Hoy habíamos quedado con la familia y los amigos para estar a las 8:00 am hora de Nueva York (14:00 pm hora de España), en la cámara que hay en Friday’s, en el cruce de la 46 con la 7th Avenida. El día anterior les habíamos mandado un correo contando las experiencias y dándoles el enlace a la página de EarthCam, así que a la hora convenida estábamos allí delante, los dos parados en la acera y saludando a una cámara que había en la pared; no sabíamos si alguien nos estaba viendo, si realmente estábamos haciendo el tonto saludando… porque a esas horas de la mañana la gente pasa por allí a trabajar, con sus capuchinos, sus maletines, y allí estábamos nosotros, dos españolitos con sus mochilas y sus cámaras de fotos saludando a una cámara colgada en la pared. Nos daba algo de corte, y tampoco es plan estarse allí un cuarto de hora, así que aguantamos como valientes 3-4 minutos y a patear, pero a los pocos segundos empiezan a llegar mensajes al móvil (el primero de mi primo, el que nos había recomendado Jersey Gardens).
- Te toy viendo...
Luego otro de mi hermana, este ya más extenso y más sentimental que el anterior, y claro, nos sentimos en la obligación de regresar a la cámara y hacer un “bis”; de nuevo saludos a la cámara, pero esta vez ya más crecidos y convencidos de que realmente estábamos saludando a alguien, no solo a una cámara.

A partir del día de hoy ya no teníamos nada contratado con ninguna agencia, así que éramos totalmente libres de ir a explorar la ciudad por nuestra cuenta, y como habíamos comprado la New York Pass por internet, teníamos que ir a Planet Hollywood a recogerla, pero no abría hasta las 10:00 am, así que consultamos el TomTom y nos dijo que la Grand Central Terminal pillaba cerca de allí. Como siempre, le hicimos caso y allá que nos fuimos, y según nos acercábamos vimos de cerca el edificio que veíamos a diario desde la ventana de nuestro piso, el Edificio Chrysler:

Llegamos a la Grand Central Terminal, que a esas horas de la mañana ya estaba repleta de gente, tanto viajeros como turistas/fotógrafos haciendo fotos en el gran hall.


Estuvimos por allí un rato, haciendo fotos, y viendo el ajetreo de una estación como esa, y nos fuimos a recoger la New York Pass; pasamos antes por la Public Library (biblioteca) pero claro, a esas horas de la mañana todavía estaba cerrada, así que aprovechamos para sentarnos en las sillas que hay delante y tomar un poco el agradable sol mañanero.
Llegamos a Planet Hollywood y como llevábamos el resguardo impreso, nos dieron sin problemas la New York Pass, ¡¡¡por fin podíamos subir a Empire State!!! ¡¡¡Y gratis…!!! Pero antes teníamos muchas cosas que hacer, como bajar a la Zona 0, Ellis Island, subir al Ferry de Staten Island… y nos fuimos al metro, donde pudimos comprobar de nuevo la amabilidad de los neoyorkinos. Ya os hemos contado lo que nos pasó en Central Park con un señor mayor, pues ahora nos pasó con un chico joven, no llegaría a los 30 años.
Estábamos en la entrada del Metro e íbamos a sacar los billetes, pero la máquina no aceptaba, en ese momento, ni billetes ni tarjeta, solo monedas, así que sacamos la cartera y allí estábamos contando las monedas para sumar $4. Todavía no conocíamos bien el valor de las monedas americanas, así que allí estábamos con los “dimes”, los “quarter”… cuando salió el chaval de la estación del metro y nos vio. No sé exactamente qué nos dijo, pero yo solo le entendí:
- Anlimitet pas.
Y al momento pasa su tarjeta por el lector y se pira escaleras arriba; ni tiempo nos dio de darle las “zenks”, nos metimos mi mujer y yo en el torno y “pa’dentro”, viaje gratis gracias a la amabilidad de un chaval al que ni agradecérselo pudimos. Así que directos a Rector Street, y nada más salir de la estación de Metro nos damos de bruces con la Trinity Church, en cuyo cementerio están enterradas personalidades del mundo de la política y las finanzas de Nueva York. Llama la atención ese cementerio tan cuidado, con ese césped, en medio de tantos edificios tan altos y tan modernos, y ver lápidas de finales de 1700.


Nos fuimos Broadway arriba y llegamos a Saint Paul’s Chapel, y una vez que ves todo lo que hay aquí, y recuerdas todo lo que hubo, todo lo que pasó, pues lo más lógico es que sueltes alguna lágrima. A la entrada hay unos paneles que cuentan todo lo que pasó el 11S, y llega un momento en que ya no puedes seguir leyendo y entras a la capilla, pero lo que hay dentro es más de lo mismo, recuerdos, recuerdos, recuerdos. Para nosotros que no vivimos esa pesadilla, es algo muy duro, así que imagino como será para los neoyorkinos, independientemente de si han perdido o no algún familiar o amigo, en la tragedia. Dentro de la Saint Paul’s Chapel no se habla; se mira, se piensa, se recuerda, se siente, se llora…


Y al salir de esta capilla te encuentras con el solar que ocuparon las Torres Gemelas, actualmente lleno de grúas, de camiones, excavadoras... Luego de un rato sacando fotos, llegamos al Winter Garden, una especie de “invernadero” con un impresionante patio interior con tiendas, restaurantes y 16 palmeras y en la que había una impresionante exposición de “impresionantes” coches; a la salida de Winter Garden, en los muelles, tiene su parada el Water Taxi, el nuevo servicio de taxis acuáticos.


Salimos a Battery Park y a esas horas estaban los bancos llenos de ejecutivos comiendo; fue una de las cosas que más nos llamó la atención y que más nos gustó, eso de llevar tu tupper con comida y sentarte en un banco, en un jardín, daba una sensación de libertad… y todo el mundo lo hacía, obreros, hombres de negocios, comida china, fruta, ensaladas, de todo. Y viendo esto, y luego de caminar tanto, qué pasa… pues que a un turista que se precie, le entra el hambre. ¿Dónde comemos? Pues en cualquier sitio que encontremos; echamos a andar y vemos la Estatua de la Libertad, ¡¡¡Qué razón tenían los que decían que les había defraudado, que era muy pequeña!!! La siguiente foto da muestras de su tamaño:

Vemos un restaurante chino con bastante gente y nos sentamos en una mesa de la terraza. Nos dan la carta… y ni palabrita de español, en chino y en inglés (lógico), cajinaaaaa… Con lo difícil que es pedir en español…. En inglés y chino no había manera de conjuntar un menú. Preguntamos a la chica si algún camarero hablaba o entendía español y la respuesta fue:
- Nou (no, en inglés).
Problemón. Le preguntamos qué era una palabra que aparecía en la carta y la tía nos dibuja un langostino en una servilleta…
- Güiz rais, plis.
- Lles, lles, güiz rais.
- En tu couks.
¡¡¡Qué mal comimos ese día…Dios mío de mi vida!!! El plato que tenía langostinos todavía se podía comer, aunque picaba a rabiar…., pero el del escalope estaba malísimo, láminas de carne con algún tipo de rebozado y todo eso mezclado con una salsa dulzona, buagggg, cada vez que lo recordamos se nos pasan las ganas de comida china. Salimos de allí sin dar propina, por supuesto, (aunque no tenían culpa, pero a alguien teníamos que echársela) y nos fuimos hacia abajo para coger el ferry de Staten Island. Pasamos por donde está la bola que había entre las Torres Gemelas.

Y como ese día hacía bastante calor, antes de subir al ferry nos fuimos en busca de un Duane Reade para comprar un protector solar, ya que el domingo anterior en Central Park ya nos habíamos quemado un poquillo. Nos metimos hacia la zona de Wall Street y por supuesto que enseguida encontramos uno, los hay en casi todas las calles de Nueva York. Aprovechamos y nos hicimos unas fotillos con el Charging Bull, momento que aprovechó mi mujer para manosear sus atributos. Nos pasamos también por la zona de la Bolsa, donde a esa hora estaba todo el mundo en los bancos y las escaleras comiendo con sus tuppers.


De aquí ya bajamos a pillar el ferry, y menuda cantidad de gente que había esperando, ya creíamos que tendríamos que esperar por el siguiente, pero estábamos equivocados. Venga entrar gente al ferry, venga entrar gente, venga entrar gente y resulta que cabíamos todos, e incluso quedó mucho sitio libre. Los taxis en Nueva York son grandes, pero los ferrys son enormes. Fotos de rigor a Miss Liberty, y al llegar a Staten Island hicimos lo que todo el mundo hace: salir del ferry por una puerta y entrar al ferry por otra puerta. Lo que llama la atención del viaje a Staten Island es la lancha guardacostas que escolta al ferry, tanto a la ida como a la vuelta; las medidas de seguridad en Estados Unidos son la leche.


Uno de los motivos por los que merece la pena coger el ferry a Staten Island, aparte de ver a Miss Liberty, es por las hermosas vistas del famoso skyline neoyorquino, y más si tienes la suerte de que haga un día estupendo, como nos sucedió a nosotros.


Cuando regresamos a Manhattan en el ferry todavía era temprano, así que decidimos ir a ver de cerca a Miss Liberty, además teníamos la New York Pass y estaba incluido el precio del billete del ferry a Ellis Island y al Museo de la Inmigración. No llegamos a subir al pedestal de la Estatua, pero sí nos gustó estar allí, a los pies de uno de los símbolos de Nueva York. Si tenéis tiempo suficiente yo creo que merece la pena acercarse una tarde y verla de cerca, pero este tema ya está muy hablado en el foro y luego cada uno es cada uno.


Uno de los lugares que más nos impactaron fue el Museo de la Inmigración. No estuvimos mucho tiempo allí, porque creo recordar que el último ferry a Nueva York salía a las 6:30 pm (no sé qué pasará si pierdes ese ferry… ¿Duermes allí? ¿Te detienen y te llevan a Nueva York en la lancha de los guardacostas…?), pero el tiempo que estuvimos en el museo te da tiempo a ver los numerosos trámites, vejaciones en algunos casos, que tuvieron que pasar las personas que hace años vinieron a América y entraron por aquí; y ahora nos quejamos de que los trámites son duros…

Y vuelta al ferry destino Nueva York. A esa hora de la tarde el skyline todavía estaba más bonito que a mediodía; los colores son más cálidos, y es la hora en que los ricos salen con sus barquitos de vela a navegar por el río Hudson, con esas vistas de los rascacielos… que envidia…


Regresamos al piso, pero antes queríamos hacer realidad uno de los sueños de todos los que vamos a Nueva York, subir al Empire State, así que provistos de nuestra recién adquirida New York Pass, entramos al edificio, le enseñamos la tarjeta al conserje y el muy cachondo nos hace gestos como de asombro:
- Oooooh, ooooooh, de Niu Llor Pass…. Oooooooohhhh. Gou for dear.
Y subimos por las escaleras mecánicas que nos señalaba. Cuando llegamos arriba, madre mía que montón de gente, que peazo de cola había allí montada, eso sí que era una “serpiente multicolor” y no la del Tour de Francia. Preguntamos a la señora que estaba allí por si los de la New York Pass teníamos que pasar por otro sitio y nos dijo que no, que teníamos que hacer cola para pasar por los arcos de seguridad; pues nada, paciencia, ya que estamos aquí habrá que esperar. Pasamos por el arco y ya no paramos donde venden los tickets; error… ya que cuando llegamos al torno para subir a los ascensores (mejor dicho, cuando llegamos al torno para hacer cola para subir a los ascensores), nos dicen que no, que tenemos que pasar igual por ventanilla a recoger los tickets, aunque no tengamos que pagar nada. Pa’tras, a la cola de sacar entradas.
Esta vez sí, hicimos otra vez cola para pillar las entradas (gratis con la New York Pass), y otra vez al torno. Cola para llegar a los ascensores, casi tenemos que hacer también cola dentro del ascensor, al salir del ascensor, para hacer fotos arriba…


Desde que entramos al hall hasta que salimos, debieron pasar 2 horas fácil (hora y media para subir y bajar, y media hora para hacer fotos), ya que para salir hay que hacer cola otra vez, pero no son colas como las que hacemos aquí en el Alcampo o en El Corte Inglés, son colas que dan vueltas y vueltas y vueltas… así que cuando llegamos al piso, nos duchamos, cenamos y esta noche tampoco hicimos la visita de todos los días a Times Square. Otro día más en la Gran Manzana.