Viernes 26 de septiembre
El vuelo de Egyptair despegó a las 5 menos cuarto de la tarde y cruzó sin novedades el Mediterráneo mientras el sol a nuestras espaldas se acercaba rápido a la tierra.
Cuando volamos por sobre Grecia ya era de noche y una reluciente hilera de luces desde Atenas al Canal de Corinto nos regaló un inolvidable espectáculo. Después un trocito de Creta y ya las primeras luces del poblado Delta del Nilo.
En el mapa de vuelo el aeropuerto de El Cairo se veía cerca pero nuestro avión parecía no querer aterrizar. Y volvía para atrás, y giraba en círculo una y otra vez sobre las luces infinitas de la ciudad.
Eran las 11 de la noche cuando por fin tocamos tierra.
El aeropuerto estaba bastante tranquilo y los trámites de pagar y conseguir el visado fueron rápidos.
Lo que se hizo muy largo fue la espera de maletas. Ya era medianoche cuando vamos a comprar la imprescindible targeta SIM al puesto de Orange. Gastamos unos 20 euros con datos y llamadas y funcionó perfectamente durante todo el viaje.
El aeropuerto se iba quedando totalmente vacío. En el gran vestíbulo un taxista solitario nos ofreció llevarnos al hotel por 30 euros que con una corta negociación se quedaron en 20. Perfecto.
Pero aún nos faltaba conseguir libras egipcias. Nosotros somos de los que viajan usando moneda local y la targeta solo cuando nos parece conveniente. Así que, en la única oficina que encontramos abierta cambiamos los primeros( y únicos) 500 euros del viaje.
El cambio estuvo correcto pero nos dieron todo el dinero en billetes de 50 libras !!!. Si redondeamos 50 libras a 1 euro nos encontramos de pronto con unos 500 billetes bien ordenados en un montón de fajitos que metimos como pudimos en la bolsa de mano.
El taxista nos contempla sonriente y con aire protector hasta que acabamos la operación. Por fin nos lleva hasta su coche y, a la una y media dejamos el aeropuerto.
Cruzar El Cairo a estas horas es más fácil que durante el día. Pero la distancia entre el aeropuerto y nuestro destino no es corta. Cruzamos carreteras y avenidas. Vimos algunas imágenes conocidas. Cruzamos el Nilo, la avenida de las Pirámides y ya nos metimos por los pequeños y entrañables callejones del barrio de Giza.
HOTEL HAYAT PYRAMIDS VIEW -
Quiero comentar que nosotros somos de los que se sienten más a gusto en barrios populares y "caóticos" como éste, que en zonas más modernas y occidentalizadas. Por este motivo y, a pesar de los muchos comentarios negativos que leí sobre la zona, elegí pasar en Giza 5 noches y resultó una muy buena decisión.
A esta hora, el callejón del Hotel Hayat estaba vacío y el vestíbulo del hotel a oscuras.
Pero cuando el taxi se detuvo frente a la puerta fue como si empezara la función. Una función solo para nosotros que nunca olvidaré.
Se encienden las luces. Aparece el sonriente personal del hotel que se hace cargo de las maletas. Aparece el jefe que nos acompaña al ascensor. Arriba, arriba ... hasta el último piso.
Y allí nos recibe una de las mejores imágenes del viaje.
Son las 2 de la madrugada y por muchas fotos que hubiera visto de esta terraza, la realidad supera con creces todo lo imaginado.
Es algo difícil de explicar. No se si es el silencio, las dimensiones sobrehumanas, la luz suave, el orden. Es la imagen perfecta.

Escalofríos de emoción y furtivas lágrimas en los ojos. Una fresca copa de zumo en la mano. Y unos minutos eternos que ya casi justifican el viaje a Egipto.
El jefe con su libreta en la mano me despierta del ensueño y casi nos obliga a sentarnos en la mesa con vistas. Ahora "bussines" va repitiendo. Y sin compasión empieza el interrogatorio sobre nuestros planes para los 4 días que vamos a pasar aquí.
La verdad es que desde el hotel se puede organizar todo lo que necesites a precios normales. Pero yo ya tenía claros mis planes y tan solo necesitaba transporte para todo el día de Saqqara, ida y vuelta al GEM y transporte al aeropuerto. Acabamos acordando todo por 80 euros y aún añadimos transporte al antiguo museo para la mañana siguiente.
Son las 3 de la madrugada cuando entramos en la perfecta habitación del tercer piso. Tras la cortina de la generosa ventana tenemos para nosotros solos la mágica explanada de Giza.
Confieso que a pesar del cansancio me levanté un par de veces durante la corta noche para comprobar que no era un sueño.