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Diario de un viaje a Cuba entre el 16y el 30 de mayo de 2.009Autor: Diegozmartinez Fecha creación: ⭐ Puntos: 4.6 (14 Votos) Índice del Diario: Experiencias en Cuba
01: Sábado 16 de Mayo. Santander - La Habana
02: Domingo 17 de mayo. La Habana.
03: Lunes 18 de mayo. La Habana, Miramar y Playas del Este.
04: Martes 19 de mayo. La Habana.
05: Miércoles 20 de Mayo. Varadero.
06: Jueves, 21 de Mayo. La Habana, Las Terrazas, Soroa, Candelaria y Viñales.
07: Miércoles 22 de mayo. Valle de Viñales y Cayo Jutías.
08: Sábado 23 de Mayo. Cayo Levisa.
09: Domingo, 24 de mayo. Viñales – Cienfuegos.
10: Lunes, 25 de Mayo. Cienfuegos y Trinidad.
11: Martes, 26 de Mayo. Trinidad.
12: Miércoles, 27 de Mayo. Trinidad, Cayo Sta. María, Remedios y Santa Clara.
13: Jueves, 28 de Mayo. Santa Clara, La Habana.
14: Viernes, 29 de Mayo. La Habana y vuelo de vuelta a España.
Etapas 4 a 6, total 14
De nuevo nos esperaba una jornada maratoniana por La Habana. Para no variar, madrugamos y desayunamos en casa de Hortensia. Cogimos un taxi a la puerta de la casa para ir hasta el Museo del Ron, en la Habana Vieja, siguiendo bastantes indicaciones del foro que lo recomendaban. Llegamos en diez minutos y nos piden 7 CUC por persona por entrar. Nos pareció una exageración, pero pensamos que quizás lo mereciera. Al cuarto de hora nos avisan que la visita en español comienza. Una chica que apenas tendría 18 años y que se había aprendido de memoria las cuatro frases que tenía que soltar nos conduce a través de cinco salas en las que repite cual papago lo aprendido, y en 15 minutos visita concluida. Eso sí, un detalle, la visita acaba en el bar en el que un ajetreado camarero, dormido en la barra (verídico, porque tengo hasta la foto del sujeto), te sirve un minúsculo trago de ron. Seguro que lo hicieron por nuestro bien, porque sabían la cocida que habíamos pillado el día anterior. Resumiendo, que sufrimos la mayor turistada de todo el viaje. El edificio que albergaba el museo jamás fue una fábrica de ron ni nada parecido, tal y como nos contó la guía. Tan sólo habían metido allí unos cuantos toneles de distintos tamaños, alguna máquina que otra utilizada en la elaboración del ron y medio museo lo ocupaba la tienda de souvenirs a precios astronómicos (no el ron, sino el resto de artículos) por la que inevitablemente tenías que pasar camino de la salida, algo que ya hemos sufrido en algún chiringuito de este tipo en otros países. Resumiendo, respeto las opiniones de cada uno, pero yo NO recomiendo esta visita bajo ningún concepto. Se puede aprender lo mismo consultando en cualquier buen libro o incluso en internet.
Desde allí museo nos acercamos hasta la “Plaza San Francisco de Asís”, que está apenas a cien metros, paseamos hasta la “Fortaleza de la Real Fuerza”, también muy cerca. Decidimos entrar en esta última (entrada 1 CUC). Una amable señora que estaba sola en una de las salas empezó a darnos una explicación, sin nosotros pedírsela, sobre lo que allí había, que no eran más que un par de mapas y alguna pieza encontrada en el foso que rodeaba a la muralla. Por lo menos la mujer ponía interés. Incluso se ofreció a hacernos un par de fotos en un ángulo que según ella salía no sé que luz en las fotos que sólo ella veía. Nos sorprendió su amabilidad, pero claro eso era Cuba y todo se paga, algo que ya habíamos aprendido al poner el primer pie en el aeropuerto, y la mujer ya nos empezó a pedir algo. Al final la dimos unas monedas. Continuamos el resto de la visita sin más guías amables. Las vistas desde la fortaleza son bonitas ya que al otro lado del brazo de agua de la bahía de la Habana están los Castillos de El Morro y la Cabaña. Desde aquí fuimos a visitar el “Museo de la Revolución”. La entrada cuesta 5 CUC, pero aquí sí creo que merece la pena, pues es la historia del país, siempre con una visión muy sesgada y falta de objetividad, pero al fin y al cabo, historia (se suele decir que la historia siempre la escriben los vencedores). El museo está compuesto sobre todo por documentos, fotos y bastantes objetos, y relata todos los acontecimientos que han marcado la historia de la Isla, desde los tiempos de la colonización española hasta los más recientes. Museo de la Revolución Después del museo pasamos por delante del impresionante edificio de la “Embajada española”, situado en lugar privilegiado. Se nota que no hay tanto resentimiento hacia los antiguos colonizadores, aunque alguna muestra sí que pudimos comprobar, pero ya lo contaré más adelante. Había una cola bastante larga de gente esperando turno para hacer trámites para obtener la nacionalidad española. Eran ya las dos de la tarde y el hambre apretaba así que repetimos en el restaurante Hanoi porque la cena del día anterior nos había gustado. Después de comer decidimos coger un taxi para ir hasta las “Fortalezas de El Morro y la Cabaña”, que están situadas una seguida de la otra. Para llegar hasta allí hay que cruzar uno de los túneles que discurren por debajo de la bahía. Buscamos un taxi y por un par de CUC nos acercó hasta allí. Caminamos dando un paseo hasta la entrada de El Morro. En la puerta nos piden 5 CUC por persona por ver los restos de una muralla. Nos conformamos con verlo por fuera. Vamos paseando hasta la otra fortaleza, la Cabaña y tres cuartos de lo mismo. Otros 5 CUC por persona por entrar. Les contestamos lo mismo. Aprovechamos para sacar unas cuantas fotos porque las vistas de la ciudad desde ese lado son espectaculares. Se ve gran parte de El Malecón y toda la Habana Vieja. Es por lo único que merece la pena la visita. Quizás el interior de las fortalezas mereciera la pena, pero nos parecía excesivo pagar 10 CUC por ver las dos cosas. Vistas del Malecón de la Habana desde la Fortaleza de El Morro Volvimos en taxi hasta el otro lado y comenzamos el paseo de “El Malecón” en sentido inverso a como le habíamos recorrido dos días antes y por el tramo que aún no habíamos pateado. Esta parte que empieza en el Castillo de la Real Fuerza, dirección Miramar es la más animada porque es donde se concentra más gente por las tardes. Además tuvimos la suerte de que el mar estaba algo picado y sacamos unas fotos espectaculares de las olas rompiendo y el agua cayendo en la calzada, todo ello con una puesta de sol preciosa. Pasamos por el “Parque Maceo”, la “Caleta de San Lázaro”, hasta el Hotel Nacional, donde hoy sí nos íbamos a tomar nuestro mojito en la terracita exterior con unas vistas de todo el Malecón espectaculares. Merece la pena pagar 4 CUC por un mojito sentado en esa terraza, de verdad. Malecón Habanero Allí entablamos conversación con dos chicas y un chico alemán, hermanos todos, que estaban también de vacaciones. Hablaban castellano perfectamente porque tenían una casa en Mallorca. Estuvimos veinte minutos compartiendo impresiones sobre los pocos días que llevábamos en el país y lo chocante que nos resultaban tantas cosas. Se hacía tarde así que esta noche optamos por cambiar de restaurante y de comida porque el arroz, frijoles, pollo y cerdo se nos hacían ya muy repetitivos y elegimos el restaurante del Hotel Habana Libre. Los precios algo más caros que en otros sitios, pero las pizzas estaban muy buenas. Etapas 4 a 6, total 14
De nuevo hoy habíamos pactado con Tony una excursión a “Varadero”. No podíamos irnos de Cuba sin haber siquiera visto de pasada el sitio y comprobar si la fama que tiene es tan merecida. Para no romper la tradición Tony llega tarde (seguro que le había salido alguna carrera por el camino y no era cuestión de despreciar un par de CUC). Se disculpa y nos dice que para compensarnos nos va a parar en un mirador camino de Varadero. Acto seguido nos empieza a contar que ha llegado tarde porque al ir a recoger a la estación de taxis el coche, no funcionaba y resulta que es que tenía roto no se qué historia del sensor del cigüeñal y que había tenido que buscar la pieza por todas partes y que le había costado 15 CUC el conseguirla tan rápido. El precio de la excursión lo habíamos dejado cerrado el día anterior y le había prometido una propina si lo hacía bien y quedábamos contentos. En cuanto empezó a contarnos la milonga de la avería le corté y le dije: “Tony, me da igual lo que te haya pasado, el coche es tuyo, no nuestro y el problema tuyo, no nuestro. El precio es el que pactamos ayer y no te vamos a dar ni un CUC más, así que no sigas por ahí”. Al principio no se lo debió de tomar muy bien porque se tiró quince minutos sin decir nada, pero después se le fue pasando. Si te dejas malear te clavan por todos sitios.
Camino de Varadero me fijé que había un montón de policía por todas partes, cosa que me asustó un poco porque pensé que si eso era así por toda la isla, no nos íbamos a salvar de alguna multa. Otra cosa que empezamos a ver todas partes fueron los famosos carteles publicitarios de Cuba, que tienen la peculiaridad de no anunciar ninguna marca comercial, sino que son todos de propaganda política sobre las virtudes del régimen y de sus dirigentes. Ejemplo de valla publicitaria A medio camino de Varadero, hicimos la parada prometida en el “Mirador de Bacunayagua”. Está situado en el mismo borde de la carretera de Varadero, a medio camino, más o menos. Desde el mirador se tiene una vista bonita del valle situado a un costado y del viaducto que hay un poco más adelante. Hacia las 12.00 llegamos a Varadero. Una cosa curiosa que nos llamó la atención fue que a la misma entrada de Varadero aparece una valla publicitaria, bien, más que publicitaria, yo diría propagandística de las bondades del régimen en la que dice literalmente, y en un tamaño de 30 x 5 m. “Todo lo que aquí se recauda es para el pueblo”. Cuanto menos, le deja a uno pensativo durante un rato. Tony, en su línea, nos iba a hacer un pequeño recorrido por Varadero, aunque a primera vista no parecía haber nada destacable, salvo la playa, pero en estas estamos cuando al pasar por delante de uno de los hoteles le hace una señal el botones y el tío pega un frenazo en seco y le pregunta qué quiere. Le dice el botones que tiene unos turistas para llevar no sé donde. Tony le responde que en diez minutos está de vuelta para aprovechar la inesperada carrera que se le había aparecido. Dicho y hecho, nos deposita en una zona de la playa por allí cerca y quedamos con él a las 16.00 para volver a la Habana. Entramos a la playa y nos sentamos en unas hamacas. No tardó ni dos minutos en aparecer un trabajador del hotel preguntándonos si estábamos alojados en el hotel, porque las hamacas eran del hotel y bla, bla, bla. Le contestamos que no, y el hombre nos empieza a decir que le da pena echarnos. Le digo que vuelva en cinco minutos que tenemos algo para él. El hombre se fue más feliz que una codorniz pensando que ya tenía su mordida del día. Cerca de donde estábamos teníamos un chiringuito bien surtido de todo tipo de bebidas. El camarero no nos dio tiempo ni a que fuéramos nosotros al chiringuito pues servicial y atento apareció rápidamente por si estábamos sedientos del viaje. Iniciamos el ritual del regateo por los cocktails y los sacamos al precio habitual de 2 CUC. En cuanto a las playas de Varadero, tan sólo podemos decir que las hemos visto mucho más bonitas en la propia isla, sin más. No tienen nada destacable, al menos a nuestro juicio. Pero aquí de nuevo en cuestión de gustos no hay nada escrito. A las seis Tony esta vez sí que estaba puntual para volver a la Habana, es más, esta vez fue a él al que le tocó esperarnos. Se conoce que no había hecho muchas carreras o que tenía prisa por regresar. Llegamos a La Habana sobre las ocho de la tarde. Etapas 4 a 6, total 14
Otro día que tocaba madrugar algo porque a las 9 teníamos que recoger el coche de alquiler en el Hotel Habana Libre. El día anterior habíamos decidido cambiar la frutabomba del desayuno de la casa por el desayuno buffet del Hotel Habana Libre. Entramos en el hotel y subimos al restaurante. Preguntamos el precio del desayuno y nos dicen que 10 CUC por persona. Algo caro, pero a la vista de los manjares que había sobre las mesas, aceptamos sin rechistar. Nos lo tomamos con calma y engullimos cómo si se fuera a acabar el mundo.
A las 9 pasamos por el mostrador de Transgaviota, en los bajos del Hotel. Nos cobraron el seguro (10 CUC diarios) y el depósito lo hacemos con una Visa (350 CUC). En cuanto al seguro creo que se equivocaron porque según ponía en todos los papeles el seguro diario de un coche medio era de 15 CUC diarios y a nosotros nos habían cobrado 10 CUC diarios, pero tampoco era cuestión de protestar, pues para una vez que parecía que se habían equivocado a nuestro favor mejor dejarlo así. Nos dan el coche, un Peugeot 307 break, con amplio maletero, justo para meter las cuatro maletas. El coche tenía 90.000 km. y parecía que había sobrevivido a varias guerras. Cuando el chico me da la hoja con el dibujo marcando las zonas donde tiene golpes veo que tiene cruces por todas partes. En cuanto a lo del depósito de gasolina, a nosotros no nos pasó como al resto de la gente que parece que obligan a pagar el depósito lleno y luego le puedes devolver sin gasolina. A nosotros nos dijeron que era el sistema tradicional, vamos que le devuelves con la misma gasolina que te lo entregaron. Pusimos rumbo a Viñales. Salir de La Habana no resultó tan complicado como pudiera parecer a primera vista. Preguntando unas cuantas veces alcanzamos la zona de Miramar, y desde ahí enlazamos con la autopista de Viñales, la cual cogimos inicialmente en sentido contrario, pero como ni hay mucho tráfico, ni es difícil cometer imprudencias, pues lo solucionamos sin problemas. Enfilamos camino de Viñales con la idea de parar en Las Terrazas. Yo iba acojonado con el tema de la policía porque el día de Varadero se veía bastante a lo largo de todo el camino, pero hoy nada que ver. Tan sólo un par de coches a la salida de La Habana y el resto del camino, muy esporádicamente algún punto de control policial, nada más. “Las Terrazas” están situadas a la altura del km. 75 de la autopista en dirección a Pinar del Río. Esto sí está señalizado. Hay que coger un desvío a mano derecha por una carretera local, recorrer unos 4 km. hasta llegar a la entrada del parque. La entrada fueron 4 CUC/persona. En la recepción del parque te dan un mapa y te explican un poco las cosas que se pueden visitar. Lo primero que hicimos fue llegar hasta la zona del antiguo secadero de tabaco, todo al aire libre. Desde allí nos dirigimos hacia el pueblo que da nombre al parque, con un embalse artificial a los pies de la ladera de la colina. Las construcciones son viviendas unifamiliares de planta baja, todas semejantes, esparcidas por las colinas que bordean el lago y con vistas a éste. También se pueden alquilar barcas para dar un paseo por el lago, cosa que no llegamos a hacer por cuestiones de tiempo. Ilustración 1Secaderos de tabaco en Las Terrazas El asentamiento de Las Terrazas fue creado con la idea de repoblar una zona deforestada y dado su éxito fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1985. El lugar irradia paz y tranquilidad. Un sitio perfecto para descansar en un entorno idílico. Dentro del pueblo se encuentra enclavado el “Hotel Moka”, un centro ecoturístico, detalle que se ve al contemplar cómo la arquitectura ha respetado los enormes árboles existentes en la zona, adaptándose el hombre (cosa un tanto anormal) a la naturaleza, y no al revés, que suele ser lo habitual en estos casos. Ilustración 2Vista de Las Terrazas Desde aquí llegamos hasta la zona de los “Baños de San Juan”, situada dentro del mismo complejo de las Terrazas, a unos 4 km. del pueblo. Esta es una zona de cascadas y pozas preciosa. No hay que pagar entrada pues está ya incluida en los 4 CUC de la entrada al parque. Cuando llegamos había bastante gente preparando sus barbacoas, pues tiene zona habilitada para ello, y bañándose. No nos íbamos a quedar sin probar el agua del río y nos pegamos un bañito muy reconfortante, pues el calor apretaba de lo lindo. Ilustración 3Vista de las Terrazas desde el Hotel Moka Continuamos camino hacia “Soroa”, esta vez retomando la autopista dirección Pilar del Rio. Soroa está a unos 95 km. de la Habana. Encontramos sin problemas el desvío y llegamos hasta el pueblo. Sobre el Orquidario habíamos leído en varios sitios que no merecía mucho la pena, así que nos dirigimos directamente hacia la cascada. Había que cruzar un puente para llegar hasta ella y un restaurante al comienzo del puente. Ya vimos allí un cartel de “cascada 3 CUC”. Nos hicimos los tontos y tiramos para adelante por sí colaba, pero nos dieron el alto y nos dijeron que teníamos que pagar. Ya estaba yo un poco cansado de que nos hicieran pagar por todo y estallé y le dije al tío que era inconcebible que te hicieran pagar por ver una cascada, que es un recurso natural que no precisa ningún tipo de mantenimiento, ni servicio. Nos dimos la vuelta y nos largamos. Desde Soroa nos dirigimos hacia “Candelaria”, una población cercana. Nuestra idea era visitar un secadero o una fábrica de tabaco. En Candelaria preguntamos y la gente nos indicó la fábrica de tabaco que había dentro del pueblo. Teníamos la sensación de que por allí no habían visto a un turista hacía bastante tiempo porque las caras de la gente eran un poema. Nos miraban como a extraterrestres. Nos dirigimos hacia ella. Allí nos dicen que para poder visitar la fábrica hay que tener concertada una visita y eso se hace desde Soroa. Mi amigo improvisa e intenta el “plan B”, es decir, lo de “resolver”, expresión con la que ya nos empezábamos a familiarizar, pero nada, ni por esas. Todavía queda gente honesta que no se vende por dinero. Frustrados por nuestras recientes experiencias partimos hacia Viñales. En la propia autopista, poco antes de desviarnos hacia Viñales y la altura del km. 134 vimos en la misma orilla derecha de la autopista un edificio con el tejado de guano, característica construcción de los secaderos de tabaco que ya empezaban a abundar por la zona. Paramos y le pedimos al hombre si nos podía enseñar el secadero. El hombre aceptó encantado. Nos dio unas magníficas explicaciones durante media hora sobre todo el proceso de elaboración del tabaco, sobre todo la parte de la siembra, recolección, secado, empaquetado, etc. Nos dijo que el secadero que estábamos viendo lo había tenido que levantar de nuevo porque los huracanes del año anterior (verano de 2.008) lo habían tirado entero. Nos relató que había tenido que pedir un préstamo de 30.000 pesos cubanos para construirlo de nuevo. Nos contó la absoluta dependencia que tienen del gobierno en cuanto a la fijación de los precios a los que les pagan el tabaco, etc. Pasamos un rato muy agradable. Cuando acabó con las explicaciones nos invitó a pasar a su casa. La mujer nos sacó un brebaje que no sé qué era pero que estaba riquísimo. El hombre nos enseñó su mayor tesoro, un Chevrolet de 1.955, impecable, que tenía guardado bajo llave en un garaje anexo a la casa. Tras esto nos ofreció comprar algún puro de los que suele tener para vender a los turistas. Rechazamos la oferta pues ninguno somos fumadores, pero sí le dimos unos CUC por el tiempo que nos había dedicado y alguna cosa que habíamos llevado desde España, como una mochila, un par de camisetas, pasta de dientes, un par de cepillos, algo de jabón y unas pinturas para el hijo pequeño que tenía el matrimonio, que el pobre estaba un poco raquítico por un problema de corazón del cual le iban a operar en breve, tal como nos dijo el padre. Nos despedimos dándoles las gracias por todo y continuamos ruta hacia Viñales. Interior de un secadero de tabaco Secadero de tabaco en Viñales Se nos estaba echando la tarde encima y teníamos aún unos kilómetros hasta llegar a nuestro destino final. A la entrada de “Viñales”, paramos a hacer unas fotos de los Mogotes desde el pequeño mirador que hay en el Centro de Visitantes situado a 2 km. del pueblo. Son impresionantes las fotos que salen de todo el valle de Viñales. Vista de Los Mogotes y el Valle de Viñales Llegamos a casa de Lucy y Bartola, que era el alojamiento que habíamos reservado desde España y al cual habíamos avisado de nuestra llegada ese mismo día antes de salir de La Habana. El pueblo de Viñales es muy pequeño, con encanto, con construcciones de planta baja, tejado plano con placa de hormigón y porches en hilera, unas pegadas a las otras, todas con sus hamacas en el porche para tomar la fresca. Cuando llegamos ya eran las 7 de la tarde así que tan sólo nos dio tiempo a pasear un rato por el pueblo. Para hacerse una idea de las dimensiones del pueblo baste con decir que todo gira en torno a una calle principal en la cual están situados los tres bares, el supermercado, un par de tiendas, la cadeca y poco más. Casi en uno de los extremos de la calle principal está la plaza del pueblo, en uno de cuyos costados se sitúa el famoso Polo Montañez, lugar típico para pasar unas veladas agradables escuchando música y actuaciones en directo. Antes de ir a dar el paseo habíamos hablado con Bartolo, el propietario de la casa para que nos preparara la cena. Ese primer día elegimos pescado a la plancha. *Un comentario sobre las comidas en las casas. En nuestra experiencia por la isla nos alojamos en un total de cuatro casas particulares y en dos de ellas escogimos comer en la propia casa por dos motivos, la confianza que te ofrece la comida y sobre todo, que la oferta en los restaurantes es la misma que en las casas, así que siempre será mejor la comida casera, preparada en el momento. Como decía, ese primer día Bartolo nos preparó de primero una ensalada, arroz moro, viandas fritas y el pescado frito. Teníamos un hambre atroz porque no habíamos comido nada desde el espectacular desayuno en el Habana Libre, así que lo devoramos todo. El pescado nos dijo que era pargo. Después de cenar apetecía mucho tomar unos mojitos sentados en las mecedoras del porche comentando las anécdotas de la jornada y preparando la jornada siguiente. En su afán, siempre interesado, por ayudar, Bartolo había contactado con “El Chino”, un hombre que se dedicaba, de manera ilegal, a realizar excursiones a caballo por el valle de Viñales, así que a las 9 de la noche ya estaba éste explicándonos en qué consistía la excursión. Se trataba de unas 4-5 horas a caballo recorriendo el valle y con la posibilidad de bañarnos en una cueva. El precio era de 20 CUC por persona. Para no perder la sana costumbre que ya teníamos enraizada, le regateamos 5 CUC y quedamos en encontrarnos al día siguiente a las 9 de la mañana. Estuvimos en las mecedoras un rato, tomamos dos mojitos cada uno, que todo hay que decirlo estaban buenísimos. Este Bartolo era un fenómeno preparándolos porque además de poner una buena dosis de ron, los hacía con hielo picado, que en ningún sitio en Cuba nos los habían preparado así, salvo en la terraza del Hotel Nacional, en la Habana. Nos ofreció un puro que mi amigo sí se fumó. Al final acabó medio mareado entre mojitos y puro. Etapas 4 a 6, total 14
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