Sábado 27 de septiembre
La habitación del Hayat es muy acogedora y descansamos de maravilla hasta las 8 de la mañana.
Cuando abrimos la cortina de la gran ventana, el espectáculo es tan irreal, tan imposible que nos deja otra vez maravillados.



Y subimos a la mágica terraza. Y contemplamos la dorada luz de la mañana sobre las pirámides. Y nos sentimos muy felices por como ha empezado nuestro viaje a Egipto.
El desayuno es correcto sin más. Hay un pequeño buffet con frutas, quesos, el delicioso pan egipcio, café de sobre, bollería y no recuerdo más. En la terraza todos estamos más atentos a las imágenes que nos rodean que al contenido del plato. El desayuno se interrumpe muchas veces para hacer una y otra foto como si las imágenes ancestrales fueran a desaparecer.

A las 10 bajamos al vestíbulo donde nos espera el taxi que va a llevarnos hasta la Plaza Tahrir para visitar el
MUSEO EGIPCIO -
El viejo entrañable museo o como alguien dice el Museo del Siglo XIX.

Guardamos muy buenos recuerdos de este museo y hemos querido empezar aquí el viaje con la idea de conseguir el CAIRO PASS y pasar la mañana entre viejos recuerdos y viejos tesoros.
Resultó entrañable la pequeña oficina y la tranquilidad del funcionario copiando nuestros datos, pegando las fotos y guardando los 240 euros en el pequeño cajón. Eran imágenes de una antigua película mucho más valiosas para nosotros que las frías y relucientes entradas a los nuevos espacios del siglo XXI. Ojalá que este viejo museo nunca cambie !!.
Y ya empezamos a deambular despacio y sin orden dejándonos atrapar por cualquier objeto que nos llamara la atención.


En este diario no voy a hablar de historia, de nombres, de fechas y de cualquier información precisa que se puede encontrar en otros diarios. No tengo suficientes conocimientos de egiptología ni me interesa demasiado archivar nombres y fechas que luego voy a olvidar. He venido a Egipto a buscar emociones y a dejarme atrapar por la magia de esta antigua y misteriosa cultura. Y tan solo de esto puedo hablar en este relato.


Y contemplamos regios sarcófagos de piedra y antiguas cerámicas que son nuestra debilidad
Y así nos emocionamos de nuevo en la sala de Akhenaton, mi faraón preferido.
Y saludamos al elegante Anubis y a la entrañable Hathor.
Y nos enamoramos de las perfectas esculturas del período antiguo.
Y de las policromías de los perfectos sarcófagos.

Y revisitamos el Tesoro de Tutankhamon que se está preparando para el traslado a su nueva casa en el GEM.
De hecho vimos muchos empleados afanandose en empaquetar piezas que van a exponerse en el nuevo museo. Ya se nota mucho que el viejo museo está bastante menos congestionado.

Son más de las 2 y ya tenemos bastante. Hay una agradable cafetería en el patio de salida donde nos tomamos una ligera y sabrosa comida.
Afuera el caos de la plaza Tahrir y calles vecinas no nos apetece mucho. Así que paramos un taxi para llegar al cercano
PALACIO MANIAL -
Un oasis de paz junto al Nilo que fue residencia del príncipe Mohamed Alí.
Lujos islámicos ligeramente abarrocados.


Una preciosa Mezquita de estilo marroquí decorada con cerámicas turcas en su interior.



Y un gran y refrescante jardín lleno de gatos y de parejas de novios que vienen aquí para sus fotos de boda.
Nos tomamos un delicioso café egipcio (o turco?) y nos olvidamos por un rato del caótico Cairo que nos rodea.
Ya tenemos bastante por hoy. Otro taxi en la calle que por menos de 5 euros nos devuelve a nuestra casa en Giza.
Aquí, el otro caos. El que nos gusta. Una ecléctica y vital mezcla de coches, motos, tuc tucs, caballos y camellos. Turistas y locales. Todos se mueven sin prisa por las calles de Giza. Hoteles y terrazas con vistas. Restaurantes, tiendas para turistas y tiendas para egipcios. Olorosas panaderías trabajando en sesión continua, ... Giza !!!.



Y el sol que se va acercando sin tregua a las impasibles pirámides que se vuelven de fuego por la magia del ocaso.
Desde la maravillosa terraza del hayat el espectáculo es sublime.


Contemplamos inmóviles la caida del astro rey que se esconde junto a la Pirámide de Kefren dejando el espacio bañado en una misteriosa y sugerente penumbra.
No vamos a movernos de aquí. Así que pedimos unas pizzas y seguimos disfrutando de nuestra terraza hasta las 9 de la noche.


Desde la ventana de la habitación volvemos a comprobar que todo sigue en su sitio.
Y nos acostamos pronto porque mañana salimos temprano para El Fayum.
Y nos dormimos tranquilos con la certeza de estar donde queríamos estar que es una de las sensaciones más reconfortantes de un viaje.