Pues el tiempo se portó regular. Es decir, nada de sol radiante, pero apenas llovió en la excursión. Antes que nada hay que decir que el Parque Nacional de Phang Nga está lejillos de Ao Nang. A los que se quedan en Phuket, les coge más cerca.
Para hacer la excursión nos dieron dos opciones (no sé si habrá alguna más): o íbamos en speed boat desde Ao Nang (que costaba una burrada) o íbamos en mini bus durante hora y media y cogíamos el long tail ya en el Parque Nacional. Escogimos la última, claro. Dentro de esta modalidad hay dos opciones: SightSeeing o Canoeing. ¡Canoeing, sin dudarlo! Luego veis por qué.
Recogida a las 8:30, y a las 10 estábamos en la bahía de Phang Nga. Tres mini buses enteritos, que nadie vaya a pensar que por estar más lejos la excursión la hacía menos gente.
El paisaje del parque nacional es muy bonito, lleno también de montañas de piedra caliza flotando sobre el mar. Cuando nos montamos en el long tail lo primero que nos dijeron fue que había cambio en el orden de las visitas por el tema de las mareas. Por lo que vimos eso es frecuente, lo habían hecho el día anterior y también lo hicieron el siguiente. Así que en vez de ir directos a la isla de James Bond, después de 20 minutos en long tail paramos en Kao Majoo y nos separaron. Los que habían cogido la visita panorámica se quedaron en el barco y los demás nos bajamos para montarnos en las canoas.
Lo mejor de la excursión para nosotros, un rato divertidísimo. En los barcos grandes te tienes que quedar a una distancia prudente de los acantilados y las rocas pero con la canoa, nos metimos en cuevas diminutas y manglares.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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El tailandés que remaba se curró la propina, nos metió por todas partes (como vio que no nos daba miedo, hubo veces que nos tumbamos del todo en la canoa para no darnos con la cabeza en las rocas, yo no sé como se apañaba para remar) y nos hizo muchas fotos.
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Como había muchas canoas al mismo tiempo a veces se formaban verdaderos atascos entrando y saliendo de las grutas.
Nos reunimos con los que se habían quedado en el barco y nos fuimos a ver la famosa roca de la playa de James Bond, Kao Tapoo. No querría ser la única que no pone en el diario que en esa playa se rodó la película “El hombre de la pistola de oro” (yo no la he visto). La roca es fotogénica y la playa bonita, pero no más que otras muchas playas por allí.
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Todavía más que la roca famosa me impresionó a mí esta otra. ¡Enorme!
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Qué rápido se pasaban las mañanas en las excursiones. Ya era hora de ir a comer. Paramos en un pueblo flotante, Koh Panyee. A nosotros nos decepcionó, la verdad. Aquello parecía un centro comercial flotante (por un momento parecía que sólo había tiendas y que el pueblo no existía). Supongo que influyó el haber visto sólo tres días antes Kompong Phluk. Lo que sí tuvo su gracia fue el campo de fútbol flotante. Poquísimos hombres en la excursión resistieron la tentación de hacerse la foto en la portería.
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Durante la comida estuvimos charlando con una parejita danesa. Muy simpáticos, nos estuvieron contando sus aventuras. Cuando nos dijeron que en Bangkok no habían podido ver los templos porque les habían dicho a la entrada que estaban cerrados, se nos cayó el alma a los pies. ¡Pero criaturillas, si ese es el timo más famoso en toda Tailandia! No les dijimos que estábamos seguros de que les habían tomado el pelo porque habían estado en Bangkok al mismo tiempo que nosotros. Total, si ya no tenía remedio la cosa, para que los íbamos a amargar.
El long tail nos llevó a donde nos esperaba el mini bus para seguir con la excursión. Lo siguiente fue el templo de Wat Suwankuha, un templo excavado en la roca. Al llegar a la entrada me llevé una alegría, aquello estaba lleno de monos. Me había quedado con penilla por no verlos ni en el bosque inundado ni en Monkey Island y al final me iba a poder vengar. Porque había monos en cantidad.
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También había puestos con plátanos y ya iba yo a comprarlos cuando vi lo que le estaban haciendo los monitos a un chico que los había comprado. Tenía el chaval tres monos subidos a la cabeza y a los hombros pegándose entre ellos por los plátanos. Y no creáis que alguno intentó distraerlos para ayudarlo, ¡qué va! Todos estábamos muertos de risa y su novia grabándolo con la cámara sin parar. La guía nos avisó, como no nos diéramos prisa, al final ni entrábamos en el templo con el cachondeo de los monos.
El Buda del templo
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No llegamos arriba del todo, con las chanclas de playa las rocas resbalaban bastante.
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La última parada era en una cascada para darnos un bañito. Nuestro gozo en un pozo, porque con las dichosas lluvias de este año había rocas y no se podía llegar a la cascada. Para cumplir con el programa nos llevaron a otra donde sí se podía llegar pero tampoco pudimos bañarnos. Por lo menos salió alguna foto simpática.
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Resumen de la excursión: nos gustó pero no vimos nada impresionante como el resto de días.
De vuelta en el hotel nos fuimos derechitos a la piscina, que vaya un día de secano.
La tarde empezó a abrir y pensamos en bajar más tarde al paseo marítimo a ver atardecer. Menos mal que tardamos en decidirlo y seguíamos en la habitación cuando de un momento a otro, así sin avisar empezó el diluvio. Habría estado feo volvernos sin ver ni una tormenta tropical. No duró más de media hora, pero vaya forma de llover. Fue justo a la misma hora que la tarde anterior íbamos a Railey en el long tail.
Con la excusa de la tormenta no nos complicamos y fuimos al Tanta a cenar otra vez. Como la terraza estaba cubierta, si volvía a llover daba igual. Era la última noche de las vacaciones, la tarde siguiente volvíamos a Bangkok después de la excursión para coger el vuelo de vuelta ¿de verdad habían pasado quince días?
Fue una suerte que todavía quedara un día de excursión, porque así no daba tanta pena. Nos despedimos de las cervezas tailandesas, del Pad Thai y de las cenas a 800 bahts, que fue lo que nos costó, para no variar. Después nos fuimos a tomarnos algo, pero yo no pedí una copa sino un batido de frutas. Creo que lo mío con el banana milk shake se podría considerar adicción.