La Iglesia de Santa Sofía es el edificio religioso más antiguo de la capital búlgara y uno de los monumentos paleocristianos más importantes del sureste de Europa. Su nombre —Hagia Sofía, “Santa Sabiduría”— acabó dando nombre a toda la ciudad en el siglo XIV, cuando Sofía sustituyó oficialmente a Serdica como denominación urbana.
El lugar donde se levanta la iglesia era originalmente la necrópolis romana de Serdica, con tumbas, mosaicos y un teatro del siglo II. Sobre este espacio funerario se construyeron dos iglesias del siglo IV, destruidas por invasiones godas y hunas. La estructura actual corresponde a la quinta iglesia levantada en el lugar, construida durante el reinado de Justiniano I en el siglo VI, contemporánea de la gran Santa Sofía de Constantinopla.
La iglesia actual es una basílica de cruz inscrita, con tres altares, dos torres orientales y una cúpula central. Está construida en ladrillo y presenta una arquitectura sobria, característica del cristianismo temprano.
El interior conserva mosaicos paleocristianos con motivos de flora y fauna, así como pavimentos ornamentales originales. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura paleocristiana del sudeste europeo.
Durante el dominio otomano, la iglesia fue convertida en mezquita. Se destruyeron los frescos medievales y se añadieron minaretes, uno de los cuales se derrumbó tras los terremotos del siglo XIX. La mezquita quedó finalmente abandonada. A partir de 1900 comenzaron los trabajos de restauración que devolvieron al edificio su carácter cristiano original. Desde entonces, Santa Sofía se ha consolidado como uno de los monumentos más valiosos del patrimonio búlgaro. Como templo dedicado a la Santa Sabiduría, el interior contiene iconos de Sofía como Cristo Emmanuel, representado como un joven Cristo sentado sobre un arco iris. También se veneran iconos de santos históricos como San Jorge y San Vladímir.
La necrópolis bajo la Iglesia de Santa Sofía es el conjunto funerario más importante de la antigua Serdica, activo entre los siglos I a. C. y IV d. C. Se trata del núcleo sagrado original sobre el que, siglos después, se levantaron sucesivamente cuatro iglesias paleocristianas y, finalmente, la basílica justinianea del siglo VI.
La necrópolis ocupaba el área central de Serdica y estaba saturada de estructuras funerarias de muy diversa tipología. Hay cistas de piedra de factura tosca (siglos I a. C.–I d. C.); tumbas individuales de ladrillo, cubiertas con lápidas (siglos I–III d. C.); grandes sepulcros familiares con arcos y pequeñas cúpulas (siglos II–IV d. C.); túmulos funerarios y sarcófagos romanos y restos del teatro romano del siglo II, que también formaba parte del paisaje urbano del entorno.
En total, se han documentado 56 tumbas conservadas, integradas hoy en el museo subterráneo.
Sobre esta necrópolis se construyó, en el primer cuarto del siglo IV, la primera iglesia cristiana del lugar, probablemente un martyrion de apenas 25 m² destinado a custodiar reliquias de mártires.
A lo largo de los siglos IV–VI se sucedieron cuatro iglesias: un pequeño martyrion; una ampliación hacia el oeste; una basílica de tres naves y una cuarta iglesia, también basilical, de mayor tamaño. Finalmente, en el siglo VI, se levantó la gran basílica justinianea, la actual Santa Sofía.
El pequeño martyrion tenía un pavimento muy sencillo, realizado con la técnica denominada opus signinum, una mezcla de mortero con fragmentos cerámicos triturados. Era una solución económica, propia de una comunidad cristiana aún modesta. Sin embargo, en la zona del ábside existía decoración musiva (de mosaicos) con simbolismo cristiano relacionado con la idea del Paraíso y la salvación.
Cuando el edificio se amplió hacia el oeste, se colocaron nuevos pavimentos de mosaico. Parte de estos mosaicos se conserva in situ y puede verse en el nivel arqueológico bajo la basílica actual. Los motivos son principalmente geométricos y vegetales, típicos del arte paleocristiano de los siglos IV-V.
Las dos basílicas sucesivas presentaron pavimentos más ricos y complejos. Se han hallado fragmentos de mosaicos polícromos con decoraciones geométricas, florales y fauna simbólica cristiana. A medida que la comunidad cristiana de Serdica fue adquiriendo importancia, los materiales y la calidad artística de los suelos mejoraron notablemente.
La gran iglesia construida en época de Justiniano conservó la tradición de los pavimentos musivos. Las fuentes describen el suelo de la basílica decorado con elaborados mosaicos paleocristianos de motivos ornamentales, vegetales y animales. Aunque gran parte se ha perdido, los restos encontrados muestran una ejecución más refinada y monumental, acorde con una iglesia de rango metropolitano.
En el museo subterráneo bajo Santa Sofía se conservan restos de los pavimentos de las primeras iglesias, especialmente mosaicos de la primera y segunda fases constructivas.
La entrada a la iglesia es gratis y es uno de los pocos sitios donde he visto que haya alguien exigiendo cubrirse para entrar. El museo del sótano, que contiene los restos históricos, cuesta cuatro euros pero creo que vale la pena pagarlos.
No sé permiten las fotos si no pagas 5 euros aunque nosotros las hicimos.
El Largo es uno de los espacios más emblemáticos de Sofía y el corazón político y arquitectónico de la ciudad. Se trata de un gran conjunto monumental construido en los años cincuenta durante el periodo socialista, diseñado para expresar el poder del Estado mediante una arquitectura masiva, simétrica y neoclásica de inspiración estalinista.
El complejo está formado por tres edificios principales: la Presidencia de la República, el Consejo de Ministros y el antiguo Comité Central del Partido Comunista, hoy sede de la Asamblea Nacional. Todos ellos comparten la misma estética: fachadas de piedra clara, columnas gigantes, pórticos profundos y una escala monumental que domina todo el espacio urbano.
El Largo se levanta sobre las ruinas de la antigua ciudad romana de Serdica, visibles hoy en excavaciones integradas en el metro y en la superficie, lo que crea un contraste muy característico entre arquitectura socialista, restos romanos y edificios otomanos cercanos como la antigua Gran Mezquita, hoy Museo Nacional de Arqueología.
Este espacio fue concebido como el escenario principal del poder estatal búlgaro durante la época comunista. Su trazado abierto y la disposición perfectamente simétrica de los edificios respondían a la idea de crear una gran plaza cívica para ceremonias oficiales, desfiles y actos públicos.
El Museo Arqueológico Nacional de Bulgaria es la institución arqueológica más antigua del país y una de las más importantes de los Balcanes. Está gestionado por la Academia de Ciencias de Bulgaria y se ubica en pleno centro de Sofía, en la antigua Gran Mezquita otomana (Büyük Camii), construida entre 1474 y 1494.
En 1892 se creó oficialmente por decreto del zar como “Museo Nacional”. Al año siguiente comenzaron los trabajos de montaje de colecciones. En 1905 tuvo lugar la inauguración oficial por el rey Fernando I e Ivan Shishmanov (una de las figuras intelectuales más importantes de la Bulgaria moderna), unificando colecciones dispersas por Sofía. Hasta 1906 también incluía colecciones etnográficas, que luego se separaron para formar el Museo Etnográfico.
En 1920 se creó el Instituto Arqueológico, que se fusionó con el museo en 1948. Desde entonces depende de la Academia de Ciencias de Bulgaria.
El museo ocupa la Büyük Camii, una mezquita otomana temprana situada junto a la actual Presidencia. La mezquita fue construida entre 1474–1494 por Mehmed II Fatih. Fue Biblioteca Nacional desde 1880 antes de convertirse en museo. A pesar de problemas de humedad y conservación, sigue siendo la sede principal
El museo conserva más de 50.000 objetos que abarcan desde la Prehistoria hasta la Edad Media. Una de las secciones más importantes del museo es la de la cultura tracia. El día de nuestra visita era gratis.
El Tesoro de Letnitsa es uno de los hallazgos más importantes para comprender la mitología y la aristocracia de los tracios. Fue descubierto en 1964 cerca de la localidad de Letnitsa, en el norte de Bulgaria, dentro de un recipiente de bronce enterrado boca abajo. Se fecha hacia mediados del siglo IV a. C., en la época de esplendor del reino odrisio.
Consiste en 22 o 23 apliques de plata dorada que decoraban los arreos de un caballo perteneciente probablemente a un noble o gobernante tracio.
Su extraordinario valor reside en las escenas representadas. Los relieves muestran jinetes tracios, combates entre animales salvajes, criaturas míticas como grifos, escenas religiosas y rituales y episodios relacionados con la iniciación heroica de un aristócrata tracio.
Los especialistas consideran que estas imágenes constituyen una de las mejores fuentes para conocer las creencias religiosas de los tracios, ya que parecen narrar el recorrido simbólico de un héroe: sus pruebas, su victoria sobre las fuerzas de la naturaleza y su vinculación con lo divino.
Una de las placas más famosas representa a una mujer junto a un dragón de tres cabezas, una imagen única dentro del arte tracio y que ha generado numerosas interpretaciones mitológicas.
El museo posee una de las mejores colecciones de estelas funerarias, relieves e inscripciones de la antigua Tracia y de las ciudades griegas del mar Negro.
El Tesoro de Valchitran está considerado como el tesoro de oro tracio más antiguo y uno de los más pesados hallados en Bulgaria, con más de 12 kg de oro. Está compuesto por recipientes rituales utilizados probablemente en ceremonias religiosas vinculadas al culto solar.
Ojo con no perderse los tesoros tracios. Los encontramos en una cámara del tesoro en la última planta, tras una gruesa puerta que parecía cerrada. Un cartel que decía que ese día estaba abierto me hizo dudar sobre si no siempre lo está.
La máscara de oro es una de las piezas más famosas del Museo Arqueológico Nacional de Sofía.
Se trata de una máscara funeraria tracia de oro macizo, descubierta en 2004 en el túmulo de Svetítsata, cerca de Kran, en el Valle de los Reyes Tracios. Pesa 673 gramos y está datada en el siglo V a. C.. Los arqueólogos creen que pudo pertenecer al rey tracio Teres I, fundador del reino odrisio, aunque esa identificación no está demostrada de forma definitiva. Es una de las máscaras funerarias de oro más antiguas y mejor conservadas de Tracia.
Presenta un rostro muy realista, con rasgos individualizados, algo poco común para la época.
Fue elaborada mediante fundición, forjado y cincelado con una extraordinaria calidad artística.
Me recordó a la máscara de Agamenón, descubierta por Heinrich Schliemann en Micenas y atribuida por él erróneamente al poderoso rey. Y es que ésta y la máscara de oro de Sofía comparten la misma función: ambas eran máscaras funerarias de oro colocadas sobre el rostro de un personaje de alto rango. Eso sí, la micénica fata aproximadamente del 1550-1500 a. C. (Edad del Bronce micénica) y la tracia es 1000 años más reciente. Los tracios mantuvieron un intenso contacto con las colonias griegas del mar Negro y con el mundo helénico, por lo que adoptaron y adaptaron muchas tradiciones artísticas y funerarias.
La cabeza de bronce de Seutes III es una de las obras maestras de la arqueología antigua y una de las piezas más célebres del Museo Arqueológico Nacional de Sofía.
Seutes III fue un rey del reino odrisio de Tracia que gobernó entre aproximadamente 331 y 300 a. C., contemporáneo de Alejandro Magno.
La cabeza fue hallada en 2004 en la Tumba de Seutes III, cerca de la ciudad de Shipka. Está realizada en bronce con incrustaciones de otros materiales. Los ojos llevan incrustaciones de pasta vítrea, lo que les da una apariencia muy viva. Las pestañas y cejas estaban decoradas con cobre, y los labios también incorporan cobre para aportar un tono rojizo.
Se considera uno de los retratos de bronce mejor conservados del mundo helenístico y es de un realismo excepcional.
Vemos a un hombre de rostro alargado y fuerte, con pómulos marcados; barba corta y bien recortada, símbolo de madurez y autoridad; cabello ondulado, peinado hacia atrás y nariz recta y prominente. Los labios son carnosos, con un ligero toque de cobre que les daba un color natural. Lo más llamativo son seguramente los ojos grandes y muy expresivos, originalmente con incrustaciones de vidrio y piedra. Dadas las características del período, es muy posible que no fuera un retrato idealizado sino muy realista del personaje.
En el museo también puede verse una copia del Caballero de Madara aunque, pese a su tamaño, puede pasar desapercibida.
Está situada en el vestíbulo central, sobre el arco de la escalera principal que conduce a la sala medieval. Fue realizada a principios del siglo XX para que los visitantes puedan apreciar de cerca los detalles del relieve, ya que el original está tallado a unos 23 metros de altura en un acantilado y no puede observarse con tanta claridad. El original se encuentra en el yacimiento de Madara, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO, y representa a un jinete que atraviesa con su lanza a un león, mientras un perro corre tras el caballo. Es una obra única en Europa, esculpida a comienzos del siglo VIII. Hablaré de ella en su momento.