La iglesia de Mosta, conocida como la Rotunda de Mosta, es uno de los edificios religiosos más impresionantes de Malta y uno de los templos con cúpula más grandes del mundo. Se construyó en el siglo XIX siguiendo un diseño inspirado en el Panteón de Roma, con una planta circular y una cúpula monumental que domina todo el paisaje de la localidad. La cúpula es el elemento más llamativo: tiene un diámetro de más de treinta y cinco metros y está considerada una de las cúpulas autoportantes más grandes de Europa. Su tamaño y su forma hacen que desde muchos puntos de la isla se vea su silueta redondeada elevándose sobre las casas.
En el exterior vemos un pórtico hexástilo: seis columnas corintias de gran diámetro y fuste liso, elevadas sobre un podio bajo. Sostienen un frontón triangular de proporciones amplias, con cornisa muy marcada y una inscripción latina en el friso.
Dos torres campanario gemelas: se sitúan a ambos lados del pórtico. Tienen tres cuerpos, con vanos rectangulares y balcones de piedra. Cada torre remata en una pequeña cúpula con linterna.
Los muros laterales son lisos, apenas decorados. El acceso principal se encuentra en una puerta de madera oscura, de gran altura, encajada entre las columnas centrales. Sobre ella, un entablamento secundario refuerza la verticalidad.
La fachada es más ancha que alta, pero el pórtico y las torres compensan visualmente la masa de la gran cúpula que se eleva detrás.
La cúpula tiene un diámetro aproximado: 37–40 metros en su parte más ancha. Domina todo el perfil del templo y supera claramente la altura del pórtico y las torres, como comenté.
El tambor es cilíndrico, alto y macizo, con muros gruesos y ventanas regularmente espaciadas que aligeran la masa y permiten la entrada de luz al interior. La curvatura de la cúpula es semiesférica, sin quiebros ni cambios de pendiente, lo que refuerza la sensación de un casquete perfecto. La superficie está revestida con piedra caliza maltesa, ligeramente más clara que la de la fachada. La decoración es mínima, con un patrón vegetal.
La Rotonda de Mosta lleva una única inscripción exterior, situada en el friso del pórtico bajo el frontón. Es un texto en latín, tallado en relieve bajo y con tipografía romana clásica, muy regular y sin ornamentación añadida.
La inscripción dice: VIRGINI SIDERIBVS RESTITVTAE TEMPLVM
Su traducción literal es: “Templo dedicado a la Virgen restituida a los cielos”, una referencia directa a la Asunción de María, a quien está consagrada la iglesia.
El interior es amplio, luminoso y muy equilibrado, con columnas, capillas laterales y una decoración que mezcla sobriedad neoclásica con detalles ornamentales típicos de las iglesias maltesas. La luz entra por el óculo superior y crea un ambiente muy sereno. A pesar de su tamaño, el espacio se siente armonioso y bien proporcionado, y la acústica es excelente, lo que hace que a veces se celebren conciertos de música sacra.
La superficie interior de la cúpula está dividida en anillos concéntricos. El anillo inferior de la cúpula descansa sobre un tambor alto con ventanas rectangulares enmarcadas por molduras. Hay rosetas centrales en cada casetón: pequeñas flores o motivos radiales en relieve, muy sobrios, que dan textura sin romper la uniformidad.
En el tambor, entre las ventanas que sostienen la cúpula, hay pinturas rectangulares enmarcadas por molduras clásicas. Representan escenas de la vida de la Virgen y episodios bíblicos vinculados a la Asunción. Son obras de estilo académico del siglo XIX, con figuras idealizadas.
Cada capilla radial del perímetro tiene su propio retablo pintado. Son óleos sobre lienzo, de formato vertical, dedicados a santos concretos: San José, San Pablo, Santa María Magdalena, entre otros.
Uno de los episodios más conocidos de la historia de la iglesia ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. En 1942, Malta estaba sometida a un bombardeo casi continuo por parte de la Luftwaffe y la Regia Aeronautica. Abril fue uno de los meses más duros: el objetivo era “bombardear Malta hasta la rendición”, neutralizar la isla para proteger los convoyes del Eje hacia el norte de África. El día de los hechos fue el 9 de abril de 1942, por la tarde. En la iglesia se celebraba una ceremonia de oración —Ora Santa, adoración al Santísimo— y había unas 300 personas dentro. En plena liturgia, sonó la alarma y, poco después, un avión alemán deja caer varias bombas sobre la zona de Mosta. Tres de ellas tenían como objetivo la iglesia: Una rozó uno de los campanarios y cayó frente a la fachada. Otra impactó en la parte posterior del edificio. La tercera es la que pasará a la historia: atraviesa la cúpula, cruza el interior de la iglesia y cae al suelo… sin explotar.
El recorrido de esa bomba es casi de película: perforó la cúpula, rompió parte de la decoración, golpeó una zona del muro interior y terminó en el pavimento. El impacto hizo estallar los cristales de las ventanas; cayeron fragmentos de piedra y polvo desde lo alto. No hubo ni muertos ni heridos.
Ese hecho se considera un milagro en Malta y forma parte de la memoria colectiva del país. Evidentemente fue un fallo del mecanismo. Hoy se conserva una réplica de la bomba en una pequeña sala lateral, junto a fotografías y testimonios de la época.
No es un caso aislado. Durante el Blitz, en 1940, una bomba alemana cayó sobre la catedral de Coventry y no detonó. Fue retirada por artificieros y se convirtió en un símbolo de resistencia y reconciliación. La catedral de St.Paul de Londres vivió por lo mismo también en 1940.
Pero no hace falta irnos a Reino Unido. La noche del 3 de agosto de 1936, apenas comenzada la Guerra Civil, varios aviones republicanos bombardearon Zaragoza. Dos de las bombas cayeron directamente sobre la Basílica del Pilar, que en ese momento estaba abierta y con fieles dentro. Una bomba atravesó el techo y cayó en el interior del templo. Otra impactó en el exterior, muy cerca de la Santa Capilla. Una tercera cayó en la plaza, sin explotar.
Las dos que entraron en la basílica no detonaron, a pesar de que eran bombas de aviación de gran potencia. Si hubieran explotado, habrían destruido la Santa Capilla y buena parte del templo, y habrían causado una masacre.
La construcción de la iglesia de Mosta fue financiada en gran parte por los propios habitantes de Mosta, que querían un templo monumental para su comunidad. El resultado es una obra que combina ambición, devoción y un dominio notable de la ingeniería de la época. La plaza que la rodea es un punto de encuentro habitual y durante las fiestas patronales se llena de luces, música y procesiones que realzan aún más la presencia imponente de la Rotunda.
El refugio antiaéreo: es un túnel excavado durante la Segunda Guerra Mundial, usado por los habitantes de Mosta para protegerse de los bombardeos. Está restaurado, iluminado y señalizado. Se puede ver con el precio de la entrada (5 euros). Es bastante pequeño. Hay objetos de la época y paneles informativos.
La iglesia no tiene WC pero podemos ir a la Cafetería Dome sin tomar nada.
Frente a la iglesia hay una estatua que representa un león sentado, con la cabeza elevada y expresión vigilante. El estilo es realista, sin excesos decorativos, pensado para integrarse con la arquitectura neoclásica del entorno. Está tallado en piedra caliza maltesa, del mismo tono dorado que la Rotonda, lo que crea continuidad visual. El pedestal es simple, de líneas rectas, sin inscripciones ni ornamentación añadida. Se cree que simboliza la resistencia de la ciudad durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.