16 de Octubre – Entrada a Etosha, alrededores de Okaukuejo
Es increíble la cantidad de aves que se pueden ver en este viaje en Namibia y Botswana y más cuando se acerca la época de lluvias. Ese día no iba a ser menos y mientras que desayunábamos cuando salía el Sol, vinieron una bandada de hornbills para picotear las migajas de las sobras. Son los pájaros que salen en el Rey León aunque los hay de muchos tipos y diferentes colores. Es gracioso ver como se mueven y como graznan cada dos por tres, a parte de que no tienen ningún miedo en acercarse.


Dejamos atrás la granja de guepardos muy a nuestro pesar ya que al irnos volvimos a ver a los tres guepardos de la casa jugando por el jardín. Sin más dilación emprendimos rumbo hacia Etosha, había que continuar viendo animales. La carretera que va hasta Anderson’s Gate, la entrada a Etosha por Okaukuejo, está en muy buen estado y la verdad no tardamos excesivamente en llegar. Por el camino ya se veía más tráfico de 4x4 de turistas que días anteriores ya que antes nos habíamos llegado a sentir como si fuéramos de los pocos que estaban visitando el país y no era así. En esta carretera también hay que tener cuidado de los facoceros y chacales ya que era la primera vez que veíamos la señal del facocero dentro del triángulo exclamativo pero no sabíamos hasta que punto era necesaria. La cantidad de estos animales que se cruzan es abismal, no paraban de salir a un lado y otro de la carretera cada x metros junto con Dik diks y chacales. Son ellos los que están en su territorio.
En la entrada a Etosha no habríamos más de 4 coches en aquel momento. Rellenas el papeleo necesario y a dentro. A 17km a partir de esta entrada se encontraba Okaukuejo, el camping donde nos alojaríamos las próximas dos noches. Al llegar, nuevamente más papeleo más que nada para certificar las reservas. El lugar dispone también de gasolinera, un Lodge, tienda de víveres… vamos que se veía bien preparado, de hecho es una de las tres estaciones principales del parque junto con Halali y Namutoni.
*** Imagen borrada de Tinypic ***


Una vez nos indicaron lo que sería nuestra parcela salimos volando de allí para aprovechar el día al máximo. La idea era llegar a algún punto cercano a Halali, situado a la mitad de la carretera que bordea el Etosha Pan y volver al atardecer a Okaukuejo. Las carreteras de Etosha a pesar de que son de grava y piedra se encuentran en buen estado y hay infinidad de caminos que recorren todos los “Waterholes”, pequeños abrevaderos donde los animales sobretodo en época seca acuden en masa. Teniendo un mapa del parque es imposible perderse y más o menos hay señales indicadoras cada ciertos desvíos que señalan los abrevaderos y las principales estaciones. De hecho, no es necesario todoterreno para circular por allí aunque sí recomendable. Fueron los menos pero sí que vimos algún turismo.


Si ya de por sí Etosha es una planicie enorme, la zona de Okaukuejo por lo que vimos quizás sea más plana aún que Halali o Namutoni. La dinámica de ese día fue ver manadas enteras de herbívoros en general, en todos y cada uno de los abrevaderos que dominan esta zona. Entre otros animales, los que se veían en más cantidad eran oryx, springboks y cebras. A parte de estos tres también pudimos ver jirafas, ñus, impalas, alcefalos, facoceros, ardillas, avestruces, gallinas africanas, águilas pero íbamos ojo avizor por si veíamos algún felino.




Justo antes de comer divisamos a una leona descansando en la sombra al lado de un abrevadero pero por la lejanía no se le podía hacer ninguna foto digna. Estábamos seguros que en todo lo que quedaba de viaje veríamos más leones. Ya que no está permitido bajar comimos dentro del coche con vistas a uno de los waterhole. A pesar de que los campings estaban llenos es tal la inmensidad que incluso también aquí puedes disfrutar de tranquilidad.




Ya por la tarde queríamos volver al camping no muy tarde para preparar todo y poder coger un buen sitio en el waterhole del propio camping de Okaukuejo. La parcela constaba como casi siempre de pila para hacer fuego, una mesa y lo que más nos sorprendió, una luz halógena para alumbrar. Estábamos situados cerca del barracón de los lavabos y al lado teníamos un árbol con un nido de pájaros inmenso y repleto de agujeros por los que no paraban de entrar y salir pajarillos. La zona de acampada estaba bien en general, aunque había mucha gente todo estaba bastante espaciado.


Durante el rato que estuvimos cenando el cielo ya estaba en penumbra y estuvimos escuchando el rugido de los leones y como no, nuevamente a los chacales. Había cierto alboroto por aquellos alrededores. Me atrevería a decir que no hubo noche en este viaje que no se escuchase por la noche a los leones, era increíble la sensación. Al acabar nos dirigimos al waterhole para ver si veíamos algo interesante. El propio waterhole de Okaukuejo es un espectáculo en si mismo en cuanto a fauna se refiere. Es el único lugar en el mundo donde se han avistado leones devorando un rinoceronte negro y un lugar excelente para ver a estos últimos durante la noche. Si Etosha es de los mejores lugares del mundo para avistar rinocerontes, la charca de Okaukuejo se lleva la palma.

La charca está a una distancia prudencial de la valla que la separa del recinto del camping. Hay unos cuantos bancos para sentarte y disfrutar de la vista durante las 24h pero es por la noche cuando hay más afluencia de gente y cuando se pueden ver cosas más excepcionales. Los animales van entrando y saliendo como los instrumentos de una orquesta y respetando los turnos entre ellos en un silencio sepulcral. La tenue luz ayuda a que el lugar quede disimulado a la vista de los animales.

La suerte que tuvimos aquella noche fue la de ver entre otros animales a una pequeña familia de cinco rinocerontes negros. Revoloteaban alrededor del agua corriendo y bebiendo, yendo y viniendo de aquí para allá, no paraban quietos. En su compañía estaban las jirafas, asustadizas de todo y que para beber de una en una se tiraban más tiempo vigilando los alrededores que bebiendo. Los chacales se veían como algo insignificante y pequeñito al lado de las moles de cuernos. Ya a punto de irnos apareció un viejo elefante que asustó a todos y se quedó con todo el lugar para él sólo. En todo momento el silencio era la tónica y se podía oír la respiración de los animales, fue algo impresionante para nosotros.




Nos fuimos a dormir con un gran sabor de boca. El hecho de haber podido disfrutar de ver a algunos de los ejemplares de una de las especies más en peligro de extinción en frente de nuestras narices, no tuvo parangón alguno. Las ganas de ver más animales en Etosha iban en aumento y todavía teníamos dos días enteros para buscarlos.
17 de Octubre – Alrededores de Halali
Ese día despertábamos de primeras ya en Etosha y podríamos aprovechar las cruciales horas del amanecer ya dentro del parque. La pequeña experiencia que tenemos como “improvisados guías de safari” con este viaje y otro que realizamos a Kenia y Tanzania nos ha hecho seguir las directrices de los expertos a la hora de encontrar los animales. No hay que ser un iluminado para saber que los primeros y últimos rayos de Sol del día son los momentos en que la actividad de los animales es más alta y se tienen más posibilidades de avistamientos.

Ya a primera hora de la mañana los abrevaderos rebosan de vida y si hay suerte es el momento para pillar in fraganti a algún predador pegándose el festín con el manjar que haya cazado la noche anterior. Mi animal preferido es el león y ya desde el día anterior y en todos los días restantes que visitamos algún parque el objetivo era encontrar a estos animales. Para ello, contaba con la inestimable ayuda de mi novia, a la cual la naturaleza le ha dotado con un sexto sentido y una vista de águila para ver donde nadie ve. Todavía no sé como lo hace. Teníamos esperanza de encontrar alguna manada ya que por la noche no pararon de rugir por allí cerca.


Salimos de Okaukuejo saltándonos algunos waterholes ya visitados el día anterior para ahorrar tiempo y llegar pronto a los alrededores de Halali. De camino, nos sorprendió la cantidad de chacales que salían en pareja a merodear, son muy graciosos. Nada que resaltar hasta un waterhole a mitad de camino entre Okaukuejo y Halali donde tuvimos nuestra primera sorpresa del día. Nos metimos por un pequeño caminito anexo al camino principal de aquel abrevadero y a lo lejos vimos una pequeña manada de seis leonas y un macho alfa. Ya teníamos distracción para un rato y nos quedamos bastante tiempo para ver si avanzaban hacia el agua situada a unos 300 m y llena de antilopes, pero nada. Estaban tan a gusto a la sombra de un árbol que su máximo movimiento era levantarse y volverse a tumbar. Lo curioso de la escena fue el comportamiento de los herbívoros que bebían cerca, en ningún momento se iban pero estaban todo el rato atentos a ellos. Pasado un rato, una manada de unos cuarenta alcéfalos se marchó del agua y pasó cerca de los leones pero ni aún así se inmutaron, fue entonces cuando decidimos irnos para volver a ese punto pasado un tiempo.


Llegamos al camping de Halali para ir directamente a la charca del mismo nombre. A diferencia de Okaukuejo el waterhole se divisa desde un promontorio de roca que lo han habilitado con asientos, con lo cual divisas el paisaje desde una posición elevada. Era media mañana y únicamente había tres matrimonios franceses disfrutando del lugar. Fue aquí nada más llegar cuando vimos por primera vez a los kudús machos, un animal magnífico y bello que da pena pensar que su carne sea tentación de muchos. En compañía estaban sus hembras, impalas, cebras y las siempre ruidosas gallinas africanas.



Cada vez venían más y más animales ocupando toda la circunferencia de la charca bebiendo a la vez los impalas, las cebras y los kudús en perfecta armonía hasta que a lo lejos, como en la noche anterior apareció un elefante. El pobre también venía con sed y fue llegar y espantar a todo ser vivo que había antes de su irrupción. Venía seco y lleno de polvo hasta que empezó a coger agua con la trompa y a echársela encima del cuerpo.



Con el calor asfixiante que hacía repusimos fuerza en el camping de Halali, comprando un helado que nos supo como una delicatessen en aquel momento. Proseguimos el camino y en otro waterhole cercano vimos una imagen bastante curiosa. A lo lejos vimos lo que en un principio creímos que era una leona pero al ver la cola apuntando hacia arriba con la característica punta blanca nos dimos cuenta que se trataba de un leopardo merodeando por allí. Estaba lo bastante lejos como para no cazarlo bien con la cámara pero la imagen de todos los springboks vigilándolo atentamente resultó cuanto menos curiosa.



Al haber pasado un rato volvimos al punto donde habíamos visto la manada de leones anterior. Seguían allí algunas hembras en el mismo plan sin inmutarse pero el macho había marchado. Tuvimos la tentación de hacer un pequeño fuera pistas porque estaban relativamente cerca pero a parte de que no está permitido tampoco teníamos ganas de reventar una rueda con la cantidad de pedruscos que había. Seguimos disfrutando de las maravillas faunísticas de Etosha para llegar al Etosha lookout, el mirador del Etosha Pan. Desde aquí, se puede divisar la gran inmensidad de la planicie salada de color blanco dejando atrás el paisaje de sabana. Continuamos para ir tomando el camino de vuelta para llegar a ver el atardecer en la charca de Okaukuejo y probar nuevamente suerte a ver que imágenes nos deparaba la noche.




Ya en Okaukuejo disfrutamos de un baño reparador en el lodge que allí también hay. A pesar de que tú estés alojado en el camping el acceso a la piscina es libre y lo aprovechamos. Seguidamente, nos fuimos a ver el atardecer a la charca, que no tiene parangón alguno. La luz solar se torna roja y el Sol cae por el horizonte en cuestión de varios minutos. Eso añadido, a los animales que se reúnen allí a beber deja imágenes imborrables que no tienen precio.




Del amarillo al naranja, del naranja al rojo, del rojo al rosa y del rosa a la oscuridad. Tras este recorrido de colores se hizo de noche y volvimos a cenar a la parcela y a dejarlo todo listo. Más tarde ya volveríamos para ver si pasaba algo interesante y tener un momento de relax con el fresquito de la noche.



De 9 a 11 son más o menos las horas con más posibilidades en las que visitar el waterhole para posibles avistamientos de rinocerontes. Nosotros como el día anterior ya estábamos allí antes de las nueve para probar suerte. Ese segundo día tampoco hizo falta ni esperar y al llegar después de cenar ya se encontraba una pareja de rinocerontes. Es increíble ver a estos animales, son una mole enorme aunque luego veías como se metían en el agua con esa parsimonia y parecen hasta amigables.



En teoría el rinoceronte negro a parte de ser más pequeño, no tiene tanta joroba y tiene un morro en pico, mientras que el blanco es de color grisáceo a pesar de su nombre, tiene más joroba y el morro más recto. A nosotros aun así nos costó distinguir al resto de rinos que vinieron esa noche. Parecían una família al principio aunque no se mezclaban mucho y había dos en concreto que eran muy grandes, pero no nos atrevemos a vaticinar si eran blancos.



Ya bien entrada la noche dejamos a la familia regocijándose en la charca y nos fuimos a dormir. Nuevamente los rugidos de los leones se escuchaban por allí cerca haciendo de las suyas. Al día siguiente iríamos a por ellos fuese como fuese debíamos encontrarlos para cazarlos con nuestra cámara fotográfica.
18 de Octubre – Alrededores de Namutoni y salida de Etosha
Este fue nuestro último día en Etosha y uno de los que nos depararía una de las experiencias más fascinantes del viaje. Debíamos cruzar sin prisa pero sin pausa toda la carretera principal del parque para llegar hasta la zona de Namutoni, los únicos waterholes que nos quedaban por ver. Teníamos que salir del parque antes del atardecer para llegar al camping de Onguma situado justo a la izquierda de la salida.
Como siempre nos despertamos pronto para salir acompañados del amanecer y con la intención de a ver si encontrábamos algunos leones de los que habían dado la tabarra durante la noche. Tenían que estar cerca sí o sí. Cuando llevábamos pocos kilómetros desde Okaukuejo la increíble vista de águila de mi novia advirtió la presencia de movimiento en la gran planicie que se situaba a nuestra derecha. Como un resorte paramos el coche y prismáticos al canto. Efectivamente se trataba de una leona agachada en la espesura. Al ver que no se movía continuamos unos metros pero el resto debía estar cerca. De repente vi una mancha cercana a la leona y creí que se trataba de otro ejemplar pero mi novia me quitó la idea alegando que se trataba de una roca. Yo insistí y aposté a que era un macho alfa. Como si me hubiera escuchado una imponente melena se alzó del suelo y empezó a caminar. Seguidamente, detrás del rey comenzó a seguirle la hembra anterior y otra más que se alzó, y otra, y otra y otra…
Como siempre nos despertamos pronto para salir acompañados del amanecer y con la intención de a ver si encontrábamos algunos leones de los que habían dado la tabarra durante la noche. Tenían que estar cerca sí o sí. Cuando llevábamos pocos kilómetros desde Okaukuejo la increíble vista de águila de mi novia advirtió la presencia de movimiento en la gran planicie que se situaba a nuestra derecha. Como un resorte paramos el coche y prismáticos al canto. Efectivamente se trataba de una leona agachada en la espesura. Al ver que no se movía continuamos unos metros pero el resto debía estar cerca. De repente vi una mancha cercana a la leona y creí que se trataba de otro ejemplar pero mi novia me quitó la idea alegando que se trataba de una roca. Yo insistí y aposté a que era un macho alfa. Como si me hubiera escuchado una imponente melena se alzó del suelo y empezó a caminar. Seguidamente, detrás del rey comenzó a seguirle la hembra anterior y otra más que se alzó, y otra, y otra y otra…


Menudo harén tenía el rey de la sabana! Menos mal que no marchamos! Ahora tocaba parar el coche y cruzar los dedos para que se acercasen. Como por arte de magia las hembras tomaron la dirección hacia la pista en la que estábamos situados y a medida que iban avanzando hacia nosotros iban apareciendo cachorritos entre las patas de las hembras. Iban lideradas por una hembra que tenía la cara y el costado con restos de sangre seca. Habían almorzado bien. Se notaba que iban a cruzar la carretera, por tanto no había que molestarles. Todavía no sé porque motivo el macho decidió fastidiarnos aquella imagen bucólica y en vez de acompañar a la manada se fue en dirección contraria y se perdió en la espesura del bosque.




Continuaron caminando hasta llegar alrededor del coche y aquí decidieron hacer una parada técnica para posar delante de la cámara. Algún macho joven que había más curioso merodeaba olisqueando allí y allá a ver quien eran los intrusos que osaban invadir su territorio. En total entre el macho, los machos jóvenes, las hembras y los cachorros contamos 15 ejemplares que formaban una bonita estampa. Habíamos llegado al sitio justo en el momento justo. Una suerte increíble al llegar en el momento que decidieron emprender su marcha matutina. Al cabo de un rato, cruzaron la carretera y nosotros seguimos nuestro camino ya que habíamos perdido bastante tiempo y nos quedaba un largo trecho hasta la salida.





En los parques tanto de Namibia y Botswana hay caminos o sendas que se nombran en los mapas con nombres de animales por los avistamientos que en este sitio se han dado. Como ejemplo vimos Leopard Rock en Savuti o Rhino Track en Etosha. En los alrededores de Halali decidimos tomar este último para ver si teníamos suerte y veíamos otro rinoceronte en este último día. Cuando casi ya se terminaba la senda vimos de frente a un coche parado que nos hizo luces para aminorar la marcha. Justo a la derecha a no más de dos metros había un rinoceronte negro de tamaño considerable comiendo hierba apaciblemente. Ya que los habíamos visto de noche fue una grata sorpresa ver a este animal con la luz solar. Cuando terminó, pegó un respingo y se tumbó en el suelo a descansar.


De camino a Namutoni continuamos disfrutando de la misma fauna que días anteriores aunque comenzamos a ver numerosas manadas de elefantes que cruzaban delante de ti sin pudor alguno. De hecho, la mayor manada de elefantes que vimos en todo el viaje fue en un waterhole cercano a Namutoni. Incluso más grande que las numerosas manadas que hay alrededor del Chobe Riverfront.




Es fascinante verte allí tú sólo como si fueras algo más del paisaje, teniendo alrededor a estos animales campando a sus anchas y simplemente observar lo que hacen. Es bonito como forman todos alrededor de las crías para que estas jueguen tranquilamente en el agua bajo la protección de los adultos. Aquí fue la primera vez donde notamos la fuerte presión que recibes cuando un animal de tal tamaño te mira, te observa e investiga qué eres y qué haces ahí, pero nada comparado con los sustos que nos llevamos más tarde en el Chobe.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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*** Imagen borrada de Tinypic ***
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Llegamos por fin al mediodía al camping de Namutoni para de paso poner combustible y comer. Cuando me dirigía a los lavabos, vi pasar muy rápido a ran de suelo a un animal justo delante de mi pero no llegué a ver de que se trataba. Lo pude comprobar rápido cuando comenzaron a rondar por todas partes muchos de ellos, se trataba de las graciosas mangostas. En un jardincito que había en frente de la gasolinera se encontraba un grupo de unas 20 todas arremolinadas y jugando entre ellas. No eran muy asustadizas y cuando quise darme cuenta, una me estaba mordiendo la correa de la cámara.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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Poco a poco fuimos recorriendo el último rinconcito del parque para dirigirnos a nuestro camping de esa noche. El Onguma lodge está situado por un camino justo a la izquierda al salir del parque y se sitúa justo en el borde, de hecho tenía su propio waterhole para observar animales. El camping estaba bastante bien ya que a parte de lo típico disponías de una caseta para ti sólo con el lavabo y la ducha, como en el camping del Namib. Por la noche, jugábamos a descubrir con la linterna a los chacales que se acercaban furtivamente a la basura. Además, ese día nos tocó disfrutar de un manjar exquisito como son los spaghettis namibios, aderezados con una especie de escarabajos voladores que caían cada dos por tres en el plato.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Etosha nos dejó muy buen sabor de boca y fue la gran antesala para los días venideros. Con mucha suerte, nos dio la posibilidad de ver gran cantidad de animales y paisajes emblemáticos. A pesar de ser muchísimo más fácil de recorrer que los parques de Botswana pensamos que tiene un carácter único y especial con características diferentes. Hay que verlo.