El hotel de Chartres lo eligió la organización del viaje y el de París lo elegí yo en base a un hotel céntrico y que tuviera habitaciones espaciosas
Y llegó el día de partida. Salimos de Las Navas del Marqués el viernes por la mañana ya con las maletas casi hechas y pasamos por casa (en Madrid) para terminar de llenarlas y comprar alguna cosilla y hacer tiempo hasta el momento de ir a la estación a coger el tren.
A las 5,30 de la tarde, casi dos horas antes de la salida prevista del tren, cogí las maletas, arreé a mi marido y salimos en dirección de la estación de Atocha (yo iba con la idea de disfrutar de la sala VIP pues nuestro billete nos daba derecho a usarla) y él se pasó el camino preguntando ¿estás segura de que el tren sale de Atocha?
. Menos mal que este marido mío vale un Potosí
y agarró las maletas y a mí y nos llevó derechitos a un taxi, montamos y le cuenta al taxista lo que sucede y este nos lleva por la M-30 y a las 18,30 estábamos en Chamartín
.Bueno, aquí estamos ya subiditos al tren y en nuestro departamento. Un asiento doble, una ventanilla de la que me apropio, un respaldo que se convierte en cama por la noche y, lo mejor de todo, un baño con ducha para nosotros solitos. Y en el baño dos estuches de aseo con un montón de cosas para que nos aseemos y estemos presentables a nuestra llegada a París
. Durante el trayecto me dedico a mirar por la ventana. ¡me encanta el tren!
, veo pasar los pueblos, las estaciones y el sol se va poniendo y va cayendo la noche y entre lectura y lectura y ojeadas al paisaje va transcurriendo el tiempo casi sin darnos cuenta. El revisor pasa y nos trae unos refrescos (están incluidos) y toma nota para reservar hora para la cena (también está incluida)
. Y llegó la hora de la cena (¡qué hambre, por Dios!). Yo me esperaba una cena decentilla, al fin y al cabo estamos en un tren. Pero no, ¡qué va!, la carta era amplia, con varios primeros y varios segundos para elegir y todos ellos servidos calientes y muy bien cocinados, me asombró, no me esperaba una cena de calidad y mucho menos de esa calidad. Cenamos sobre las 10 de la noche, ya estaba todo oscuro y era una gozada ver pasar las estaciones y los pueblos, todos iluminados. Una cena muy romántica
.Y luego a dormir
como los angelitos El tren llega muy pronto a París, a la estación de Austerlitz y desde allí cogemos el metro para ir a nuestro hotel, el Mansart, en la Rue des Capuchines, junto a la Place Vendôme.
www.paris-hotel-mansart.com/es/
La zona nos encanta, muy parisina
, con mucho lujo (las mejores joyerías están en la place Vendôme) y el hotel también. Es un edificio antiguo con entrada por la rue des Capuchines, pero que hace esquina a la Place Vendôme. En recepción no hablan español pero no hay problema, mi marido habla inglés y así nos entendemos.La habitación supera con mucho mis expectativas. Había elegido una habitación superior pues quería una habitación amplia y esta tenía un tamaño superior a los 30m2. Al entrar te encontrabas con la zona de salón, con 2 balcones a la calle, aparador, escritorio, mesa de comedor, dos butacas y silla y en un rincón una alcoba con cama enorme, dos mesillas, armario y cómoda y
al fondo, la entrada al baño, un baño enorme con balcón a la calle, muy luminoso, decorado en blanco y verde claro, precioso.
Y decorada con gusto, en tonos malvas y con muebles antiguos, aunque estaban sin restaurar (me gusta restaurar muebles antiguos y me da mucha pena verlos así), pero estaban en perfecto estado de uso. Había tetera y café y té y leche y hasta chocolate que reponían cada día.
No había contratado desayuno pues eran 15€ por persona (en total 60€) y compramos un bizcocho en una tienda y desayunamos en la habitación, aprovechando el servicio de té y también aprovechamos nuestro salón para cenar en la habitación, con el consiguiente ahorro.
Y ahora voy a aprovechar para contaros una anécdota: la primera noche, de madrugada, me despiertan unos golpes en la puerta
y le dice, en inglés, que si no tiene llave que vaya a recepción que le abrirán con la llave maestra. Pero no, el hombre sigue aporreando la puerta, así que Jose llama a recepción y cuenta lo que pasa. Oímos que suben de recepción y que le abren y ¡hala, ya podemos dormir!
, pues nones, nos llama el empleado y nos dice que estemos atentos que le ha parecido muy rara la situación y que les llamemos si notamos algo “extraño”. Así que nos convertimos en cotillas titulares y nos dedicamos a escuchar con atención lo que pasa en la habitación de al lado Y Jose me va radiando la situación: que él le echa en cara a ella que no le abriera la puerta, ella contesta que estaba dormida y no había oído nada, él le cuenta lo que ha pasado, ella empieza a reírse y a reírse, él cada vez más enfadado y al final averiguamos qué ha pasado: el chico se ha despertado en mitad de la noche y se ha dirigido al baño, ha entrado y ha cerrado la puerta tras de sí, pero se ha equivocado y en vez de entrar en el baño ha salido al pasillo y se ha quedado allí en paños menores y sin llave
Como esta era nuestra tercera visita a París, decidimos hacer un viaje tranquilo y relajado, dando más importancia a pasear relajadamente que a ver muchas cosas. No me voy a extender sobre nuestro recorrido por París pues hay muchos diarios de viajes en esta ciudad y poco de nuevo voy a aportar yo.
Si comentar que visitamos la catedral de Saint Denis y la zona del Barrio Latino, amén de dar un paseo en el Batobus, que me encanta.
El objetivo principal de este diario es Chartres y su catedral y a ello voy a dedicar mi esfuerzo.


