Por fin llega nuestro tan deseado día, el 4 diciembre, que indicaría el comienzo de nuestra aventura por Sri Lanka.
Los dos vivimos en Vigo, por lo que esa misma mañana cogimos un vuelo a Madrid que nos permitiese llegar con margen al siguiente vuelo, que era a las 15:20. Llegamos a Madrid a las 11:15, por lo que teníamos 4 horas de espera en el aeropuerto, las cuales he de decir que se pasaron rápido. Los siguientes vuelos serían con Qatar Airways, por lo que desde Madrid hicimos una escala en Doha de 1 hora y media y ya nos dispusimos a embarcar para nuestro destino, Colombo, para el que nos esperarían unas 4 horas y media de viaje.
He de decir que se nos pasó el tiempo volando (literalmente) y entre varias pelis, las comidas del avión y alguna que otra siesta, llegamos a nuestro destino a las 9:30 de la mañana del día siguiente. Yo intenté dormir un poco en el último vuelo para estar descansado al día siguiente, aunque Aitana no fue capaz y notaría las consecuencias más adelante.
Ya en el aeropuerto de Colombo, aunque en realidad está en Negombo, nos sentimos como en el escenario de una película de los años 80. El decorado parecía de época y la luz lúgrube que alumbraba las instalaciones ayudaba a sentirse en ese ambiente.
Tras leer el foro antes del viaje, decidimos comprar la SIM mismamente en el aeropuerto, y fue un acierto. Con la compañía DIALOG, la más recomendada aquí, tuvimos cobertura perfectamente durante todo el viaje y a un precio irrisorio -5€, 20 GB-.
Ya con datos en el móvil, nos dispusimos a contactar con nuestro transfer encargado de llevarnos a Sigiriya. Este fue nuestro primer contratiempo -aunque se solucionaría rápido- ya que hubo un malentendido con la agencia Sri Lanka Holidays y estos habían entendido que el transporte elegido era un bus compartido, además de avisarnos durante nuestro vuelo que justamente ese día finalmente no se llevaría a cabo el bus. A pesar del error, fueron rápidos gestionando el transporte, y en media hora tendríamos a nuestro conductor esperándonos, que también sería nuestro driver para el posterior viaje de Kandy a Ella, debido al corte de las vías del tren afectadas por el ciclón. La agencia nos hizo un descuento en el precio -o eso nos hicieron creer- por el malentendido y nos rebajaron de 16.000 rupias a 12.000 -unos 32 euros-. Nuestro driver, muy majo, se llamaba Gihan Sandeepa y nos dio su número para gestionar unilateralmente próximos viajes. Dejo su número ya que por lo que pudimos comparar, tenía precios bastante competitivos (+94 77 838 1299).
Todavía nos esperaban unas 3 horas y media de viaje en coche, y ya después de 3 aviones estábamos deseando llegar a nuestro apartamento para descansar un rato. A Aitana no le duró mucho la batería, y pocos minutos después de subir al coche se le empezaron a cerrar los ojos. Yo, estimulado por la adrenalina del viaje y ver nuevos paisajes, iba mirando por la ventana mientras conversaba a ratos con nuestro diver. Por el camino paramos en un puesto de carretera para beber nuestro primer coco, al cual nos invitó Gihan, ganándose así la posterior propina. Tras un par de cabezaditas más de Aitana, al fin llegamos a nuestro destino en Sigiriya para las dos siguientes noches. El sitio se llamaba Shan Mango Homestay, y como su nombre indica -no da lugar a equívoco-, está rodeado de árboles de mango. Os recomiendo totalmente este alojamiento -67€ dos noches con desayuno incluido- gestionado por una familia súper amable y atenta.

Una vez dejamos organizada la habitación, fuimos al centro de Sigiriya a recargar pilas. Encontramos un local donde tomar un brunch a las 18 de la tarde (Moats Café), y que sería nuestra última comida del día, ya que esa noche nos íbamos a ir pronto a dormir debido al cansancio acumulado y que además al día siguiente nos teníamos que despertar a las 6 de la mañana para comenzar nuestro safari.
Al día siguiente quedamos a las 6:30 de la mañana en la puerta de nuestro apartamento para ir desde allí en Jeep al safari. Todo esto fue gestionado por el dueño del local el día anterior y nos costó en total 20.000 rupias (unos 55 euros) incluyendo tanto entrada al parque como el conductor. Poco más tarde de empezar nuestro día, tuvimos nuestro segundo percance -también se solucionó rápido. En el trayecto del apartamento al parque, paramos a retirar dinero para pagar al conductor. Debido a mi inexperiencia en estos temas de sacar dinero -como persona perteneciente a las Generación Z pago todo con tarjeta- se me olvidó la tarjeta en el cajero después de coger el dinero, aunque no me daría cuenta hasta que ya estábamos en el safari. Como somos una pareja tranquila y estoica, seguimos disfrutando del momento una vez bloqueada la tarjeta y tras ver que no se había realizado ningún cargo a mayores.
Más tarde volveríamos al banco y al ver que la tarjeta no estaba, supusimos que se la habría tragado el cajero, así que decidí anularla completamente y hacerme otra tarjeta nueva al momento con Revolut, ya que así podría pagar por lo menos desde el móvil.
El safari lo hicimos en el Hurulu Eco Park, parque natural cercano a Minneriya, y el cual es más barato. Tampoco tuvimos poder de decisión ya que el dueño del apartamento gestionó todo, pero fue otro acierto. Creemos que es un parque menos concurrido que Minneriya, ya que en nuestro safari no observamos muchos Jeeps -nos cruzábamos siempre con los 5 mismos coches- y hasta pudimos observar una familia de unos 15 elefantes nosotros solos, sin ningún coche más a nuestro alrededor. Íbamos con un poco de preocupación, porque el día anterior nos habían dicho que el mejor momento para avistarlos era en el safari de tarde, pero mantuvimos nuestro plan y pudimos llegar a ver en las 3 horas que duró nuestro safari, a casi 25 elefantes aproximadamente. Nos hizo mucha ilusión, además de por ser nuestro primer safari, porque nos encantan los animales y poder haberlos observado en total libertad y sin el acoso de los Jeeps de otros parques fue todo un lujo.

Ya de vuelta en el apartamento, la familia nos tenía preparado el desayuno, que consistió en un manjar de comidas típicas srilankesas además de café y té. Como Aitana es vegana, avisamos previamente para concertar un desayuno sin proteína animal, ya que cuando estoy con ella yo también como vegano para poder compartir platos y probar más cosas diferentes. Nos prepararon una mezcla de platos salados y dulces, de los cuales nos llamó la atención como unas crepes rellenas de una masa de coco -aunque repletas de azúcar- igual por eso estaban tan ricas.
Una vez terminamos nuestro desayunos, me relajé un poco en la piscina del Homestay mientras Aitana se echaba una siesta. (Sí, a las 12 de la mañana). Hicimos un trato para que ella pudiese disfrutar del día ya que estaba muy cansada y yo en los viajes acostumbro a tener energía infinita -o casi-.
Al mediodía nos esperaba nuestra siguiente parada, ni más ni menos que las cuevas y el templo de Dambulla. Cogimos nuestro pimer tuktuk -por la aplicación Pickme, imprescindible- y nos dirigimos a esta pequeña ciudad, a unos 25 minutos en tuktuk de Sigiriya. Nuestra primera visita fueron las cuevas de Dambulla, que se trata de un complejo de 5 cuevas excavadas en la propia montaña con templos en su interior. Me recordó bastante a Setenil de las Bodegas, donde mis padres tienen unos amigos y según ellos tendrían que estar hermanados con Dambulla. Para entrar, tuvimos que pagar una entrada de 3.000 rupias, quitarnos los zapatos -como en todos los templos budistas- y taparnos los brazos y las piernas. Merecen la pena ya que las figuras del interior están muy bien conservadas y es un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad.

Una vez fuera, pudimos observar una gran cantidad de monos y perros callejeros -que están por todo el país, desgraciadamente-. También aprovechamos nuestra visita a Dambulla para observar la estatua gigante de Buda llamada el Templo de Oro, el cual su nombre tampoco da lugar a equivocación.

Ya eran las 3 del mediodía, aunque ya solo quedaban otras tantas horas de luz, y nuestro plan era ir a ver el atardecer a la Pidurangala rock -nunca supe escribirlo bien, tuve que buscarlo-. Nos decidimos por ir a esta roca en vez a la del León ya que la entrada es bastante más barata -3€ vs 30€- y en mi opinión, las vistas son más bonitas con la Lion's rock de fondo que desde la propia roca.
De modo que en otra media hra en tuktuk, ya estábamos en el inicio del recorrido para iniciar nuestra subida a la roca. Es una subida sencilla, salvo el tramo final, en el que hay que "escalar" un poco -los escaladores de verdad me matarían ahora mismo-. Digamos que hay que hacer uso de las manos y alguna que otra cuerda para poder llegar a la cima. Calculo que la subida nos llevó un poco menos de media hora, aunque somos una pareja deportista -vamos al gimnasio pero no hacemos cardio-. Una vez arriba, nos sacamos nuestras fotos de rigor presumiendo de la camiseta del Celta y esperamos hasta que se puso el sol. Intentamos bajar rápido ya que presuponíamos que se iba a montar un atasco y efectivamente así sucedió, aunque finalmente no duró mucho.

Teníamos bastante hambre ya que no habíamos comido desde el desayuno, ya que Aitana tenía mejores cosas que hacer (como echarse una siesta) por lo que lo primero que hicimos al bajar de la roca fue buscar un sitio cerca para devorar. Nos decantamos por el Sigiriya Wew Thawulla Restaurant, el cual fue nuestro pimer acercamiento al rice & curry, los rotis y los noodles, todo ello vegano. Tres platos para los dos, que puede parecer mucho, pero era tal el hambre, que no sobró nada.

Con la barriga llena, cogimos otro tuktuk hacia nuestro apartamento y descansar para nuestra siguiente etapa.