Por fin llegamos a Veliko Tarnovo, un pueblo muy turístico que fue, en su día, la capital de Bulgaria durante los siglos XII al XV por lo que conserva una arquitectura muy interesante.
La ciudad se levanta sobre varias colinas que, a su vez, se sitúan en los meandros del río Yantra.
La ciudad, como asentamiento humano, es muy antiguo pues hay restos que demuestran su ocupación desde el tercer milenio antes de Cristo, fue un bastión militar durante el primer imperio búlgaro, ente los siglos VII al XI, posteriormente fue la capital del Segundo Imperio Búlgaro durante los siglos XII al XV e inició su declive durante la ocupación otomana ocurrida en este enclave muy a finales del siglo XV. A pesar de ello, Veliko Tarnovo fue el centro de la resistencia antiotomana durante toda la ocupación y fue el escenario principal del levantamiento contra la ocupación del año 1876 y que supuso el fin de la ocupación otomana.
En 1878 se creó el principado de Bulgaria con sede aquí, en Veliko Tarnovo y, un año más tarde la Asamblea Nacional reunida en esta ciudad se donó de una constitución, conocida como Constitución de Tarnovo y que trasladó la capital del principado a Sofía donde continua hasta la actualidad.
Todo esto lo pongo para que se pueda comprender la importancia histórica de la ciudad y, sobre todo, la importancia que tiene para los búlgaros como embrión de su propia identidad.
En la colina llamada Tsarevets se ubicaba la zona noble con el palacio real, las oficinas administrativas, la catedral y el palacio obispal así como las residencias de algunos nobles y todo ello fuertemente custodiado por una recia muralla que rodeaba el recinto.
Foto de Tarnovo.
La vista es impresionante con el tajo que da al río por un lado y la muralla rodeándolo todo con la recia puerta que da acceso al recinto en donde, hoy en día, se pasean los lugareños como si aquello fuese un parque municipal.
Después de ver esta zona pudimos pasear por las estrechas calles del pueblo y luego fuimos al hotel a hacer el cheking y dejar las maletas. Llegamos bastante pronto por lo que tuvimos algún tiempo libre antes de la cena; algunos eligieron ir andando hasta el pueblo y pasear (estaba muy cerca, a unos 5 minutos andando por una empinada cuesta) y nosotros y nuestros compañeros de baño nudista elegimos quedarnos en el hotel y gozar del spa que estaba incluido en el precio de la habitación.
Cuando me dijeron que había spa yo supuse que sería una sauna y una piscinita con algún chorro pero me encontré con un spa de lujo como pocos he visto antes. Había 3 piscinas con cuellos de cisne, chorros, camas, zona de burbujas, una especie de tubos con agua a presión desde el suelo que masajeaba las piernas y el culo, etc, etc, etc. Y el agua caliente con diferentes temperaturas en cada una de las piscinas, una de ellas tan caliente que yo no me pude quedar. Y otra piscina más con agua fría. Y sauna, baño turco, cama de infrarrojos, y una ducha muy curiosa con tres posiciones diferentes: “Selva” y salía una niebla espesa y caliente a la vez que se oía el sonido de los pájaros; “niebla fría” una niebla fría que te dejaba helada y con un sonido apropiado y “lluvia tropical” que ya os podéis imaginar en que consistía. Vamos, una gozada de lugar en donde nos pasamos más de una hora disfrutando como niños. Y, además, una piscina olímpica para los entusiastas de la natación como nuestro compañero de fatigas que se dio algunos largos.
Dicho todo esto debo advertir que el hotel era un antiguo hotel de vacaciones para picatostes del régimen comunista y que, por lo demás, es como los otros a los que nos llevaron, pero, en este caso, lo recomiendo encarecidamente por su spa.
La cena y el desayuno muy buenos como en el resto de hoteles.
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