A todos los viajeros que quieren ir a su aire, a los que no les importe que su viaje se convierta en parte de una aventura, a los que no les importe encontrarse, en ocasiones, en situaciones controlables y otras no tanto, para aquellos que les guste desviarse a lugares donde puedas vivir la soledad del viajero, para todos esos, va dedicado este diario. No es el diario de un viaje exótico como puede ser ir a China o Nueva Zelanda, pero os aseguro que dejará huella y lo recordaréis con nostalgia y cariño. Este viaje por el sur de Italia es el mejor antídoto para poder evadirte del día a día y al mismo tiempo sumergirte en una cultura que, aunque parezca que esté “muy vista”, no deja de sorprenderte en todo momento. Autor:Remonta2018Fecha creación:⭐ Puntos: 5 (7 Votos)
Hoy también es un día de esos en los que tienes la agenda llena. Toca Pompeya y Sorrento. Mañana y tarde, respectivamente. Cruzamos los dedos y tomamos el tren que nos llevaría a la misma puerta de acceso a Pompeya (eso está muy bien). El viaje ha sido corto, pero con mucha miga. Es un tren antiguo de los que ya no se ven en ninguna parte, pero que alcanza gran velocidad como pudimos comprobar.
Pero lo bueno no es eso, lo bueno es que el maquinista no está separado del público por ninguna cabina, es uno más de los viajeros que van en el tren, fumando, y girándose para atrás para entablar conversación con la gente cercana (nosotros íbamos al lado de él y no dijimos ni pio). Al momento vemos que se levanta de su asiento y deja la máquina que viaje sola. Eso no nos lo esperábamos. El tren, al menos, iría a 90 km/h. El maquinista se enciende un cigarrillo y se pone a fumar tranquilamente. Una buena dosis de adrenalina ya llevábamos en el cuerpo para aguantar el día que nos esperaba.
Pues eso, aun pensando en cómo habíamos llegado a Pompeya, bajamos del tren (de la muerte) y temblándonos las piernas nos fuimos a por los tickets. Eran las 9 de la mañana.
Todo el mundo hemos oído hablar de Pompeya, del Vesubio, de la erupción, de la gente que murió como consecuencia de la ceniza y la lava; todo lo que se excavó y se sacó a la luz es lo que vamos a ver ahora, a excepción del Burger King (o Mac Donalds, no recuerdo) que hay justo en el Centro de la excavación.
Con la entrada te entregan un plano de Pompeya dividido en Regios e Insulas, algo así como en sectores y manzanas porque el Parque Arqueológico es inmenso. Si vas por tu cuenta (sin guía) has de tenerlo bien claro para no ir perdido, y aun así te pierdes. Es preferible elegir entre las ocho o diez visitas más interesantes y verlas bien vistas, que querer abarcar todos y cada uno de los lugares señalados en el plano. Pero bien, cada uno sabe de sus limitaciones. Algunos conocedores de la historia de Pompeya hablan de que se necesitan días para ver en profundidad las ruinas, otros hablan que es necesario todo un día, pero nosotros los turistas tenemos que verla en menos tiempo. Nosotros invertimos cinco horas y la verdad es que te dejas muchas cosas y das muchas vueltas, y te pierdes y tienes que descansar porque como haga calor no te cuento, y si llueve, tampoco te cuento. Así que, una mañana o una tarde es suficiente. Los estudiosos que estén el tiempo que quieran.
Todo lo que necesitas saber está en la información que te dan al entrar, pero, para resumir, Pompeya (que no se llamaba así) la fundaron Los Oscos, un pueblo del Centro de la Península itálica, que se encontraba en constante conflicto con la cada vez más floreciente ciudad de Roma. Finalmente se impuso el más organizado y poderoso. Pompeya fue asediada en el 89 a.C. por Lucio Cornelio Sila hasta que en el 80 a.C. tuvo que rendirse a la evidente superioridad de su rival. Pero cuando Pompeya se hace famosa es realmente cuando el 24 de agosto de 79 a.C. una violenta erupción del Vesubio ocultó la ciudad bajo sus cenizas, junto con otras poblaciones cercanas como Herculano, siendo emperador de Roma Tito (79-81 a.C.), hijo de Vespasiano, de la Dinastía de los Flavios.
Una ruta bastante completa del yacimiento sería iniciándola en el Foro Romano, centro de la vida social y Política de la ciudad, y el Templo de Júpiter que se encuentra anexo. Por la vía dell’Abbondanza se llega al Templo de Isis dedicado a Hércules. Cerca del foro se encuentra el Gran Teatro con capacidad para 5.000 espectadores. Tras el Teatro se halla el Cuartel de Gladiadores ordenado construir por el emperador Nerón. Las Termas Estabianas situadas en el cruce entre la Vía dell’Abbondanza y la Vía Stabiana. El lupanar, como no, la gran visitada, con sus frescos eróticos; el anfiteatro con capacidad para 12.000 espectadores y la Gran Palestra dedicado a actividades gimnásticas. Por último, no hay que perderse alguna de las casi treinta viviendas o domus que pueden ser visitadas en la actualidad: como la casa de Vetii, la del Fauno y la Villa de los Misterios. La primera de ellas con unas fabulosas pinturas murales; la segunda, una de las mansiones más lujosas de Pompeya donde destacan una pequeña figura (copia) de un fauno danzante (el original se encuentra en el Museo Arqueológico de Nápoles) y un mosaico (también copia) que recrea la batalla de Issos entre Alejandro y Darío III cuyo original también se encuentra en el Museo de Nápoles.
Y finalmente, la Villa de los Misterios llamada así porque sus pinturas murales están relacionadas con los Misterios Dionisíacos. También destaca el Thermopolium de Lucius Vetutius Placidus, es decir, el restaurante de moda de Pompeya donde acudía la élite a disfrutar de los placeres de la gastronomía de la zona, y se puede visitar también el Antiquarium o museo que contiene objetos hallados en las excavaciones así como los moldes de yeso de personas y animales fallecidos que se vieron sorprendidos por la erupción del Vesubio.
Salíamos de Pompeya a las 14 horas, es decir cinco horas de visita sin prácticamente comer ni beber nada. Tomamos el tren a Sorrento que está a unos kilómetros al sur en la península Sorrentina. Ahí buscaríamos algún sitio para comer. El trayecto en tren es muy corto. Teníamos toda a tarde para visitar Sorrento. Empezamos a pasear por sus calles sin ninguna intención de realizar ninguna visita que no fuera aquellas que nos venían de paso. Es una ciudad pequeña, señorial, que tiene una actividad comercial importante y es junto con Nápoles la que más servicios tiene. Puede ser ideal para hacer base para visitar la Costa Amalfitana y los yacimientos arqueológicos de la zona. Como era una buena hora, nos sentamos en un restaurante a comer algo de lasaña y pescado fresco. Bien.
Después de comer y de dar un paseo por el centro visitamos su catedral, que estaba abierta al público, descendimos a la zona del puerto donde se encuentran las mejores vistas para hacer unas fotos. La Marina Piccola fue para nosotros de los más bonito de la visita. Desde allí salen barcos que hacen el recorrido por la Costa Amalfitana; tiene un bonito puerto deportivo.
Poco más se puede hacer en Sorrento salvo tomar el sol, que no era el caso.
Así que, después de disfrutar de un buen helado italiano nos fuimos caminando poco a poco hacia la estación donde tomaríamos el tren que nos llevaría de vuelta a Ercolano. Había sido otro día ajetreado de tanto andar, tanto tren y tanto sacar billetes. En esta zona de Italia, al menos, la circulación ferroviaria es un poco caótica, pero si te pillan sin billete, o el billete que llevas no es el del trayecto que estás realizando porque te has equivocado al comprarlo y todo eso, y pasa el revisor, te cae multa segura.
Ya en el hotel tomamos algo y nos retiramos a la habitación. Mañana visitamos la Costa Amalfitana con nuestro coche de alquiler.
Hoy es el último día de nuestro viaje por el sur de Italia y nos vamos a pasar el día en la costa Amalfitana aprovechando que hace un día espléndido. No es lo mismo ver la costa, el mar, los pueblos y los limoneros en un día soleado que en un día nublado. Hemos tenido suerte y ha salido un sol resplandeciente, no como los días anteriores que hemos tenido más nubes que claros.
Nos dirigimos esta vez en coche al sur, como si te fueras a Sorrento por la autoestrada E45 y poco antes de Sorrento nos hemos desviado para tomar la SS163 que es la carretera que bordea la costa amalfitana. Ya había leído algo sobre esta carretera, de las vistas que pueden contemplarse desde ella y de las curvas y estrecheces que tiene. Es una prueba de fuego para la conducción; quien la cruza se puede considerar un buen conductor. Aunque esto que digo parezca un poco exagerado siempre es necesario advertir de las dificultades de esta ruta donde la carretera se estrecha en muchos lugares y donde hay personal contratado para controlar el flujo de tráfico, dando prioridad a unos o a otros, según los casos. Hay que advertir que es una zona muy turística y los servicios de autocares de línea, turísticos y camiones de reparto es frecuente, y que en época de verano se pueden producir inmensas colas de vehículos esperando el paso con la sensación de estar perdiendo el tiempo parado en la carretera. En fin, dicho esto nos adentramos en la SS163 a ver lo que pasa. Nuestra intención era ver las poblaciones más importantes de la costa amalfitana, pero una cosa es lo que planeas y otra lo que sale. Ya en la carretera se puede contemplar lo que estabas esperando ver: montaña, pueblos, un mar inmenso, el Tirrero, y barcos de recreo. Positano fue la primera población que visitamos con la catedral de Santa María Assunta que sobresale de entre las casas dispuesta de forma escalonada y que bajan hasta la playa, playas, que por cierto, en su inmensa mayoría son artificiales y sembradas de sombrillas en perfecta formación de desfile.
Seguimos la ruta y la siguiente parada fue para tomar café en Praiano. Nos gustó tanto que nos quedamos paseando por la zona centro, asomándonos a los miradores a contemplar el inmenso mar y toda la costa. Este pueblo no es de los más importantes de la costa amalfitana, pero tiene mucho encanto y además está descongestionado de turistas. Nuestro siguiente destino es Amalfi. Imposible estacionar el coche, es desesperante, así que tomamos la decisión de continuar para no quedarnos estancados poniendo rumbo a Ravello. Para llegar a este pueblo hay que desviarse hacia interior por la carretera SS373. No tiene pérdida, es de los más famosos de la zona, desde sus numerosos miradores se pueden contemplar unas vistas inolvidables de la costa amalfitana. Está a 365 metros de altitud sobre el nivel del mar. Con pasear por sus calles es suficiente, pero si lo deseas puedes visitar el Duomo o Catedral y las iglesias de Santa María a Gradillo y San Giovanni del Toro, así como la Villa Rufolo. Ha sido una buena decisión cambiar Amalfi por Ravello, allí aún estaríamos buscando aparcamiento.
Volvemos por el mismo camino por el que hemos subido a Ravello para salir de nuevo a la carretera que nos llevará por la costa amalfitana a nuestro siguiente destino que está por decidir. La bajada de Ravello a la costa es un camino muy ameno. Igual que el resto de la ruta que hemos dejado atrás, está repleto de plantaciones de limoneros (la estrella del lugar, de ahí viene el limonchelo), viñedos, huertos, todos ellos suspendidos en grandes terrazas que descienden hasta el mar.
Salimos de nuevo a la SS163 en dirección Oeste (Salerno) para ir mirando algún pueblecito para comer algo. Íbamos contemplando el paisaje, la montaña a la izquierda y el mar a nuestra derecha, pasando por las poblaciones de Minori e Maiori (ya que en todas no se puede parar) y decidimos llegar hasta Cetara, un pueblo que en principio no nos había llamado la atención ni tiene, al parecer, la fama de otros. Nos desviamos y bajamos con el coche al mismo puerto de Cetara con la suerte que había aparcamiento libre en el mismo muelle. El pueblo es de los más pequeños de la costa, tiene cuatro calles y muchas tabernas y una pequeña playa de aguas cristalinas que finaliza en un colosal castillo o fortaleza que hacen de la playa un lugar mágico. Nos alegramos de haber llegado a este remanso de tranquilidad después del agobio y estrés que nos han dejado otras localidades que acabamos de dejar por el camino. Pues aquí decidimos quedarnos a comer.
La taberna Punto e Pasta fue la elegida. No sé cómo serán los demás restaurantes y tabernas de Cetara, pero aquí comimos de categoría al más puro estilo italiano y con un trato familiar y cercano. La carta invitaba a probar todos los platos. Todo casero y servido en platos y cubiertos de plástico (por lo menos a nosotros nos tocó de esta manera). Estaba todo delicioso (ravioli, bacalao, ensalada y rebozados), con nuestra jarrita de vino blanco. Esta taberna viene en Google, podéis entrar y comprobar lo que digo. El precio, tirando a barato para conforme están las cosas. Así que, si os perdéis por aquí este es el sitio para comer o pernoctar, una pasada de bonito.
Después de comer pusimos la directa al Vesubio, la estrella de la Campania. Toda gira alrededor del famoso volcán. Salimos nuevamente a la SS163 y pasando por la localidad de Vietri sul Mare (aquí comimos nuestro primer día en la Campania) tomamos la A3 en dirección a Pompeya, para luego desviarse al Parco Nazionale del Vesubio donde. Despúes de varios kilómetros de ascensión se llega a un aparcamiento público. Ya desde aquí las vistas son impresionantes: la Bahía de Nápoles con Pompeya, Ercolano, y claro está, Nápoles. Nos dirigimos a una caseta para sacar el ticket para subir al cráter del volcán. Tuvimos mala pata porque al ser pasadas las cinco de la tarde no dejaban ascender a la cúspide. El cráter lo teníamos al alcance de la mano, pero así son las cosas. No se puede estar en misa y replicando.
Estaba empezando a oscurecer y había que bajar el Vesubio para alcanzar la autovía que nos llevaría a Ercolano. También había sido un día agotador, y entre el cansancio y el bajón porque el viaje estaba finalizando decidimos subir primero a la habitación del hotel, darnos una ducha y salir a cenar algo. Si Ercolano es triste de día imaginaros un lunes por la noche. Entramos en la pizzería que primero nos encontramos y pedimos una pizza y verduras a la plancha, regado con un mal vino blanco. No sé si es que estábamos cansados o qué, pero nos pareció todo horrendo, hasta el dueño. Para ser la última noche nos lucimos en la elección. En fin, bajo una noche cerrada y sin nadie por la calle volvimos al hotel para hacer las maletas. Mañana volvemos para casa.
El regreso. Poca cosa hay que añadir. Nos levantamos más tarde de lo habitual y pagamos en la recepción del hotel lo que debíamos. Nos hicimos las últimas fotos en los jardines del hotel, también al Vesubio que se divisaba desde nuestra habitación, y nos dirigimos a un lavadero de coches de la zona al que le habíamos echado el ojo para lavar al compañero de cuatro ruedas que nos ha llevado a todas partes sin rechistar. El lavadero era en sí mismo un espectáculo. Un recinto lo más parecido a un taller mugriento que se caía a pedazos, pero en el que trabajaban un montón de empleados cada uno realizando una función de lavado. Unos limpiaban por fuera, otros por dentro, otros las ruedas, los espejos retrovisores y luego el secado del coche, como no, a mano claro, con bayetas de gamuza. No sé si toda esta movilización era lo normal en un día de diario o porque estaban más motivados por el coche Fiat Punto de los Carabinieri que se encontraba delante nuestro. No sé. Pero el caso que nos dejaron un coche impecable, tanto por dentro como por fuera, una maravilla.
La siguiente parada fue en una gasolinera. Llenamos el depósito como nos dijeron, y ante el temor de que nos pudiera ocurrir alguna eventualidad inesperada nos fuimos sobre las 11 de la mañana al aeropuerto para entregar el vehículo en Locauto, la casa de alquiler que elegimos. Revisaron el coche por encima y dieron el visto bueno. No vieron el pequeño golpe que llevábamos en el espejo retrovisor. La verdad es que no era para tanto.
Así que, allí en el aeropuerto nos quedamos esperando nuestro vuelo que salía a las 14’05 horas, dando vueltas por un parque hasta la hora de facturar el equipaje y embarcar. Luego salimos con retraso a las 14’25 horas. Dos horas y poco después aterrizábamos en el aeropuerto de Manises (Valencia), tomamos el metro y en menos de una hora estábamos en casa. Aun nos dio tiempo de hacer la compra.
Alojamientos. Los buscamos por Booking.com como en la mayoría de los casos. Todos los alojamientos nos parecieron correctos, sin ningún tipo de lujos, pero con lo necesario a nivel de servicios y limpieza deseados cuando se viaja. En cuando al hotel elegido en Ercolano el Miglio d’Oro Park Hotel existen opiniones y reseñas para todos los gustos. Sí que es verdad que las instalaciones están algo vetustas (todos sabemos que a los hoteles de Italia les sobran una o dos estrellas), necesitadas de una mano de pintura, pero la habitación que nos correspondió en suerte estaba limpia, con una amplia terraza con vistas al Vesubio y de unas dimensiones tipo apartamento, muy bien para el precio que tenía por noche. Si se va en verano es ideal porque tiene una buena piscina y más importante aún, aparcamiento gratuito; y si vas en invierno la verdad que el hotel lo pisas poco dado que normalmente apareces allí para descansar al finalizar el día y poco más.
Vehículo de alquiler. Claro está que para hacer este viaje es necesario el uso de un vehículo para recorrer el itinerario marcado, pero sí es cierto que, de seguir el mismo trayecto o parecido, en los días de estancia en Ercolano se podría prescindir de coche (salvo para la visita a la Costa Amalfitana que es imprescindible). La red ferroviaria no es que sea de primer orden, pero te llevan. Hay que ir con ojo con los billetes y los horarios que pueden variar sin previo aviso.
Desayunos, comidas y cenas. En Italia es difícil fallar a la hora de elegir restaurante para comer o cenar, o cafetería para desayunar. Salvo excepciones se suele acertar en la elección. Existe un gran equilibrio entre la cantidad y la calidad de los productos; el servicio es correcto y profesional y los precios los hay de todos los colores, pero comer bien a base de pasta, ensaladas y pizzas no suele resultar muy caro, incluso en algunos casos os sorprenderéis para bien cuando pidáis “il conto”.
Visitas. Hasta Potenza el viaje lo realizaría de la misma manera, pero en vez de dormir dos noches en esta ciudad con poco que ver, haría noche en Matera para poderla ver de noche iluminada. También podría prescindir de Brindisi Montagna, Venosa y Lagopesole. Por otro lado, para aquellos que duden en hacer cinco noches (o las que sean) en Ercolano, por aquello de que el hotel no tiene muy buenas opiniones o por el poco atractivo de la ciudad, le dedicaría dos noches a Nápoles y tres en alguna localidad cerca de la Costa Amalfitana que bien pudieran ser Salento o Sorrento que están en las puertas de entrada de la costa. Imprescindibles: Alberobello, Matera, Paestum, y se da por hecho: Pompeya, Herculano y la subida al Vesubio.
Espero que os haya gustado este diario y os sirva en un futuro para visitar esta zona de la Italia profunda tan llena de sorpresas. Un saludo a todos lo viajeros.
Me quedo en esta zona!!! Qué maravilla. Me lo apunto todo, le tengo muchas ganas hace tiempo. Gracias por compartirlo. Te mando estrellitas y sigo leyendo
Hice ese mismo viaje en esencia hace ya 8 años con alguna parada diferente pero básicamente visité las mismas zonas y me encantó. Mis estrellas, mientras revivo mi viaje a través de tu diario.
Tengo una ruta prevista en nuestro coche para junio con un itinerario muy parecido al vuestro. Estoy tomando muchos apuntes. Te dejo mis cinco estrellas. Gracias por compartir.
Tengo muchas ganas de conocer esta parte Italia.
Paestum y Ercolano --> Flipantes.... ¡Y la comida...!
Muy bien narrado e ilustrado. Gracias por compartir. 5* y un saludo
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Hola ! Estamos pensando en recorrer Italia.... Cuantos días se necesitan para recorrer bien ITALIA o para recorrerlo en dos partes .. ALguna sugerencia... LA idea es ir en avión y alquilar un coche y recorrerlo bien . Mil gracias .
Hola ! Estamos pensando en recorrer Italia.... Cuantos días se necesitan para recorrer bien ITALIA o para recorrerlo en dos partes .. ALguna sugerencia... LA idea es ir en avión y alquilar un coche y recorrerlo bien . Mil gracias .
Italia es un pais que merece la pena recorrer con calma. Te recomiendo hacer regiones. Puedes hacer la Toscana en 15 días, el norte de Italia en otrs 15. Para Roma y alrededores necesitas 1 semana. La Puglia otra semana...
Es como quisieras recorrer España, ¿Cuánto necesitas?
Hola ! Estamos pensando en recorrer Italia.... Cuantos días se necesitan para recorrer bien ITALIA o para recorrerlo en dos partes .. ALguna sugerencia... LA idea es ir en avión y alquilar un coche y recorrerlo bien . Mil gracias .
Recorrer bien Italia en un solo viaje no lo veo factible salvo que le dediques varios meses. Yo llevo 7 viajes y me queda mucho por conocer. Tendrás que elegir una ruta con las visitas que quieras hacer sí o sí y a partir de ahí planificar días.
Pues si te gusta el arte, la historia, el campo, las grandes ciudades, los pueblos costeros, las ruinas, las noches locas, la pasta, los pueblos perdidos, las catedrales, los barcos, los escenarios de pèlis, los canales, las fiestas, las basilicas, la moda... Necesitaras algo mas de unos días.
Elige una ruta que tenga algo de eso o una ruta por zona geográfica, o una ruta temática.
Hola Smas, te digo lo mismo que en los anteriores mensajes. Italia no te la acabas en la vida. Hay que sumarle las islas que requieren su propio viaje. Es cuestión de priorizar zonas, bien por el norte, bien por el sur, centro o islas. En fin, que es difícil aconsejar en temas así. De los viajes que hice a Italia me quedo con la Toscana, y le puedes sumar Roma y alrededores, es una sugerencia. Un saludo.