Dia 9.- 21 enero
Programa para hoy:
“Esta mañana os proponemos madrugar porque en Papanasam Beach, podréis ver el ritual que hacen los brahmanes en la playa con la salida de Sol. También llegarán los pescadores en sus barcas y seleccionan el pescado. El Cliff es un acantilado que bordea la costa y está lleno de restaurantes y tiendecitas con un agradable ambiente desenfadado. Dispondréis de tiempo libre para realizar actividades opcionales como practicar ioga, clases de cocina, masajes, etc. Podéis acabar el día desde Varkala Beach. Noche en el hotel Krishnatheeram.
Bueno, pues ya estamos en Kerala, alojados en este agradable hotel dedicado a Krishna y con etiqueta de ecológico. Como ya os conté ayer, el recinto es muy agradable, lleno de árboles, con chalecitos adosados con sillones a la puerta, una piscina estupenda y muy cuidada con tumbonas e imágenes de Krishna diseminadas aquí allá, incluso con altares.

La habitación es agradable con una decoración acogedora, el baño muy sencillo pero tiene todo lo necesario y está limpio. El desayuno muy bueno y el hotel ofrece lavandería (que utilizamos) y masajes a buen precio (de los que también hicimos uso).
Hoy nos levantamos prontito porque hay que ir hasta la playa de Papanasam, al otro lado del Clift, en donde se encuentra el centro cultural y religioso Bali Mandapam y que celebra ceremonias al amanecer.
Llegamos con tiempo y pudimos ver como salían los fieles del Mandapam (sala) dirigidos por los sacerdotes y se dirigían todos hacia la playa, los unos a sentarse en una silla bajo una sombrilla y los otros a sentarse en el suelo alrededor del primero. No se lo que hicieron allí pero, de pronto, se levantaron todos, primero el sacerdote, luego los hombres y, después las mujeres y se dirigieron a la playa, en donde, los hombres, se quedaron en taparrabos y, llevando ofrendas en las manos, se adentraron en el mar en donde aventaron las ofrendas y se dieron baños rituales. Al parecer son ofrendas a los antepasados para conseguir que se purifiquen de los pecados que hicieron en vida y, así, facilitarles una mejor reencarnación.

Bueno, la ceremonia ha terminado, los grupos se dispersan y nosotros nos quedamos dando un agradable paseo por la playa. Por cierto, si os habéis dado cuenta, ya no me quejo de mi rodilla, ya no me duele, y ya no necesito ni el bastón.
Y, mientras damos el paseo, vemos alguna barca de pescadores en el mar y a otros en tierra que se afanan en remendar las redes. Y correlimos, y cornejas y perros jugando, todo muy agradable.

Y, ahora, nos volvemos por el paseo que bordea el Clift, hasta nuestro hotel en donde vamos a darnos un baño en la playa, luego otro en la piscina, vamos a leer a la sombra de un hermoso árbol tumbaditos en una agradable tumbona.
Me hace mucha gracia ver a los indúes en la playa: se bañan vestidos. Me llaman la atención una parejita que se besa y se abraza ( con lo púdicos que son ellos) y se mete en el agua, pero, eso sí, bien vestiditos, aunque ella lleve una minifalda de infarto.
En la piscina, al principio, estamos solos, podemos bañarnos a gusto, sin estorbos aunque más tarde aparecen otros huéspedes (varias mujeres mayores) que también quieren disfrutar de ella.
Y con todo esto nos ha dado la hora de comer, el hambre aprieta y nos dirigimos a un bar con terraza al aire libre que está nada más salir del hotel. ¡Bendita comodidad! Tienen varios platos y, también, parrilla de pescados, así que hay donde elegir. Comimos bien, no barato, pero tampoco caro. Y bien comidos y abrevados nos vamos a la habitación a regalarnos una merecida siesta que tanto hemos echado de menos estos días con tantas horas de viaje.
Bueno, ya hemos descansado. ¿Y qué vamos a hacer ahora, hasta que oscurezca y vayamos a pasear por el Clift? Pues aprovechamos el tiempo tomando un masaje relajante de una hora y de cuerpo entero: 20€ cada uno. No se si es caro, para la India, pero, en España, por una hora, por menos de 40€ no lo encuentras.
Y, como ya estamos super relajados, mi pierna ya no me duele y ha oscurecido, pues nos vamos a pasear por el borde del acantilado (el Clift).

Lo primero que me llama la atención es la ausencia de montañas de basura, hay desperdicios, los hay, pero no son montañas sino objetos aislados aunque puedan acumularse en algunos sitios.
Lo segundo es que todo el paseo es una sucesión ininterrumpida de tiendas y restaurantes: a un lado las tiendas, al otro el mar. Y el paseo es tan estrecho que hay que andar en fila de a uno y, muchas veces, ponerse de lado y arrimarse a la valla si te encuentras con alguien de frente. Y, sí, hay una valla en los sitios más estrechos; debe ser que no quieren perder turistas, ¿habrán perdido alguno?
Y las tiendas están todas iluminadas y las hay de ropa, de masajes, de recuerdos, de artesanía, de joyas, de todo, vamos. Hay donde elegir.
La cantidad de gente que pasea por aquí es asombrosa, locales y turistas, muchos turistas. Grupos de amigos, familias con niños, parejitas, de todo.
Y, curiosamente, el paseo está jalonado de carritos de metal que exhiben pescado fresco sumergido en hielo pero no veo a ningún vendedor. Intrigada ante el asunto les pido a los Joses que inquieran el misterio de estos carritos y nos informan que los carritos pertenecen a los restaurantes que ofrecen, de esta manera, su mercancía a los posibles clientes para que ellos elijan lo que les guste y, luego, ellos se lo preparan.

Entre los restaurantes que nos habían aconsejado en la agencia me llamó la atención uno llamado Gods Own country Kitchen, sobre todo porque en la web tenía muy buenas reseñas, así que decidimos comer aquí. Una vez elegida mesa tuvimos que acercarnos al consabido carrito callejero para elegir nuestra cena y ya, con todo hecho, nos sentamos tranquilamente a disfrutar del pescado. Y hoy había sorpresa, mientras estábamos cenando se subieron al escenario un guitarrista y una cantante y nos amenizaron la cena con música en vivo. No fue barato, 47€ todo incluido.

Y ya, con todo hecho, nos volvimos al hotel a descansar, que el día había estado muy ocupado.