Desayunamos en el local de la cadena Kmyninė al lado del hotel, zumo, café, bollos por 13.99€. Sitio genial para desayunar, merendar o comprar pasteles. Muy barato y muy bueno. El personal que atiende es encantador.

Pedimos un Uber por 3.70€ para ir a comenzar la visita en la Puerta de la Aurora, que se encontraba tapada por obras. Esta antigua puerta defensiva es el último vestigio de las murallas de la ciudad y alberga una venerada imagen de la Virgen María que atrae a peregrinos de todo el mundo.
Desde allí iniciamos un agradable paseo por las calles del casco antiguo, admirando las fachadas barrocas, las numerosas iglesias y las encantadoras plazas que aparecen a cada paso. Vilnius transmite una atmósfera diferente a la de Tallin o Riga, menos medieval y más marcada por la influencia barroca y centroeuropea.
Lo primero que visitamos fue la Iglesia ortodoxa de Espíritu Santo, luego el bastión, continuamos visitanto la Iglesia de San Casimiro y entramos en el ayuntamiento. Desde la Plaza del Ayuntamiento, pasamos por donde estuvo uno de los dos guetos de la época nazi. Luego llegamos a la iglesia ortodosa San Parasceve.



Continuamos por la animada calle Pilies, una de las arterias históricas de la ciudad, llena de edificios históricos, terrazas y pequeñas tiendas. A medida que avanzábamos, descubríamos rincones llenos de encanto que reflejan el pasado multicultural de la capital lituana.
La ruta continuó en la Universidad de Vilnius, una de las más antiguas de Europa del Este, fundada en 1579. Sus patios interiores, sus elegantes edificios y la magnífica Iglesia de San Juan forman uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos de la ciudad. Pasear por este histórico campus permite comprender la enorme importancia cultural e intelectual que ha tenido Vilnius a lo largo de los siglos.

A la salida de la universidad pasamos por la calle de la literatura y tras descansar un rato sentado en un banco en la agradable plaza Konstantinas Sirvydas, nos fuimos a comer. Fuimos al Katpėdėlė, decorrado como si estuvieras en un bosque, tenía comida lituana muy rica y bien de precio. Dumplings de albóndigas con bacon (10.50€), pescado frito con calabacin (7.90€), tortitas de patatas con pollo (9€). Más 2 cervezas y jarra de agua, todo por 34.10€.

Tras la comida nos sentamos un rato en la cafetería Huracán. Donde la barista va poniendo en el tocadiscos discos de vinilo. Después de descansar un buen rato hasta que dejó de llover, nos fuimos andando hasta el hotel para bajar la comida. Descansamos hasta la hora de la zona y nos fuimos a un hipermercado cercano donde estaba el Can Can Pizza. Donde nos atendieron muy bien, pero las pizzas tenían pocos ingredientes y les faltaba sabor.
Fue una jornada perfecta para sumergirnos en la historia y la identidad de Lituania, descubriendo una ciudad acogedora, monumental y llena de rincones que invitan a perderse sin prisas.