Biete Giyorgis (“Iglesia de San Jorge”)
Cuando pensábamos que había terminado la visita del día de hoy (ya que la Iglesia de San Jorge estaba previsto visitarla mañana) y pensando que nos están llevando de vuelta hacia el minibus, llegamos a un mirador con vistas a la Iglesia de Saing George. Otro sitio mágico que nos llevamos en nuestras retinas.

Es la más famosa y fotografiada de todas. Presenta una planta en forma de cruz griega, perfectamente proporcional. Totalmente excavada en un solo bloque de roca roja, se encuentra rodeada por un profundo foso circular. Se puede bordear desde arriba para obtener una bonita imagen de la iglesia. Ojo, no hay barandillas. Así que si te quieres acercar el máximo posible sin correr riesgos puedes hacer eso de tumbarte en el suelo bocabajo y avanzar despacio.

Para acceder hay que bajar por una rampa que va rodeando la iglesia por el exterior hasta llegar a un pequeño túnel que da acceso al recinto. Al rodearla, desde una de las esquinas se consigue buen ángulo para captarla al completo.

En el interior encontramos un espacio sencillo, decorado con arcos y columnas, además de relieves de cruces. Es mucho más bonita y espectacular por fuera que por dentro.

Deshacemos los pasos. Y ahora sí que nos vamos a comer. Aunque no sin antes despedirnos de esta maravilla durante un bonito atardecer (espectacular foto, José).

Souvenirs
En el camino hacia el minibus pasamos por los puestecillos. Nos llama mucho la atención que uno de los artesanos está pintando escenas de las iglesias en pieles previamente cortadas. El resultado queda muy vistoso y estuvimos a punto de comprar una, pero no teníamos ni idea de donde encajaría en nuestra vivienda. Así que nos conformamos con comprar algunas cruces para colgantes.

Almuerzo y cena
Aunque era bastante tarde. No teníamos sensación de hambre, imagino que sería de la emoción de la visita que habíamos hecho. Comimos en un restaurante local y de ahí al hotel. Dejamos las maletas y bajamos para dar una vuelta, aunque desistimos en unos minutos, pues se estaba haciendo de noche y estaban cerrando tanto los puestecillos como las tiendas. Así que una duchita, hablamos un rato con nuestras hijas por videollamada y nos reunimos en la terraza del restaurante del hotel para tomar una cerveza y charlar mientras nos da hambre para cenar. Tanto el almuerzo como la cena fueron a la carta.