Hoy vamos de la capital francesa a la capital inglesa, en un pis-pás, desde un cómodo asiento de tren del Eurostar.
Compramos los tickets con antelación y nos costó 121€ por persona. Nos enviaron correos recomendando llegar a la estación du Nord de París con unos 90 minutos de antelación de la hora de salida del tren, pero fue completamente exagerado.
Vale que la estación es grande, y hay que pasar el control de pasaportes, pero luego tuvimos que estar esperando una hora en una sala de espera abarrotada para poder subir al tren.
La estación está muy bien señalizada, el acceso a los trenes a Londres está indicada con una Union Jack luminosa que no pasa desapercibida.
El control de pasaportes es doble, te lo revisan tanto las autoridades francesas como las inglesas, pero es un trámite muy ágil.
El tren es comodísimo, atraviesa los campos del norte de Francia a toda velocidad hasta que cuando se acerca a Calais, entra en el eurotúnel y los paisajes desaparecen para tener veinte minutos de completa oscuridad en el exterior.
Cuando volvemos a ver la luz, ya hemos cruzado el mar, y estamos en Inglaterra.
Pronto empezamos a ver los suburbios de Londres y llegamos a la céntrica Euston Station cuando solo han pasado dos horas y 40 que estábamos en París.
Tenemos el hotel muy cerca. Pasaremos las próximas dos noches en el moderno Point A Kings Cross por 115€ la noche en habitación doble.
Nos hacen pagar por dejar las mochilas antes de la hora de check-in, y mañana harán lo mismo para guardárnoslas después de dejar la habitación.
King’s Cross, a parte de ser el nombre de la estación y del hotel, también es el nombre de una zona que se encuentra justo al norte, con un pasado industrial y que en los últimos años (más bien décadas) ha vivido un proceso de modernización importante.
Hay una zona de picnic y food trucks al lado del canal. El de los helados está triunfando hoy, ¡hace un calor!
Las instalaciones industriales se han reaprovechado, y los almacenes y muelles ahora son un centro comercial al aire libre, llamado Coal Drops Yard.
En verano montan actividades culturales para todos los públicos, como conciertos, cine al aire libre, etc.
En las calles peatonales hay una gran oferta de cafeterías y restauración. Eso sí, los precios no son “especialmente populares”.
Nos resultan super curiosas las estructuras llamadas Gasholders, unos armazones de hierro forjado, ahora su uso ya no es almacenar combustible, sino ser testigo del progreso industrial victoriano que dominaba en esta zona.
Visitamos la exposición inmersiva llamada Prehistoric Planet: Discovering Dinosaurs, en la sala Lightroom .
Se trata de una experiencia 360º que combina momentos de la serie documental Prehistoric Planet de AppleTV con imágenes inéditas creadas por CGI.
Consiste en seis fragmentos temáticos que explican varios aspectos de los dinosaurios, es educativo a la vez que fascinante.
A media tarde tenemos hora para subir al mirador de Sky Garden, que se encuentra en la cima del edificio Fenchurch, popularmente llamado “el walkie-talkie” por su forma.
La entrada al mirador es gratuita, pero se necesita reserva previa por internet.
En la cima, a 155 metros de altura, hay un bar cubierto, con varios niveles, y un balcón donde se puede salir al exterior. Lamentablemente nos entretenemos tomando una bebida en el bar y nos cierran el balcón a las 18:00.
Por suerte todavía se puede rodear la parte interior para disfrutar de las magníficas vistas de la City, el Thames y el Tower Bridge.
En primer lugar, no tenía tanto aspecto de club “pijo”,
Además, al ser más bajo, ese tiene 69 metros de altura, se apreciaban más detalles de los alrededores.
Como no podía ser de otra forma, nuestro primer día en la capital británica concluye en un pub tradicional.