La verdad es que estos dos días en Londres no los tenemos nada planificados, hemos estado tantas veces que lo hemos dejado al azar.
El obligado saludo al Big Ben y a las Houses of Parliament, a primera hora de la mañana.
Luego subimos Whitehall street, pasando por delante de Downing street y de la Caballería Doméstica. Los guardas y sus caballos son una atracción popular.
Decidimos que con el calor que hace, una buena opción es ir a un museo.
Como comprobamos ayer en el V&A, el arte, al igual que los humanos, necesita aire acondicionado en verano.
Para complementar la intensa visita al Louvre de hace cuatro días, nos decidimos por la céntrica y gratuita National Gallery, uno de mis museos favoritos del mundo que nunca me canso de visitar.
Lógicamente, está muy concurrida, pero aún así hay menos multitudes que en el Louvre.
Compramos un audioguía descargable en el móvil por 5 libras y vamos a explorar.
Su colección tiene varias de las pinturas más famosas del mundo.
Está maravillosamente representado el Renacimiento, ya sea el italiano como La Virgen de las Rocas de da Vinci o flamenco con el Matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck.
Tampoco faltan pintores españoles, como Zurbarán o Sorolla o franceses, desde el romántico Delaroche al impresionista Monet, que nos brinda una vista nostálgica del Támesis de hace más de 150 años.
No puede faltar el arte británico, que está maravillosamente representado por, entre otros, Constable, Gainsborough y el superstar de la pintura inglesa, J.M.W. Turner.
Su cuadro “The fighting Temeraire” fue votado el mejor cuadro de Inglaterra.
(la imagen es de la web de la National Gallery)
Hemos parado a comer algo en la cafetería autoservicio de la planta baja, Muriel’s Kitchen con un ambiente muy relajado, porque esta galería es de las que puedes estar horas y horas. Nosotros en concreto, cinco.
Al salir es media tarde y la dedicamos a deambular por Covent Garden con su animado ambiente, y su encanto victoriano.
Paseando de camino al hotel pasamos por una infinidad de pubs tradicionales en los que nos encantaría pararnos a disfrutar de una pinta en esta deliciosa tarde de verano londinense. Pero la prudencia y el juicio hace que elijamos únicamente uno.
Es la hora de dirigirnos hacia Staines. No es un destino especialmente turístico, pero está muy cerca de nuestra visita de mañana, ¡un parque de atracciones!
Recogemos la mochila en el hotel y tomamos el tren y en una hora (previo sencillo trasbordo), nos deja en Staines.
El pueblo no tiene mucho pero suficiente, encontramos un supermercado abierto en el que compramos provisiones.
Nuestro hotel de las próximas dos noches es el Sunday London por 58€ la noche en habitación doble, justo a la orilla del Támesis.
Aquí el río fluye sosegado entre la naturaleza, nada que ver con su paso por Londres.
Algunos afortunados tienen su barquita particular en la que relajarse.