Nos levantamos tarde, allá por las 2 ó las 3 de la tarde, y muertos de hambre nos bajamos a comer a Zagreb. En ese momento descubrimos que es cierto que es una ciudad que muere a partir del sábado a las 2 de la tarde, ¡estaba vacía! Claro, así da gusto pasear y visitar los sitios. Volvimos a comer a la calle Skalinska, ya que el día anterior nos gustó bastante.
Visitamos de nuevo el mercado de Dolac, la catedral y el funicular que sube a la parte alta de la ciudad. En la esquina, una tienda de Mango, que por cierto, gusta mucho entre las mujeres croatas.

Sobre las 7-8 de la tarde, nos fuimos a casa de los padres de mi amiga recién casada. En Croacia es típico comer y cenar la comida sobrante del banquete de boda en los días posteriores, así que nos esperaba la cena del día anterior, los dulces, etc., una cena en familia. Al menos pasear por Gradna era muy agradable (donde viven sus padres).
De vuelta en Samobor, hicimos una pequeña visita nocturna por la ciudad, en concreto la iglesia de Santa Ana (donde fue la boda) y el Ayuntamiento:

Ah, en Samobor los bares cierran bastante tarde y tienen bastante afluencia y hay un sitio abierto 24 horas donde venden pizzas buenísimas y a muy buen precio. Además, hay un dulce muy típico y que está riquísimo (se puede comprar en cualquier parte en Zagreb): los bajadera, unos bombones de chocolate y crema de avellanas.