"Para el hombre sensible e imaginativo que viva, como he vivido yo mucho tiempo, sintiendo de continuo e imaginando, el mundo y los objetos son en cierto modo dobles. Verá con los ojos una torre, un campo; oirá con los oídos un sonido de campana; y al mismo tiempo, con la imaginación verá otra torre, otro campo, oirá otro sonido. En este segundo género de objetos está todo lo hermoso y placentero de las cosas."
GIACOMO LEOPARDI (1828)
¿Sabías que el nombre de Venecia podría provenir del latín veni etiam, “Venid otra vez”? La cosa dataría de los tiempos en que los habitantes de la Terra Ferma usaban estos islotes pantanosos como refugio temporal ante las incursiones bárbaras. Me encontré con tan sugestiva teoría preparando este viaje que, por las cosas de la vida, algo tuvo para mí de refugio temporal. ¿Me acompañas?

Para un reencuentro en solitario con Venecia me permito arriesgar un poco. Empezando por la época: una prometedora luna llena de noviembre cuando el agua sube y la marea humana baja. Incluso si fuera tu primer viaje, a veces apetece salir un poco de ruta ¿No? Escapar de las multitudes no es difícil en la ciudad del doble laberinto, acuático y terrestre. Venecia está llena de puertas traseras. Afina la percepción. Lo extraordinario puede estar en cualquier parte. Tal vez sólo lo veas tú.

Te cito en el Campo de Santa Marguerita, lugar sobradamente conocido en Venecia y un buen punto de partida. Es por la mañana y están los puestos de pescado. Acerquémonos a curiosear. Hay algunos especímenes de la laguna, en particular anguilas o ciertos cangrejos autóctonos. ¿Ves esa placa fijada sobre la pared? Muestra las medidas que debían tener los ejemplares a la venta. Salgamos luego por la Calle del Forno. Conduce a un río relativamente largo que va cambiando de nombre como es habitual en esta ciudad que es singular y es múltiple. Así tenemos no menos de una veintena de calles “del forno”, muchas de las cuales recibirán algún otro nombre, compartido a su vez con otras ruas, salizadas, cortes, sottoportegos…

De momento nuestro río toma nombre del vecino campo que acabamos de dejar atrás. Se agradece tener por delante una larga fondamenta para pasear despreocupadamente. Mientras, los palazzi –como el Foscarini o el Cicogna- van dando paso a construcciones más sencillas de una Venecia marinera y obrera.
La Scuola Grande dei Carmini e iglesia adyacente podrían poner un paréntesis artístico en el camino y me dan a mi pie para contarte algo acerca de las Scuole en Venecia. Estas confraternidades de cariz filantrópico, bien laicas o religiosas, a veces constituidas en torno a un oficio, a veces por comunidad extranjera, asistían material y espiritualmente a sus miembros y a los necesitados. Las scuole grande en particular revestían carácter religioso y estaban bajo la advocación de un santo patrón. En algunos casos eran favorecidas por miembros del patriciado, llegando a reunir un notable patrimonio que les permitía embellecerse con magníficas obras de arte y aumentar su prestigio. La de San Rocco con sus Tintorettos es buen exponente de ello. Caridad que, bien entendida, empieza por lo propio, gusto por lo bello y una pizca de vanidad en estas instituciones tan venecianas.
El Collego Armenio evoca una de las múltiples nacionalidades que encontraron asiento en esta isla cuyo nombre es una llamada y una acogida. El collego se ubica en un palacete de un barroco contenido y nombre sonoro –Palazzo Zenobio- y mantiene su función docente orientada a estudiantes armenios. Más adelante visitaremos, si quieres, otro asentamiento de esta comunidad: la isla de San Lázaro.

En la Fondamenta, llamada en este tramo Briati, se abre el Sottoportego dei Guardiani y, al otro lado, un campiello con su pozo y las paredes salpicadas de páteras y fragmentos arquitectónicos, como este que ilustra el momento en que la cigüeña de la fábula se desquita astutamente de la zorra que, ya se sabe, en los cuentos siempre era una taimada de mucho cuidado y acababa trasquilada. Venecia es fabuladora y te narrará historias a través de decenas de estos relieves de gusto medieval-bizantino. Con su carga simbólica invitan a imaginar leyendas, a descifrar enigmas.

Como unos venecianos más de la isla-refugio, nos confundimos con la gente que empuja carros de la compra y calza botas de goma. La fondamenta se va quedando solitaria en la raya con la que fuera una Venecia industrial y arrabalera. Al fondo se vislumbran los muros de una antigua fábrica de algodón. La joya de San Nicolò dei Mendicoli surgirá inopinadamente en este entorno. Su exterior austero y la sencillez de cuanto la rodea realzan un rico interior que no te describiré de antemano. Tienes que venir.
Ya de regreso crucemos el río que a estas alturas recibe el nombre de San Nicolò y llegaremos a la iglesia de San Angelo Raffaelle. Como boticaria, siento simpatía por este ángel cuyo nombre significa “medicina de Dios” y lo llevan mi padre y mi hijo. La vecina San Sebastiano es otra pequeña iglesia-museo que custodia varias obras de Paolo Veronese y los restos del propio artista.
Para continuar, te ofrezco varias opciones:
-Tomar desde este punto la calle Avogaria que se prolonga en la Lunga de San Barnabá hasta el campo e iglesia del mismo nombre. Cruzar el puente dei Pugni con las conocidas marcas que servían en la singular pelea reglada a puñetazos entre mozos de parroquias rivales que terminaba eventualmente con un baño en el río. (Nosotras tenemos la fama pero ellos también tienen sus misterios). El río de San Barnabá me parece de los más bonitos y desde el puente se divisa una buena perspectiva con los campaniles asomando. Si apetece un tentempié saludable, la barcaza de la fruta está ahora a mano y no es mal lugar tampoco para tomar una góndola.

-Poner rumbo a San Basegio y asomar al Canal de la Giudecca. Desde aquí cabe regresar paseando por el Zattere con vistas a la Giudecca y agradables terrazas para spritzear. Esta bendita costumbre, nacida en los tiempos de la ocupación austriaca, merece que me detenga un poco y pongamos los sentidos a viajar. ¿Te han llamado la atención esas copas llenas de un líquido rojo-rubí que los venecianos beben a cualquier hora? Vino blanco seco, agua con gas y principios amargos están en la base del spritz, ese aperitivo cuyo nombre es ya un burbujeo y para el que cada maestro tiene su receta particular. No te garantizo que te guste pero…si no lo pruebas no lo sabrás. A mi me encanta. Y ese color, cuando le alcanza un rayo de sol en una terraza del Zattere… ¡mmm!

Y si nos internamos en el Rio di San Trovaso en busca del Squero del mismo nombre, tal vez tengamos suerte y veamos afanarse al squerasolo sobre el ondulado perfil de una góndola.

-Navegar por el Canal de la Giudecca. En San Basegio hay parada de vaporetto. Me gusta particularmente este recorrido en el que las orondas siluetas de La Salutte e Il Redentore compiten por captar nuestra mirada mientras la embarcación va cambiando de orilla. Al fondo, una buena panorámica de San Giorgio Maggiore, donde el vaporetto tocará antes de enfilar San Zaccaría, deparando una vista de la Piazetta desde el agua que ni la reina de Chipre en su triunfal llegada a Venecia. Pero esa es otra historia de las miles que atesora la ciudad. Una es visual e imaginativa y no tiene dificultad alguna en sentirse como una reina a bordo de un vaporetto municipal. Mejor, incluso, que una reina en tanto que en cuanto llegue a tierra firme hará su real voluntad que le lleva esta vez a…