La cuarta jornada del viaje estuvo dedicada al traslado entre las dos mayores capitales bálticas: Tallin y Riga. Tras hacer el check out en la máquinas del vestíbulo, pedimos un Uber que por 5.85€ nos llevó a la estación de autobuses. Una vez allí, desayunamos en Plus Kohvik por 14.40€.
Elegimos Lux Express para realizar el trayecto entre Tallin y Riga, una elección totalmente acertada y la opción más cómoda para viajar entre ambas capitales bálticas. Para dos adultos y un adolescente, nos costó 46.60€, comprados los billetes en junio. El autobús, equipado con carrocería de la firma española Irizar, ofrecía un nivel de confort difícil de imaginar en un servicio regular de larga distancia: pantallas individuales en cada asiento con películas, series y juegos, conexión Wi-Fi, café y agua gratuitos durante todo el recorrido, además de aseo a bordo.
Otro aspecto que nos transmitió mucha tranquilidad fue la gestión del equipaje. Las maletas permanecen bajo la supervisión del conductor durante todo el trayecto y únicamente se entregan al presentar el resguardo correspondiente, lo que aporta un plus de seguridad.
El recorrido entre Tallin y Riga transcurre principalmente por carreteras de doble sentido, con una presencia constante de camiones y vehículos pesados. Aunque las infraestructuras se encuentran en buen estado, los adelantamientos son limitados en muchos tramos, por lo que evitamos el estrés de la conducción y aprovechamos el viaje para descansar y contemplar el paisaje. Sin embargo, tras varias horas de viaje, el paisaje puede llegar a resultar bastante monótono debido a la escasa variación del terreno y a la continua sucesión de árboles. Para nosotros las cuatro horas y media de viaje transcurrieron de forma muy agradable gracias a las peliculas y juegos.
A medida que nos acercábamos a Riga, el paisaje fue dando paso a una ciudad más grande y cosmopolita, considerada el principal centro económico y cultural de Letonia. Cuando llegamos eran casi las 15h, así que nos fuimos andando bajo la lluvia a comer en los puestos del Mercado Central de Riga, uno de los más grandes de Europa. Está instalado en antiguos hangares para dirigibles. Allí pudimos conocer de cerca la gastronomía local, los productos típicos letones y el ambiente cotidiano de la ciudad lejos de las zonas más turísticas. Comimos por 26.40€ los famosos pelmeni (dumplings de estilo tradicional de Europa del Este) acompañados de una cerveza.

Fuimos andando hasta nuestro hotel, el Rixwell Old Riga Palace Hotel (313.20€ triple para dos días). Hotel en decadencia que para nada es un hotel de 4 estrellas. El flexible de la bañera estaba roto, la temperatura del agua no era contante. Solo dan desayunos, que tienen muy poca variedad. El WiFi no va muy bien y la TV no funcionaba en todo el hotel. El teclado del PC del vestibulo, tenia las letras borradas. Lo único bueno es que esta cerca de la estación y el centro. No lo recomiendo.
Tras llegar al hotel y dejar el equipaje, aprovechamos la tarde para realizar una primera toma de contacto con la ciudad. Paseamos por las calles del casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, descubriendo sus plazas, iglesias y edificios históricos. El ambiente animado de sus terrazas y cafeterías nos permitió percibir una ciudad con una personalidad diferente a Tallin, más amplia, dinámica y con influencias arquitectónicas muy diversas.
Fuimos andando hasta la Iglesia luterana de San Juan, para continuar hacia la imponente torre de la Iglesia de San Pedro.

De allí fuimos a la plaza del ayuntamiento, para disfrutar de la espectacular fachada de la Casa de los Cabezas Negras. Para continuar hasta el cercano monumento a los fusileros letones.

Empezó a llover bastante y nos refugiamos en los soportales del Museo de la ocupación de Letonia. Donde unos carteles en la entrada relatan los 51 años en los que Letonia perdió su independencia y sufrió sucesivamente la ocupación de dos regímenes totalitarios: la Unión Soviética y la Alemania nazi. La primera ocupación soviética (1940-1941), marcada por detenciones, deportaciones masivas a Siberia y la represión política. Posteriormente, la ocupación alemana (1941-1944) durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo la persecución y el exterminio de gran parte de la población judía del país. Finalmente, la segunda ocupación soviética (1944-1991), un largo periodo caracterizado por la falta de libertades, la vigilancia del KGB, nuevas deportaciones y los intentos de diluir la identidad nacional letona.
Cuando bajó la intensidad de la lluvia, continuamos hacia la plaza de la catedral. La plaza más grande del casco antíguo. Allí está la catedral del Domo, con diferentes estilos: románico tardío, gótio temprano y barroco.

Enfrente de la catedral está el edificio de la Bolsa de Riga. Continuamos por las concurridas calles hasta los Tres Hermanos. Tres casas juntas construidas en épocas diferentes que permiten ver la evolución de los edificios desde el siglo XV.

El siguiente punto de interes fue la Catedral de Santiago y el castillo de Riga. No pudimos pasar por la puerta Sueca porque estaba la calle de obras. Nos acercamos a la famosa Casa del Gato, que estaba tapada por obras. Terminamos la visita en la animada plaza Livu, donde había conciertos de música en directo. En esta plaza había un interesante conjunto de casas residenciales del siglo XVIII.

Nos sentamos para descansar el Sweatshop Sports Bar y nos pedimos la oferta de 2x1 de botellas de cerveza de medio litros por 5€. Para la cena intentamos primero en Ala Pagrabs, con musica en directo a las 21:30, pero estaban todas las mesas reservadas. Así que estuvimos esperando en la hamburguesería Late Night Munchies a que se quedaran 3 sitios libres. Pagamos 35€ por dos hamburguesas, un kebab y 3 bebidas. Todo riquísimo.
Riga nos recibió con una combinación de historia medieval, elegancia centroeuropea y un ambiente moderno que la convierten en una de las ciudades más interesantes del Báltico. Una excelente primera impresión que dejaba muchas ganas de seguir explorándola al día siguiente.