Después de desayunar en Kmyninė, compramos en la aplicación de Judu un billete familiar por 2.10€. En la puerta del hotel para el bus 3G que lleva al aeropuerto en 15 minutos.
www.judu.lt
Una vez en el aeropuerto de Vilnius recogimos el coche de alquiler a las 10:30. Después de varios días recorriendo las Repúblicas Bálticas en transporte público, volver a conducir nos ofrecía una mayor libertad para explorar algunos lugares que quedaban fuera de las rutas habituales y sobre todo nos daba protección por si llovía.
Nuestra primera parada fue Trakai, uno de los destinos más emblemáticos de Lituania. Situado en medio de un espectacular paisaje de lagos, el famoso Castillo de Trakai parece surgir directamente de las aguas. Sus torres de ladrillo rojo y su ubicación en una pequeña isla forman una de las imágenes más icónicas del país. Paseamos por sus alrededores disfrutando de las vistas y del ambiente tranquilo que se respira en esta histórica localidad, antigua residencia de los grandes duques de Lituania.

Tras la visita continuamos camino hacia Kaunas, la segunda ciudad más importante del país y antigua capital lituana. Lituania es de las tres republicas la que vimos que tenía más autovías. Aunque había tráfico y llovía, las autovías a 130 km/h hacen que llegues en una hora. La primera parada fue en el mirador de Aleksotas, que ofrece una vistas excelentes de la ciudad.

Luego tomamos dirección hacia el pabellón del mítico Žalgiris Kaunas, pero se puso a diluviar. Con lo que decidimos aparcar en el parking del centro comercial Akropolis y ya comer. Vimos que habia cola en el Bernelių Užeiga, asi que supusimos que se comía bien. Resultó ser un sitio nada turistico con menú del dia (dienos pietus) de 11 a 15h por 7.50€. Sopa de verduras y carne guisada. Aparte pedimos unos firminais (dumplings 9.90€) que no estaban muy buenos y un schnitzel que si lo estaba (12.90€). Una caña de cerveza (4.50€) y jarra de agua con limón y menta (3.50€). Tardaron mucho tiempo en traer la comida. Total para 3 por 38.30€
Tuvimos que preguntar dónde estaba la tienda del Žalgiris, porque resultó estar en una de las esquinas y no dabamos con ella. La idea era ver si conseguiamos una camiseta de baloncesto o de Arvydas Sabonis. Pero no tenían camisetas de baloncesto por cambio de temporada. Si que había otras camisetas por precios razonables.
El parking tenía 4 horas de parking gratis, por lo que no tuvimos que pagar nada. Nos fuimos al hotel. Seguimos las instrucciones para llegar al parking y como salía un vehículo, entramos del tirón. El parking era un patio interior que comparten varios edificios.
Una vez instalados, comenzamos a recorrer sus principales atractivos. La visita arrancó en la imponente Catedral basílica de San Pedro y San Pablo.

Continuando por el Ayuntamiento de Kaunas, edificio del siglo XVII.

Cerca estaba la casa de Perkūnas, de estilo gótico. Recibe el nombre del díos lituano del trueno debido a que se encontró una escultura suya en una cavidad de la pared. Terminamos en la Iglesia de Vytautas el Grande.

Luego fueimos hasta el Castillo de Kaunas, una fortaleza medieval estratégicamente situada junto a los ríos Nemunas y Neris, testigo de siglos de enfrentamientos y acontecimientos históricos.

Una vez visto los monumentos del casco viejo, nos sentamos en el Pilies sodas para tomar una cerveza, miestras veíamos la pueta de sol.
Se hizo la hora de cenar pero no había mucho ambiente en los restaurantes, así que cuando llegamos a la altura de la cadena de hamburguesas filandesas Hesburger, paramos a tomarnos una. Nada reseñable, 3 menús por 21€ en total.
Una jornada que combinó historia, naturaleza y ciudades con personalidad propia, dejando un magnífico recuerdo antes del regreso a casa al día siguiente.