Hoy también es un día de esos en los que tienes la agenda llena. Toca Pompeya y Sorrento. Mañana y tarde, respectivamente. Cruzamos los dedos y tomamos el tren que nos llevaría a la misma puerta de acceso a Pompeya (eso está muy bien). El viaje ha sido corto, pero con mucha miga. Es un tren antiguo de los que ya no se ven en ninguna parte, pero que alcanza gran velocidad como pudimos comprobar.
Pero lo bueno no es eso, lo bueno es que el maquinista no está separado del público por ninguna cabina, es uno más de los viajeros que van en el tren, fumando, y girándose para atrás para entablar conversación con la gente cercana (nosotros íbamos al lado de él y no dijimos ni pio). Al momento vemos que se levanta de su asiento y deja la máquina que viaje sola. Eso no nos lo esperábamos. El tren, al menos, iría a 90 km/h. El maquinista se enciende un cigarrillo y se pone a fumar tranquilamente. Una buena dosis de adrenalina ya llevábamos en el cuerpo para aguantar el día que nos esperaba.

Pues eso, aun pensando en cómo habíamos llegado a Pompeya, bajamos del tren (de la muerte) y temblándonos las piernas nos fuimos a por los tickets. Eran las 9 de la mañana.
Todo el mundo hemos oído hablar de Pompeya, del Vesubio, de la erupción, de la gente que murió como consecuencia de la ceniza y la lava; todo lo que se excavó y se sacó a la luz es lo que vamos a ver ahora, a excepción del Burger King (o Mac Donalds, no recuerdo) que hay justo en el Centro de la excavación.
Con la entrada te entregan un plano de Pompeya dividido en Regios e Insulas, algo así como en sectores y manzanas porque el Parque Arqueológico es inmenso. Si vas por tu cuenta (sin guía) has de tenerlo bien claro para no ir perdido, y aun así te pierdes. Es preferible elegir entre las ocho o diez visitas más interesantes y verlas bien vistas, que querer abarcar todos y cada uno de los lugares señalados en el plano. Pero bien, cada uno sabe de sus limitaciones. Algunos conocedores de la historia de Pompeya hablan de que se necesitan días para ver en profundidad las ruinas, otros hablan que es necesario todo un día, pero nosotros los turistas tenemos que verla en menos tiempo. Nosotros invertimos cinco horas y la verdad es que te dejas muchas cosas y das muchas vueltas, y te pierdes y tienes que descansar porque como haga calor no te cuento, y si llueve, tampoco te cuento. Así que, una mañana o una tarde es suficiente. Los estudiosos que estén el tiempo que quieran.
Todo lo que necesitas saber está en la información que te dan al entrar, pero, para resumir, Pompeya (que no se llamaba así) la fundaron Los Oscos, un pueblo del Centro de la Península itálica, que se encontraba en constante conflicto con la cada vez más floreciente ciudad de Roma. Finalmente se impuso el más organizado y poderoso. Pompeya fue asediada en el 89 a.C. por Lucio Cornelio Sila hasta que en el 80 a.C. tuvo que rendirse a la evidente superioridad de su rival. Pero cuando Pompeya se hace famosa es realmente cuando el 24 de agosto de 79 a.C. una violenta erupción del Vesubio ocultó la ciudad bajo sus cenizas, junto con otras poblaciones cercanas como Herculano, siendo emperador de Roma Tito (79-81 a.C.), hijo de Vespasiano, de la Dinastía de los Flavios.

Una ruta bastante completa del yacimiento sería iniciándola en el Foro Romano, centro de la vida social y Política de la ciudad, y el Templo de Júpiter que se encuentra anexo. Por la vía dell’Abbondanza se llega al Templo de Isis dedicado a Hércules. Cerca del foro se encuentra el Gran Teatro con capacidad para 5.000 espectadores. Tras el Teatro se halla el Cuartel de Gladiadores ordenado construir por el emperador Nerón. Las Termas Estabianas situadas en el cruce entre la Vía dell’Abbondanza y la Vía Stabiana. El lupanar, como no, la gran visitada, con sus frescos eróticos; el anfiteatro con capacidad para 12.000 espectadores y la Gran Palestra dedicado a actividades gimnásticas. Por último, no hay que perderse alguna de las casi treinta viviendas o domus que pueden ser visitadas en la actualidad: como la casa de Vetii, la del Fauno y la Villa de los Misterios. La primera de ellas con unas fabulosas pinturas murales; la segunda, una de las mansiones más lujosas de Pompeya donde destacan una pequeña figura (copia) de un fauno danzante (el original se encuentra en el Museo Arqueológico de Nápoles) y un mosaico (también copia) que recrea la batalla de Issos entre Alejandro y Darío III cuyo original también se encuentra en el Museo de Nápoles.



Y finalmente, la Villa de los Misterios llamada así porque sus pinturas murales están relacionadas con los Misterios Dionisíacos. También destaca el Thermopolium de Lucius Vetutius Placidus, es decir, el restaurante de moda de Pompeya donde acudía la élite a disfrutar de los placeres de la gastronomía de la zona, y se puede visitar también el Antiquarium o museo que contiene objetos hallados en las excavaciones así como los moldes de yeso de personas y animales fallecidos que se vieron sorprendidos por la erupción del Vesubio.
Salíamos de Pompeya a las 14 horas, es decir cinco horas de visita sin prácticamente comer ni beber nada. Tomamos el tren a Sorrento que está a unos kilómetros al sur en la península Sorrentina. Ahí buscaríamos algún sitio para comer. El trayecto en tren es muy corto. Teníamos toda a tarde para visitar Sorrento. Empezamos a pasear por sus calles sin ninguna intención de realizar ninguna visita que no fuera aquellas que nos venían de paso. Es una ciudad pequeña, señorial, que tiene una actividad comercial importante y es junto con Nápoles la que más servicios tiene. Puede ser ideal para hacer base para visitar la Costa Amalfitana y los yacimientos arqueológicos de la zona. Como era una buena hora, nos sentamos en un restaurante a comer algo de lasaña y pescado fresco. Bien.
Después de comer y de dar un paseo por el centro visitamos su catedral, que estaba abierta al público, descendimos a la zona del puerto donde se encuentran las mejores vistas para hacer unas fotos. La Marina Piccola fue para nosotros de los más bonito de la visita. Desde allí salen barcos que hacen el recorrido por la Costa Amalfitana; tiene un bonito puerto deportivo.

Poco más se puede hacer en Sorrento salvo tomar el sol, que no era el caso.
Así que, después de disfrutar de un buen helado italiano nos fuimos caminando poco a poco hacia la estación donde tomaríamos el tren que nos llevaría de vuelta a Ercolano. Había sido otro día ajetreado de tanto andar, tanto tren y tanto sacar billetes. En esta zona de Italia, al menos, la circulación ferroviaria es un poco caótica, pero si te pillan sin billete, o el billete que llevas no es el del trayecto que estás realizando porque te has equivocado al comprarlo y todo eso, y pasa el revisor, te cae multa segura.
Ya en el hotel tomamos algo y nos retiramos a la habitación. Mañana visitamos la Costa Amalfitana con nuestro coche de alquiler.