Actualmente, creo que no hay vuelos directos entre España y Sudáfrica. Los cuatro vuelos internacionales fueron con Turkish Airlines y las escalas, tanto de ida como de vuelta, en Estambul. Parece que estoy abonada a esta aerolínea y a ese aeropuerto este año, pues ya la utilicé en mi viaje a Turquía de la primavera. A mitad del recorrido, hicimos un vuelo local entre Johannesburgo y Ciudad del Cabo con una compañía low cost cuyo nombre no recuerdo.
La guía española -un encanto de mujer, siempre pendiente de todo y de todos, que nos hizo el viaje súper agradable- se presentó en el mostrador de facturación del aeropuerto y, aparte de otras historias logísticas, me comentó que la guía local nos podía proporcionar a quienes las quisiéramos tarjetas de datos locales de prepago para que no perdiésemos tiempo buscándolas una vez allí. Un detallazo por su parte, que agradecí mucho, pues me suponía una tarea menos de la que preocuparme.
De nuevo, me tocó pasearme por el aeropuerto de Estambul.


El vuelo Madrid-Estambul salió y llegó en hora. Fui muy cómoda, pues el avión iba con bastantes plazas libres: me tocó ventanilla y los dos asientos para mí sola. Para la cena, dieron a elegir entre carne y pasta; me decanté por la carne, pues prefería tomar la pasta en el vuelo largo, ya de madrugada.

Al llegar a Estambul, pude vislumbrar la ciudad iluminada. Estaba preciosa. Pese a la masificación, recordé con agrado mi recorrido del pasado mes de mayo allí. ¡Qué ganas de volver!

Por cierto que a mucha gente le extraña que la escala en Estambul represente un avance para ir a Sudáfrica. Se comprende mejor visualizando un mapa.


Aunque la escala fue corta (menos de dos horas), esta vez todo salió perfecto y -¡menuda novedad!- no tuvimos que pegarnos ninguna carrera para pillar a tiempo el vuelo con destino a Johannesburgo, que iba hasta los topes. Durante el trayecto, ofrecieron una cena y un desayuno. Nos repartieron un cartoncito con el menú en turco y en inglés, indicando los platos fijos que íbamos a tomar y los que podíamos escoger, también las bebidas. Para la cena, pedí pasta en vez del pollo. Para desayunar, elegí huevos revueltos (la otra opción era pudding turco).


Además, nos proporcionaron un cojín, una manta, auriculares de cabeza y un neceser muy majo en tonos verdes y lagarto Lacoste (no sé sí "fake" o no) con tapones para los oídos, zapatillas, calcetines antideslizantes, antifaz (lo perdí), pasta y cepillo de dientes. Vi algunas cosillas nuevas respecto a otras ocasiones. Como de costumbre, pantallas individuales con entretenimiento variado, también en español. Aunque iba en asiento de pasillo, el vuelo se me hizo sumamente pesado y apenas logré dormir algún que otro rato.


Unos pocos datos sobre Sudáfrica.
Para entretenerme, estuve repasando el artículo de Wikipedia sobre la historia de Sudáfrica, que llevaba descargado en el teléfono y del que pongo un resumen a continuación.
El nombre oficial del país es República Sudafricana, está situado en el África austral y se organiza en 9 provincias. Tiene una superficie de 1.219.090 kilómetros cuadrados y una población cercana a los sesenta y cuatro millones de habitantes (según los datos que nos daría posteriormente nuestra guía local). Posee 2.798 kilómetros de costa en los océanos Atlántico e Índico y limita al norte con Namibia, Botsuana y Zimbabue, al este con Mozambique y Suazilandia (Esuatini); Lesoto, por su parte, es un país completamente rodeado por territorio sudafricano.
Foto del mapa que nos mostró nuestra guía local de la zona norte.


Tiene tres capitales: Pretoria, sede administrativa y del poder ejecutivo; Bloemfontein, capital del poder judicial; y Ciudad del Cabo, sede del Parlamento y del poder legislativo.
Parlamento sudafricano en Ciudad del Cabo.


Es un país muy diverso en casi todos los sentidos: cultural, religioso, lingüístico… El 80 por 100 de la población es de raza negra, aunque de diferentes grupos étnicos, y cuenta con 12 idiomas oficiales. La desigualdad social y económica es otra de sus características, pues el 1 por 100 de la población acapara más del 70 por 100 de las riquezas, mientras que el 60 por 100 de los más pobres no llega al 7 por 100. Y lo peor es que se trata de un país rico en agricultura y recursos naturales. Estos datos tuvimos ocasión de confirmarlos durante nuestro recorrido y me parecieron tan interesantes que los iré comentando a lo largo del diario.

En Sudáfrica se encuentran algunos de los yacimientos paleoantropológicos más antiguos del mundo y su territorio estuvo habitado por diferentes especies de “homo” desde hace cientos de miles de años. Los bosquimanos fueron los primeros grupos humanos modernos en asentarse allí y a lo largo del tiempo aparecieron nuevas tribus, predominantemente de raza negra, destacando los xhosa y los zulús. Los europeos llegaron en 1652, cuando la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales estableció un asentamiento que se convertiría en Ciudad del Cabo. En 1809, pasó a ser colonia británica. Los bóeres o afrikáners (originarios de Países Bajos, Francia, Flandes y Alemania) junto con los británicos se expandieron hacia el norte, entrando en conflicto y guerras por la posesión del territorio con las etnias nativas, los zulús y los xhosas, principalmente. El descubrimiento de minas de diamantes (1867) y de oro (1886) hizo crecer la economía y atrajo una fuerte inmigración europea que terminó subyugando a la población indígena.

Situación del territorio de la actual Sudáfrica a mediados del siglo XIX y evolución de su bandera (foto de las hojas informativas plastificadas que nos facilitó la guía local que tuvimos en el norte del país).


Tras las guerras bóeres, en 1910, Sudáfrica logró de los británicos una independencia limitada que no hizo sino reafirmar la supremacía de la minoría blanca y las políticas de segregación racial, conocidas como “apartheid”, que se prolongaron entre 1948 y 1992, pese al unánime rechazo internacional. En ese periodo, se sucedieron crueles masacres como la de 1976 en Soweto, la creación de la República Sudafricana en 1961 y la consolidación de la figura de Nelson Mandela como un símbolo de la lucha de los negros por la consecución de sus derechos civiles, que le llevó a pasar 27 años en prisión. En 1989, llegó al poder el presidente De Klerk, que fue relajando paulatinamente el apartheid y excarceló a Mandela en 1990. En 1993, se les concedió a ambos el Premio Nobel de la Paz. En 1994, se celebraron elecciones libres en las que Mandela fue elegido presidente, cargo en el que se mantuvo hasta 1999. Sin embargo, el proceso democratizador y de reconciliación nacional no ha conseguido que la mayoría negra salga de la pobreza, pues pese a haber perdido el poder político, la minoría blanca sigue detentando el poder económico real.

Después de nueve horas de vuelo, aterrizamos en el aeropuerto internacional Oliver Reginald Tambo de Johannesburgo aproximadamente a las diez de la mañana.
