El regreso. Poca cosa hay que añadir. Nos levantamos más tarde de lo habitual y pagamos en la recepción del hotel lo que debíamos. Nos hicimos las últimas fotos en los jardines del hotel, también al Vesubio que se divisaba desde nuestra habitación, y nos dirigimos a un lavadero de coches de la zona al que le habíamos echado el ojo para lavar al compañero de cuatro ruedas que nos ha llevado a todas partes sin rechistar. El lavadero era en sí mismo un espectáculo. Un recinto lo más parecido a un taller mugriento que se caía a pedazos, pero en el que trabajaban un montón de empleados cada uno realizando una función de lavado. Unos limpiaban por fuera, otros por dentro, otros las ruedas, los espejos retrovisores y luego el secado del coche, como no, a mano claro, con bayetas de gamuza. No sé si toda esta movilización era lo normal en un día de diario o porque estaban más motivados por el coche Fiat Punto de los Carabinieri que se encontraba delante nuestro. No sé. Pero el caso que nos dejaron un coche impecable, tanto por dentro como por fuera, una maravilla.
La siguiente parada fue en una gasolinera. Llenamos el depósito como nos dijeron, y ante el temor de que nos pudiera ocurrir alguna eventualidad inesperada nos fuimos sobre las 11 de la mañana al aeropuerto para entregar el vehículo en Locauto, la casa de alquiler que elegimos. Revisaron el coche por encima y dieron el visto bueno. No vieron el pequeño golpe que llevábamos en el espejo retrovisor. La verdad es que no era para tanto.
Así que, allí en el aeropuerto nos quedamos esperando nuestro vuelo que salía a las 14’05 horas, dando vueltas por un parque hasta la hora de facturar el equipaje y embarcar. Luego salimos con retraso a las 14’25 horas. Dos horas y poco después aterrizábamos en el aeropuerto de Manises (Valencia), tomamos el metro y en menos de una hora estábamos en casa. Aun nos dio tiempo de hacer la compra.
Alojamientos. Los buscamos por Booking.com como en la mayoría de los casos. Todos los alojamientos nos parecieron correctos, sin ningún tipo de lujos, pero con lo necesario a nivel de servicios y limpieza deseados cuando se viaja. En cuando al hotel elegido en Ercolano el Miglio d’Oro Park Hotel existen opiniones y reseñas para todos los gustos. Sí que es verdad que las instalaciones están algo vetustas (todos sabemos que a los hoteles de Italia les sobran una o dos estrellas), necesitadas de una mano de pintura, pero la habitación que nos correspondió en suerte estaba limpia, con una amplia terraza con vistas al Vesubio y de unas dimensiones tipo apartamento, muy bien para el precio que tenía por noche. Si se va en verano es ideal porque tiene una buena piscina y más importante aún, aparcamiento gratuito; y si vas en invierno la verdad que el hotel lo pisas poco dado que normalmente apareces allí para descansar al finalizar el día y poco más.



Vehículo de alquiler. Claro está que para hacer este viaje es necesario el uso de un vehículo para recorrer el itinerario marcado, pero sí es cierto que, de seguir el mismo trayecto o parecido, en los días de estancia en Ercolano se podría prescindir de coche (salvo para la visita a la Costa Amalfitana que es imprescindible). La red ferroviaria no es que sea de primer orden, pero te llevan. Hay que ir con ojo con los billetes y los horarios que pueden variar sin previo aviso.

Desayunos, comidas y cenas. En Italia es difícil fallar a la hora de elegir restaurante para comer o cenar, o cafetería para desayunar. Salvo excepciones se suele acertar en la elección. Existe un gran equilibrio entre la cantidad y la calidad de los productos; el servicio es correcto y profesional y los precios los hay de todos los colores, pero comer bien a base de pasta, ensaladas y pizzas no suele resultar muy caro, incluso en algunos casos os sorprenderéis para bien cuando pidáis “il conto”.


Visitas. Hasta Potenza el viaje lo realizaría de la misma manera, pero en vez de dormir dos noches en esta ciudad con poco que ver, haría noche en Matera para poderla ver de noche iluminada. También podría prescindir de Brindisi Montagna, Venosa y Lagopesole. Por otro lado, para aquellos que duden en hacer cinco noches (o las que sean) en Ercolano, por aquello de que el hotel no tiene muy buenas opiniones o por el poco atractivo de la ciudad, le dedicaría dos noches a Nápoles y tres en alguna localidad cerca de la Costa Amalfitana que bien pudieran ser Salento o Sorrento que están en las puertas de entrada de la costa. Imprescindibles: Alberobello, Matera, Paestum, y se da por hecho: Pompeya, Herculano y la subida al Vesubio.
Espero que os haya gustado este diario y os sirva en un futuro para visitar esta zona de la Italia profunda tan llena de sorpresas. Un saludo a todos lo viajeros.
Otros Diarios.
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- Respirar y saborear la Toscana. 9 días. www.losviajeros.com/ ...hp?b=17850
Próximo diario: Extremadura: Parques Naturales y Monasterios.