Nunca me había planteado viajar a Sudáfrica. Aparte de ver algunos documentales de naturaleza en la televisión, no soy demasiado “bichera”, así que los safaris no me llamaban especialmente la atención, ni tampoco visitar países africanos al sur de Marruecos, Túnez o Egipto, tal vez porque estaba convencida de que se me había pasado el arroz para los unos y lo otro. Sobre todo por el tema de la fiebre amarilla, que implica una vacuna que está contraindicada para mayores de sesenta años y, salvo excepciones, no se les pone. Un día, comentándolo en Sanidad Exterior, una doctora me dijo que en Sudáfrica no había ese problema y era una buena opción.
Soweto.


Quizás recordando esa conversación, hace unos meses me dio por leer en el foro diarios de Sudáfrica y empecé a darle vueltas a un viaje que supondría tres primeras veces para mí: mi primer país africano con mayoría de población negra, mi primera vez en el hemisferio sur y mi primer safari. Mi marido no se mostró interesado, algo habitual en destinos que suponen muchas horas de avión y además con escalas; y solo una de las amigas con las que suelo viajar secundó la idea. Así que recurrimos de nuevo a los viajes para mayores de la CAM. Según me comentaron, es un destino muy solicitado y con pocas plazas disponibles, por lo cual hay que pedirlo con mucha antelación. En marzo, nada más salir el folleto, lo solicité y me confirmaron la reserva justo para la fecha que quería, a mediados de septiembre. La de mi amiga quedó en una nada halagüeña situación de "pendiente", por lo cual prefirió cambiar de destino. En cuanto a mí, o cancelaba o tendría que ir sola. No es que me importase demasiado, pues ya me había pasado otras veces, pero en esta ocasión me daba algo de reparo por la inseguridad del país, lo que posiblemente me impediría bregar a mi aire por las ciudades, como tanto me gusta. Sin embargo, ya me había hecho a la idea de ir, tal vez no se me presentase otra oportunidad en el futuro y siempre se conoce a gente muy maja en estos grupos de seniors. Así que… adelante.
Johannesburgo.


También me animó que los vuelos fueran con Turkish Airlines y escala en Estambul. El año anterior, este recorrido lo hizo otra aerolínea con escalas en Luanda, lo que no me hacía ninguna gracia y que posiblemente me hubiera llevado a renunciar al viaje. Una vez tomada la decisión, poco a poco fui haciendo algunos preparativos.
Pretoria.


Sanidad.
Como también tenía previsto ir a Vietnam y Camboya, me pasé por Sanidad Exterior del Ayuntamiento de Madrid, en la calle Montesa 22, adonde acudí con cita previa. No tuve problemas por residir en otro municipio ni por ser de Muface. Además de atenderme muy amablemente y entregarme varios folletos con recomendaciones de viaje y la cartilla de vacunación, me prescribieron la vacuna de la hepatitis A (me pusieron allí mismo y de manera gratuita la primera dosis, mientras que la segunda me la tendrían que inyectar pasados al menos seis meses), la de la Fiebre Tifoidea (autovacuna con tres pastillas que tuve que comprar en la farmacia y tomarlas en días alternos un mes antes de la fecha del viaje) y una caja de pastillas de Malarone para prevenir la malaria. Ninguna de las vacunas me produjo efectos secundarios adversos. Finalmente, no tomé Malarone. Ya contaré por qué.
Ciudad del Cabo.


Documentación.
Los españoles no necesitamos visado para estancias de hasta un máximo de 90 días, solo el pasaporte en vigor con al menos dos hojas en blanco y una validez mínima de 30 días a partir de la fecha de la salida del país.
Ruta Panorama.


Seguro.
Un par de días antes de viajar, contraté un seguro con Heymondo (en otras ocasiones utilizo IATI), que, entre otras cuestiones, incluía amplias coberturas de gastos médicos. Elegí la modalidad “Viaje Top”, una de las opciones más completas. Quizás me pasé un poco, pero estos países tan lejanos me dan cierto respeto. Me costó 73 euros.
Parque Botánico Kirstembosch


Climatología.
Si no se va con la idea de bañarse en las playas, septiembre es uno de los mejores meses para visitar Sudáfrica, ya que el invierno está finalizando, con temperaturas agradables y lluvias poco abundantes. No obstante, el país es bastante grande y las condiciones meteorológicas varían de una zona a otra. Algo que pude comprobar durante el viaje y que iré contando a lo largo del diario.
Parque Kruger.


¿Qué llevar en la maleta?
En cuanto a ropa, puse un poco de todo: camisetas, camisas, jerséis, pantalones largos, bañador, sudadera, sombrero, chubasquero, paraguas, forro polar y un par de chaquetas gruesas; tampoco me hubiese venido mal un plumas ligero que no llevé. Además, dos pares de zapatillas deportivas waterproof. No hay que olvidar las gafas de sol y una crema solar de protección alta. En fin, lo normal para un viaje de este tipo.
Península del Cabo.


Tema mosquitos.
En Sudáfrica, solo se da malaria en el Parque Kruger y en la provincia de Mpumalanga (Ruta Panorama, por ejemplo). Septiembre no es un mes en que abunden especialmente los mosquitos, pero aun así es necesario tener cuidado y utilizar un repelente de insectos especial para condiciones tropicales. Yo suelo utilizar Goibi Extrem Forte porque su olor no me molesta tanto como otros. Pero eso va en gustos. También me da muy buen resultado impregnar la ropa que va al aire con permetrina. Así lo hice igualmente en esta ocasión y de nuevo me funcionó.
Parque Botánico Kirstembosch


Tarjeta de datos.
Dado que íbamos a tener wifi en los hoteles, para mis necesidades me serviría una tarjeta prepago que pudiera adquirir en destino, así que no me preocupé demasiado al respecto. Una vez allí, compré una tarjeta de la compañía Vodacom (5G de día más 5G de noche) que funcionó perfectamente durante todo el recorrido salvo en el Parque Kruger, donde no hay cobertura.
Moneda.
La moneda sudafricana se llama Rand y en momento de mi llegada al país, el euro cotizaba a unos 20 Rands.

Pago con tarjetas.
En Sudáfrica, prácticamente todo se puede pagar con tarjeta de crédito, por lo que no es necesario llevar demasiado efectivo encima. Eso sí, las comisiones suelen ser altas, así que conviene utilizar tarjetas que no las cobren o que carguen lo menos posible.
Zona de viñedos de Stellenbosch.


Enchufes y cargadores.
Vi que los enchufes que utilizan en Sudáfrica son diferentes, incluso de los modelos que yo tenía en el cargador universal que llevo cuando viajo, ya que tiene tres patas redondas, dos más finas y una gorda. Compré uno por internet, que me costó ocho euros. Luego, una vez allí, aunque lo utilicé por comodidad, no me hubiera hecho falta, pues en los tres hoteles donde estuvimos había alguna toma con enchufe del modelo europeo. Sin embargo, por los comentarios que he leído en el foro, parece que eso no es lo que ocurre en la mayor parte de los alojamientos.
Adaptador que compré por internet.


Itinerario.
Solo me queda comentar el itinerario, de diez días en total, mucho más corto de lo que me hubiese gustado, sobre todo en la zona norte, pues la parte de Ciudad del Cabo me pareció suficiente. Desde luego, yo hubiese diseñado el recorrido de otro modo, pero este tipo de circuitos son así y así hay que asumirlos, con sus pros y sus contras; o, de lo contrario, no hacerlos. Por mi parte, ya tampoco estoy para viajes de muchos días en países tan lejanos y, además, es la única forma que tengo para conocer ciertos sitios sin arruinarme. Y, salvo un caso muy concreto, no me ha ido mal. Como de costumbre en mis diarios, me limito a contar una experiencia personal sin ánimo de hacer recomendaciones.

Lo que se quedaba más escaso en tiempo era el Parque Kruger, motivo principal por el que mucha gente va a Sudáfrica. En principio, no era lo esencial para mí, sino que más bien me lo tomé como una experiencia nueva que me apetecía conocer; así que no era un inconveniente.
Península del Cabo.


Lugares que visitamos:
- Johannesburgo y Soweto.
- Ruta Panorama: Cañón del Río Blyde, Ventana de Dios y Bourke’s Luck Potholes
- Safari en el Parque Kruger
- Pretoria
- Ciudad del Cabo
- Stellenbosch y zona vinícola
- Península del Cabo
- Parque Botánico Kirstembosch
- Table Mountain (Montaña de la Mesa)
Ciudad del Cabo desde Table Mountain.


Imprevisto de última hora.
Para mí, es muy importante llevar a punto la cámara de fotos, pues siempre la preferiré al teléfono móvil, pese a que tengo que conformarme con una compacta porque no puedo cargar con una máquina más pesada. Y lo era más aún en un viaje como este, en el que esperaba atisbar animales salvajes en su hábitat. Bueno, pues justamente dos días antes de partir, noté que fallaba: funcionaba, pero se había averiado el estabilizador de imagen, lo que influiría mucho en la calidad de las fotos (suelo tomar muchas casi sin enfocar, tal cual veo una imagen que me gusta) y, sobre todo, empleando el zoom, tan necesario en el safari. Ya era mala suerte, pero no había nada que yo pudiera hacer para remediarlo en tan corto espacio de tiempo. Así que… tocaba aguantarse y que saliera lo que fuese, que con frecuencia no fue lo que yo hubiera deseado
.

Naturalmente, conviene llevar unos prismáticos, pero yo desistí, porque con lo que tardo en ajustarlos para mi vista, los bichos van y vuelven veinte veces.
Parque Kruger.


Un viaje con las cuatro estaciones del año.
Y, por fin, llegó el 18 de septiembre, día de la salida. Entonces me di cuenta de una circunstancia insólita: durante el viaje íbamos a movernos en las cuatro estaciones del año, pues salíamos de Madrid en verano, llegaríamos a Johannesburgo en invierno; volveríamos desde Ciudad del Cabo en primavera y aterrizaríamos de nuevo en Madrid en otoño. ¡Qué cosas!
