![Postales (XIII): Entente cordiale entre coches y peatones [Nueva York] - Viaje por Estados Unidos (1)](/foto/user/424697/sam_0050.jpg)
Ocho millones de habitantes, pero la circulación de coches no resulta agobiar, como en otras grandes ciudades. Lo descubrí nada más emerger de Penn Station en mi primer contacto con la ciudad antes de llegar al hotel y descargar mis cosas. Tuve que cruzar con toda la impedimenta que llevaba encima por la Séptima, que aseguro que es ancha. Semáforo verde para peatones, pero a mitad de camino cambió a Dont walk y me quedé de piedra. Miré a los coches y seguí deprisa; nadie empleaba la presión del claxon, llegué al otro lado de la calle y, entonces, comprendí. Aquí, parece existir una entente cordiale entre peatón y conductor. Si no hay coches el peatón cruza y si no hay peatones el coche pasa. Los coches no van muy deprisa, por lo que un peatón puede calcular el tiempo que va a tardar un coche y apretar el paso si este se encuentra lejos, aunque el peatón tenga el semáforo en rojo. Los semáforos sirven en caso de conflicto de intereses, pero en el peor de los casos el coche para y pita. En ningún caso corres el peligro de que te dejen como a una oblea. Con un peatón cruzando el semáforo en rojo, el coche parará y en la mayoría de los casos, si el peatón va deprisa, el coche ni siquiera le pitara. ¡Ojo! no tiente la suerte el lector, en cualquier momento puede surgir la excepción y, entonces, eso... como una oblea.