No es la primera vez que lo vemos en este viaje. Es también digno de mencionar el nudo que se talló el maestro cantero en el otro pilar. Artistas como los de aquella época van quedando pocos.

Estilóforos y ballestrinques trentinos
Rodeando San Vigilio llegamos a la Piazza del Duomo. Es muy bonita, presidida por la catedral y flanqueada por muchos edificios históricos como la Casa Cazuffi, que son dos edificios colindantes del S.XVI que tienen la fachada cubierta de frescos.


Piazza del Duomo (Trento)

Casa Cazuffi (Trento)
Entramos en la Catedral de San Vigilio, que se puede visitar gratis. Es del S.XII y conserva en su interior restos de los frescos que decoraban sus muros en aquella época. Es una pena la acumulación de elementos decorativos posteriores, amontonados unos junto a otros sin orden ni concierto, machacando estos frescos, como si los muros fueran trasteros donde ir colocando las obras que ya no sabes dónde poner.

Amontonamiento de obras de arte en el Duomo di Trento
Son dignas de destacar también las originales escaleras dispuestas a lo largo de las naves laterales, excavadas en el espesor de los muros, que sirven para llegar a la galería donde está el rosetón y al campanario.

Curiosas escaleras en el Duomo di Trento
Continuamos por Via Rodolfo Belenzani para admirar otra bonita fachada decorada con frescos, la del palacio renacentista Quetta Alberti-Colico. En esta calle y en algunas de los alrededores pueden verse muchas casas señoriales de los S.XV y XVI.

Palazzo Quetta Alberti-Colico (Trento)
A estas alturas de la mañana ha arreciado la lluvia y el cielo está tan oscuro que parece que quiere anochecer. El Mortadelo y el Niño, que tienen algo personal contra los paraguas, se están empezando a calar. Decidimos abreviar la visita de Trento y nos entretenemos poco más para asomarnos a los suntuosos patios de algunos palacetes que muestran sus puertas abiertas, como el del Palazzo Thun, para regresar cuanto antes hacia el aparcamiento y seguir viaje hacia Peschiera del Garda.

Patio del Palazzo Thun (Trento)
No esperábamos gran cosa de Trento, pero lo que hemos visto ha superado nuestras expectativas. El centro histórico es bonito y, a pesar de la lluvia, ha sido un grato paseo en el que hemos invertido algo más de una hora y media.
Desde Trento tomamos la A22 de peaje hacia el sur, sin parar hasta Peschiera del Garda. Llueve bastante, hay niebla y también mucho tráfico, sobre todo de camiones.

Vaya día…
Cuando empecé a preparar este viaje, la intención primera era haber recorrido la carretera que va bordeando el Lago de Garda para ir disfrutando de las vistas del lago y de paso visitar algunos de los pueblecitos de la ribera que tienen fama de ser bonitos (Malcesine, Bardolino, etc.). Pero deseché la idea cuando leí más de un post echando pestes de los tremendos atascos que se forman en esta carretera en verano y, más concretamente, en fines de semana (hoy es un viernes de agosto).
PESCHIERA DEL GARDA
Esta pequeña localidad tiene fama de ser una de las más bonitas de las riberas del Lago di Garda. En 2017 fue declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO. Su principal interés es la fortaleza del S.XVI, rodeada por una alta muralla de piedra de planta pentagonal que surge del agua conformando una isla en la desembocadura del río Mincio, a la orilla del lago.
Llegamos a primera hora de la tarde al hotel Rivus, en Peschiera del Garda, para hacer el check in. Hace rato que dejó de llover por el camino y aquí luce un precioso cielo azul. Las habitaciones de este hotel tienen terraza, así que aprovechamos para comer unos sándwiches al sol. Un rato después salimos para visitar el pueblo.
Desde el hotel hay unos 20 minutos andando hasta Porta Brescia, la puerta que da entrada al recinto amurallado de la fortaleza. Hacemos el camino recorriendo el sendero que bordea el río Mincio. Pronto empezamos a ver ante nosotros los muros de piedra que conforman el perímetro pentagonal de la fortaleza.


Murallas lacustres de la fortaleza de Peschiera del Garda
Para acceder al recinto amurallado hay que cruzar el río Mincio por el Ponte di Porta Brescia, ya que, como he mencionado anteriormente, la fortaleza es una isla. Realmente, más que una isla son dos islotes, porque está dividida en dos partes por un canal que fluye desde el río hasta el lago.

Canal interior de la fortaleza (Peschiera del Garda)

Vistas del Lago di Garda desde Peschiera
Damos unas vueltas por la fortaleza, pero tengo que confesar que Peschiera del Garda no nos seduce. No vemos nada especial que nos deje con la boca abierta. La zona del canal que cruza por mitad de la fortaleza es pintoresca, pero podría ser más bonita si no estuviera llena de restaurantes, terrazas y gente. Francamente, el ambiente de Peschiera nos recuerda un poco al de cualquier población costera española vacacional en pleno agosto. Para mi gusto, lo único atractivo son las murallas, pero sólo se ven desde fuera.
Posiblemente, el interés de la fortaleza de Peschiera radica en la singularidad de ser una isla de planta pentagonal, pero eso no se percibe a pie de calle; sólo se advierte en vista aérea o en un mapa. A vista humana, Peschiera me ha parecido muy poco sugerente.
Aquí ya no hay mucho más que rascar. Nos ha sobrado tiempo y se ha quedado muy buen día, así que decidimos aprovechar el resto de la tarde para visitar Sirmione, algo que teníamos previsto para mañana por la mañana.
SIRMIONE
Sirmione es otro de los pueblos con fama de ser de los más bonitos del Lago di Garda. Está situado en una estrecha lengua de tierra que se adentra en el lago. Todo el casco antiguo -donde se encuentran el castillo y todos los puntos de interés- tiene prohibido el acceso en coche, de modo que hay que dejarlo en alguno de los parkings que hay a la entrada de la población y terminar de llegar caminando.
Se conocen asentamientos en Sirmione al menos desde el S.I, ya que hay restos de villas romanas de aquella época. Esta localidad fue conocida también a lo largo de toda su historia por sus magníficas fuentes termales. De hecho, aún hoy siguen existiendo dos instalaciones termales.
Podríamos haber ido a Sirmione en el coche desde Peschiera, pero decidimos hacer el pequeño trayecto en ferry. Ahorramos quebraderos de cabeza en lo que se refiere a atascos de tráfico y aparcamiento al llegar allí, y de paso vemos el lago desde una perspectiva diferente.
Los ferrys se cogen en la isla de la fortaleza, en el espigón que se adentra en el lago. La compañía que opera los ferrys en el Lago di Garda es Navigarda, y allí mismo tienen una caseta de venta de billetes junto al embarcadero. Hay muchos otros puntos de embarque en todo el contorno del lago (por si a alguien le interesa visitar otros pueblos).

Muelles de ferry en el Lago di Garda
A la hora a la que llegamos a la caseta de venta de billetes, está a punto de salir el ferry “rápido” (SR) de las 16:10. El SR una línea que no para en todos los puertos y además tiene un sistema especial de navegación que lo hace “volar” sobre el agua. Por no esperar al siguiente ferry “normal” compramos los billetes para éste, aunque es bastante más caro (15,20 € ida y vuelta a Sirmione, frente a 10 € del ferry normal).
La verdad es que es una chulada “volar” a ras del lago. Al salir del puerto, el ferry despliega una especie de alerones laterales que levantan el casco del agua, de modo que, en vez de navegar, lo que hace es un vuelo rasante que le permite alcanzar una mayor velocidad. Dicen que también este sistema es más ecológico que la navegación convencional.

“Volando” sobre el Lago di Garda
Llegamos a Sirmione a las 16:40. La dársena del ferry en Sirmione está situada en pleno casco antiguo. Nada más desembarcar ya recibimos la bocanada de las hordas de turistas que infestan este pequeño pueblo (y nosotros, otros tres más).

Intentando hacer fotos en las que parezca que no hay gente
Lo más interesante de Sirmione es el Castillo Scaligero. Es una fortificación medieval completamente circundada por el agua del lago. El recinto del castillo y sus dependencias está rodeado por una muralla que emerge del agua, de modo que para acceder a él hay que cruzar un puentecillo que en su día fue levadizo. Todo el conjunto está muy bien conservado y se puede visitar su interior, aunque nosotros no lo hacemos.


Castillo Scaligero (Sirmione)

¡Cuidado con caer al foso!
Básicamente, lo que hacemos en Sirmione es callejear. La verdad es que el casco histórico tiene rincones muy bonitos, pero es tanta la gente que hay, que resulta francamente agobiante. Hay momentos en los que parece que vamos todos en procesión.



Insistiendo en hacer fotos en las que parezca que no hay gente
Como es de esperar, hay muchas tiendas de souvenirs. Lo que más se repite es el diseño con motivos de limones amarillos, en cerámica, en prendas de vestir y en todo tipo de artículos. Y es que los alrededores del lago son una buena zona de cultivo de esta fruta, sobre todo en torno al pueblo de Limone sur Garda.

Souvenirs en Sirmione
Nos alejamos de la zona del castillo para desmarcarnos en lo posible del gentío. Recorremos la orilla oeste, que está bastante más tranquila. Hay algunas terrazas de cafeterías y restaurantes instaladas en plataformas de madera sustentadas sobre el agua del lago. Un poco más al norte hay también pequeñas playitas, pero no están muy accesibles si no estás alojado en algún hotel o villa, así que por aquí el paseo es mucho más relajante.

Terrazas lacustres en Sirmione
Recorremos luego también la orilla oriental a lo largo del camino pavimentado que va bordeando el Parco Maria Callas. Por aquí hay más gente, pero no tanta como en el centro, y las vistas del lago desde aquí son bastante atractivas.



Orilla oriental de Sirmione
En ningún momento llegamos hasta el extremo norte de la península de Sirmione. Allí están las llamadas Grutas de Carullo, que ni son grutas ni son de Carullo
Ya son las siete de la tarde y decidimos regresar a cenar en Peschiera. Tomamos el ferry rápido de las 19:13 y en treinta minutos estamos de vuelta.

Esperando el ferry en Sirmione
Elegimos para cenar un lugar llamado Marco e Daniela, en Peschiera del Garda. Un poco caro, pero muy bueno todo. El tiramisú de pistacho es delicioso (eso sí, pagamos 8€ por él).
Volvemos andando hacia el hotel Rivus. El camino es feo, ya ha anochecido y estamos cansados, así que se nos hacen un poco largos y pesados los casi 2 km hasta llegar a nuestra habitación y poder coger las camas. El hotel Rivus está bastante bien. La habitación es moderna y amplia y tiene terraza. El hotel también dispone de piscina, pero no tenemos ocasión de aprovecharla. Veremos mañana qué tal el buffet del desayuno.

Hotel Rivus en Peschiera del Garda
