Nuestro objetivo de hoy era visitar el mismo día Bonn y Colonia, ya que se puede hacer perfectamente. Nosotros hicimos Bonn por la mañana y Colonia por la tarde, ya que nos recomendaron ver la catedral de Colonia por la tarde para que el sol ilumine las vidrieras.
Hay que sacarse un Schoner Tag Ticket NRW en las máquinas de la estación de Dusseldorf, entrando a la derecha (se puede seleccionar idioma español). Vale 36 euros, y te da derecho a coger cualquier transporte regional durante un día completo, válido hasta para cinco personas sin pagar más (por eso recomendamos este viaje para dos parejas). Vale para todos los trenes y autobuses regionales RE (no los rápidos ICE), a coger a partir de las 9.00 para no entorpecer a los currantes. Hay muchos trenes, tres o cuatro cada hora, no os preocupéis por la vuelta porque seguro que alguno os encajará.
Tomamos un RE dirección Coblenza, con paradas intermedias en Colonia y Bonn.
La estación central de Bonn está bastante céntrica, y saliendo dirección Norte por una calle peatonal os encontraréis a unos 200 metros en una bocacalle a la izquierda la oficina de turismo. Hay folleto en español, con mapa de la ciudad y un recorrido turístico que seguimos al pie de la letra. Cuesta hacerlo unas tres horas a paso tranquilo, parando a echar un bocado. Es un paseo muy completo, pasando por la catedral, las plazas principales, la casa natal de Beethoven, el ayuntamiento, la orilla del Rin, los palacios que albergan el museo egipcio y la zona universitaria. Ciudad muy tranquila, con muchas tiendas, y que está repleta de gente joven. Consejo: no olvidéis llevar a mano siempre monedas de 50 céntimos, porque en la mayoría de las estaciones los baños van con ese importe y no aceptan otra moneda ni dan cambio. En los trenes también hay baño gratuito, y están bastante limpios.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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Volvimos a coger otro RE dirección Colonia estación central, y nada más salir te llevas una de las imágenes impactantes del viaje: la Catedral. Todo que os digan se queda corto, y a pesar de estar muy sucia es una auténtica maravilla. Se trata de uno de los monumentos más visitados de Alemania, con toda justicia, y si es bonita por fuera no os digo nada por dentro. Imprescindible. La oficina de turismo está junto a la Catedral, y tienen también un mapa en español (pagando 20 céntimos).
Bajando unas escaleras junto a la entrada están las taquillas para el billete de acceso a una de las torres. Recomendable pagar 3 euros y subir (contamos 515 escalones). Es una paliza, pero las vistas desde arriba son magníficas, y se aprecia muy bien el trabajo que lleva construir una obra de arte como esta. Aquí se me acabó la batería de la cámara de fotos, y tuve que utilizar la del móvil como alternativa (observaréis mala calidad, pero es lo que hay).
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Comimos por la orilla del Rin, auténtico eje vertebrador de toda esta zona, y siempre surcado por barcos de todo tipo. El excelente tiempo que teníamos hacía todo muy fácil, y caminando nos acercamos hasta el museo del chocolate. No entramos, pero solamente ver la tienda merece la pena: seguro que no conseguís salir de allí sin comprar algo. Enfrente hay una tienda especializada en mostaza, donde te dan a probar y puedes comprar un bote a buen precio.
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Seguid por la orilla hacia el sur y llegaréis a la zona del puerto, donde han hecho unas viviendas muy modernas que imitan grúas.
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Luego nos dedicamos a callejear por el centro, viendo iglesias, palacios y plazas que están marcadas en el mapa. Hay una calle peatonal (Hohe Strasse) repleta de gente arriba y abajo, llena de tiendas de todo tipo, y que a partir de las cinco se llena de alemanes que han terminado de trabajar y salen a pasear. Un último vistazo a la Catedral antes de volver a la estación y coger otro tren regional hacia Dusseldorf, creo recordar que eran las ocho de la tarde. Hay trenes hasta la madrugada, por lo que si os apetece y tenéis fuerzas podéis cenar en Colonia y volver después.
Ese día nos habíamos propuesto cenar en un restaurante recomendado en la guía de la ciudad: Im Schlussel ("La llave"), situado en pleno casco viejo en la calle Bolker. Lo reconoceréis por una llave verde grande en la pared del edificio. Curiosamente nos sentaron en una mesa para cuatro, pero que ya estaba ocupada por dos alemanes. Al principio no nos hizo gracia, pero luego lo agradecimos porque los alemanes llevaban unas cuantas cervezas en el cuerpo, hablaban inglés y nos hicieron de intérpretes ante el camarero. No pudieron ser más amables (especialmente un asesor fiscal llamado Andreas), nos dieron su móvil por si teníamos algún problema durante la estancia, y nos invitamos mutuamente a unos chupitos de killepisch, un licor "digestivo" con el que brindamos cordialmente. Por si os sirve de ayuda, nos pedimos una salchicha bratwurst con guarnición de puré y menestra y un plato llamado gulash (ternera guisada con ensalada), todo muy bueno y abundante. Con un plato de esos y dos o tres cervezas te quedas alimentado. Me quedé con las ganas de comer codillo (se escribe algo así como "haxe"), pero no podía más. Allí dejamos todavía a los alemanes, pidiendo más rondas, y eso que era jueves y trabajaban al día siguiente...
Volvimos caminando de vuelta al hotel para digerir la copiosa cena, bastante cansados pero con la sensación de haber aprovechado el día al máximo.