Nuestro penúltimo día de viaje lo dedicamos a Thorpe Park.
Este no es un parque “temático” como tal, porque las zonas no están precisamente tematizadas con un concepto decorativo definido. Aunque las atracciones sí que tienen cierto argumento.
Pero este parque se autodenomina, y con razón “The UK's Most Thrilling Theme Park”.
Su especialidad son las emociones fuertes y la adrenalina. Aquí la gran mayoría de las atracciones son muy intensas. ¡Vamos allá!
La entrada de 1 día al parque cuesta 39€. La hemos comprado en la página web.
La primera atracción en la que nos montamos es la montaña rusa alada The Swarm, ubicada en unas ruinas post apocalípticas donde huyes de una invasión alienígena.
Con una velocidad máxima de 95 kilómetros por hora y 5 inversiones en 85 segundos, ¡podemos decir que ya estamos bien despiertos!
En Nemesis Inferno, en medio de la jungla, un volcán amenazante nos llama.
Es una montaña rusa invertida, es decir, la vía está encima de nuestras cabezas, no en nuestros pies. Serpentea y se retuerce a 77 kilómetros por hora, con 4 inversiones y una fuerza gravitacional de 4’5 G. Nos parece super divertida.
Mucho más familiar son los Rumba Rapids, donde en una lancha circular desciendes por unos rápidos que te sacuden y salpican.
También está la Storm Surge, un tobogán en lancha, más intensa que esta, pero todo el día tiene mucha cola y al final no podemos subir.
Además, el parque tiene mucha más oferta de atracciones acuáticas, entre ellas, una piscina, que imagino que con un día soleado de verano debe ser una gozada, pero hoy el día está muy cubierto y está cerrada.
La última novedad es Hyperia, inaugurada en la primavera del año pasado. Es la montaña rusa más alta y rápida de toda Inglaterra,
Con sus 72 metros de alto y 128 km/h, no supera a Shambhala de Port Aventura ( 78m y 134km/h), pero esta tiene 2 inversiones, un montón de airtime (esa sensación de que flotas) y una fuerza-G de 4’3, así que se podría considerar que son las dos más o menos igual de intensas.
Es decir que cada segundo que estás montado piensas que vas a morir, y al final, ¡te lo has pasado genial!
Por lo menos, después de hacer cola durante una hora y media, ¡ha valido la pena! La cola ha sido tan larga porque la atracción ha estado cerrada por problemas técnicos un par de veces…
Decidimos tomar un descanso e ir a comer.
La oferta no escasea, pero la variedad sí. Principalmente es comida basura: hamburguesas, perritos calientes, pizzas. Nos decantamos por unos tacos que no están nada mal.
Aquí empieza a llover. Se acerca una tormenta eléctrica y cierran literalmente todas las atracciones.
Al cabo de un rato la tormenta para y todo vuelve a la normalidad.
Mientras yo hago la digestión, Roger se pega un single-rider en Hyperia.
Yo sigo reposando el estómago y Roger se monta en Saw, the Ride, una montaña rusa tematizada de la peli de terror del mismo nombre, con un ángulo de caída más que vertical, ¡100 grados!, desde 30 metros de altura. Tampoco le faltan inversiones y airtime.
No podemos dejarnos Stealth, probablemente mi favorita, en una zona tematizada de circuito de carreras de coches en estilo retro, con la mejor banda sonora que haya escuchado nunca en un parque: Johnny Cash, Bob Dylan…
La primera vez que la vi pensé “uy esto no es para mí”, pero cuando vencí el miedo, ¡tuve que repetir!
A simple vista puede parecer un “Red Force” de Port Aventura pero en miniatura (esta mide prácticamente la mitad, 62 metros). Sube a toda leche, y luego baja con un ángulo de 90º.
Será más pequeñina, pero ojo, es la montaña rusa con la aceleración más rápida del mundo.
En sólo 1’8 segundos pasas de estar quietito sentado tranquilamente en el tren 0 km/h a la estratosférica velocidad de 128.7 km/h. Te quedas literalmente pegado al sillín.
Su lanzamiento hidráulico nos recuerda a Furious Baco, y con razón, la joya de la Mediterránea ostentó este récord mundial hasta que se lo quitó Stealth.
Roger, que todavía tiene energías, se monta en Colossus, una montaña rusa con nada más y nada menos que 10 inversiones. Tiene de todo, un loop vertical, un “cobra roll”, un doble sacacorchos, etc.
Para rematar el día, Roger sube al Ghost Train, una experiencia inmersiva con efectos especiales. Yo que no soy de cosas de terror, espero fuera.
El día se está acabando y quedan muchas atracciones por probar, pero no da tiempo a todo. Consideramos que las que hemos probado son las que más nos apetecían y estamos satisfechos.
De regreso a Staines compramos la cena en la única calle comercial del pueblo.