
En pocos otros lugares hay noches tan misteriosas, irreales y evocadoras, como las de Venecia. La luz desvaída de las farolas, apenas penetra en las nubes de neblina suspendidas sobre el agua de los canales, pero refleja lunares sobre la superficie húmeda de los adoquines de las calles o en el agua.

La niebla, desfigura las siluetas de las sombras, degrada las luces, y amortigua los sonidos y las voces hasta convertirlas en cuchicheos. De día, Venecia es agitada y ajetreada. Los canales están despiertos y abiertos al tráfico, pero, de noche ... duermen, y el líquido verde se oscurece.

La oscuridad ofrece invisibilidad, y con ella, la posibilidad de fisgonear a través de los arcos de las ventanas, los interiores de las estancias palaciegas, o de las antiguas y señoriales casas, iluminadas por opulentas arañas de cristal.

Permite también, sentarse discretamente en un escalón o en un rincón apartado, para observar sin ser visto, escuchar ecos, o evocar, al pie de una iglesia o un palacio, que durante la noche se ha vuelto atemporal recuperando de golpe su pasado y compartiéndolo contigo, quiénes estarían pisando esas piedras hace 500 años.

Venecia es segura, muy segura, así que hay que aprovechar para fundirse en la oscuridad de esos callejones, sotoportegos, fondamentas, o rincones solitarios que, en la mayoría de otras ciudades del mundo, nos provocaría tal perturbación que, en muchos casos, ni se nos pasaría por la cabeza acercarnos y todavía menos entrar. Puro hechizo, así que a explorar.

Las dos o tres expediciones nocturnas que hicimos, tras tomar una copa de vino o un spritz en lugares con más ambiente, fueron por el área enmarcada por Santa Croce y Dorsoduro, por los alrededores del Mercado de Rialto, y por mi predilecta fondamenta Savorgnan, riba izquierda del canal de Cannaregio, hasta girar a izquierda a la altura del ponte Tre Archi en dirección a la iglesia de San Giobbe, y donde cerca te aparece una zona más obrera e inhabitual de Venecia, de viviendas populares.

Después, regresábamos por la estrecha calle della Misericordia hasta desembocar en Tio Terà Lista di Spagna, ya al lado de la Ferrovia de Santa Lucia. En cualquier caso, como dije antes, hay que aprovechar y dejarse llevar por esta ciudad de agua y piedras, hasta cualquier pedazo protegido por su manto. Vamos allá.
