Nos levantamos temprano por el problema del aparcamiento que he comentado anteriormente, teníamos que sacar el coche para que pudieran salir los demás vehículos. Pusimos el GPS a los Lagos de Monticchio.
Los lagos se encuentran en el Parque Natural Regional de Vulture, y son dos: el Lago Grande y el Lago Pequeño situados en el cráter de un volcán que da nombre al parque. El lago pequeño es el que está más animado, en especial en verano y fechas de Semana Santa, con merenderos, bares, tiendas y juegos para niños. Pues, como en todos los parajes de montaña existen multitud de rutas para aquellos que estén interesados en realizar una jornada de senderismo.

Íbamos a disfrutar de la naturaleza y sin rumbo concreto. Cerca del Parque se encuentra las ruinas de la Abadía de San Hipólito (Sant’Ippolito) y en el Lago Pequeño se encuentra la Abadía de San Michele Arcangelo, inmensa, de paredes blancas en medio de un frondoso bosque de hayas y arces y desde el que se pueden observar unas increíbles vistas de los dos lagos. Todo el complejo consta de un convento de varios pisos, una iglesia del siglo XVIII y la capilla de San Michele.
Con esto hemos pasado la mañana.
Otro de los lugares que nos llamó la atención fue la población de Venosa, cuna del poeta latino Horacio. Sólo por eso fuimos allí. Se puede visitar la casa donde se dice que nació, sólo visible desde el exterior, y una estatua del poeta. Poco más tiene esta población aparte de un castillo, de tipo aragonés, como casi todos los del sur de Italia.

Como se acercaba la hora de comer nos tiramos a la carretera y tomamos desde Venosa la SP 10 en dirección sur para contactar con la que nos llevaría de vuelta a Potenza. Un poco antes de llegar a la localidad de Ripacandita, paramos en un bar de carretera. El aparcamiento estaba a rebosar, aun así, decidimos parar, se hacía muy tarde ya. Por suerte salía un vehículo y pudimos estacionar.
Era el típico bar de carretera, bullicioso y a la vez caótico, lleno hasta las banderas. Me hice entender con una camarera que debería ser la dueña porque no hacía más que pegar gritos a diestro y siniestro. Al final pude comunicarme con ella y por lo que entendí el menú era único, no había opción. Se trataba del restaurante-bar 4 Stagioni. Nos pusieron para comer pasta tipo boloñesa y diversos tipos de carne a la brasa, vino Aglianico de la zona, agua, cafés y Amaro. Muy bueno todo y barato. Por lo que nos pudimos enterar el bullicio provenía de una despedida por jubilación de un mando militar de la aviación italiana. Allí estaban todos elegantes, con su impecable traje azul, como si fueran a tomar la primera comunión.
Era el típico bar de carretera, bullicioso y a la vez caótico, lleno hasta las banderas. Me hice entender con una camarera que debería ser la dueña porque no hacía más que pegar gritos a diestro y siniestro. Al final pude comunicarme con ella y por lo que entendí el menú era único, no había opción. Se trataba del restaurante-bar 4 Stagioni. Nos pusieron para comer pasta tipo boloñesa y diversos tipos de carne a la brasa, vino Aglianico de la zona, agua, cafés y Amaro. Muy bueno todo y barato. Por lo que nos pudimos enterar el bullicio provenía de una despedida por jubilación de un mando militar de la aviación italiana. Allí estaban todos elegantes, con su impecable traje azul, como si fueran a tomar la primera comunión.

Después de comer continuamos por la SP 10 hasta la confluencia de la SS658 para hacer una nueva parada en la localidad de Lagopesole cerca ya de Potenza. Habíamos visto que tenía un castillo y allí que fuimos, había que ocupar el tiempo en algo. Pues eso, un castillo como muchos. Hicimos la visita de rigor y a media tarde nos volvimos a Potenza, al apartamento a descansar un poco y coger fuerzas. Nos quedaba el último vistazo a la desolada Potenza y cenar algo. Paseando dimos con una Enoteca que tenía muy buena pinta, y un señor muy atento nos recibió en un ambiente tranquilo y relajante, no había nadie. Se llama Enoteca Vintage (está en Google). Cenamos poco. Un queso blanco de la zona, de esos cremosos de untar y una ensalada de remolacha muy buena. De postre una gelatina de melón espectacular. Unos vinos, limonchelo y amaro. Un poco de conversación con el dueño y a la cama que ya eran las 11 de la noche y aún teníamos que llegar al apartamento. Mañana nos queda una buena tirada hasta Nápoles, pero con unas paradas por el camino de lo más interesantes.

